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miércoles, 12 de agosto de 2009

Declaraciones prefabricadas

Los periodistas tienen la vocación de preguntar pero los políticos no tienen la de responder. Un funcionario experimentado suele aprovechar los cuestionamientos de la prensa para reforzar su posición en lugar de revelar los datos u opiniones que se le piden. Y aunque suele pensarse que esta habilidad es exclusiva de los experimentados o “colmilludos”, sólo requiere de frases genéricas fácilmente identificables.

Una de estas expresiones es “trabajo conjunto”. Su utilización es tan popular que en la base de noticias Google News la combinación de palabras arroja cerca de 22 mil artículos informativos. Si la declaración es sobre pobreza: “trabajo conjunto”. Si tiene que ver con inseguridad: “trabajo conjunto”. ¿Qué significa esto? Que el político elude su responsabilidad, se vacuna contra la ineficacia o simplemente tiene poco que decir.

Un ejemplo reciente: la cumbre de Líderes de América del Norte en Guadalajara. La reunión entre los presidentes de Canadá, Estados Unidos y México fue, al menos en las declaraciones públicas, totalmente infructuosa. Al final se informó que Canadá no modificaría las visas obligatorias ni Estados Unidos su política migratoria. ¿Cuáles fueron los acuerdos? ¡Continuar el trabajo conjunto!

Otra frase genérica, empleada graciosamente por políticos conscientes del pacto de impunidad que impera en el país, es la que evade fijar una postura sobre algún asunto sensible, cediéndolo a las “autoridades competentes”. Una pregunta hipotética para ejemplificar: “¿Qué opina de los presuntos abusos por parte del Ejército en la guerra contra el narcotráfico?”. La contestación de acuerdo a la fórmula sería: “Confío que el tema sea resuelto por las autoridades competentes en estricto apego a derecho”. ¿Qué autoridades?

Si el declarante conoce la instancia, ¿no debería señalarla? ¿Para qué la vaguedad? Para lavarse las manos. Como lo hizo el presidente Felipe Calderón, cuando en la conferencia de prensa con Obama y Harper habló de las denuncias por violaciones a los derechos humanos en México. El mandatario retó a que se demuestre un solo caso en que “no hayan respondido las autoridades competentes”.

El problema es que, en sentido estricto, las autoridades correspondientes no siempre son competentes. Mientras Calderón recurría a los tribunales militares en su discurso, la Suprema Corte desechaba la posibilidad de que los elementos castrenses fueran juzgados también como civiles. La protección al fuero militar fue opacada informativamente por la detención de un sujeto que habría recibido “pormenores” para atentar contra el presidente. Todo esto, el mismo día.

El cinismo de quienes se entrenan en la mentira no tiene límites. El político también puede jugar al sordo, ignorar las preguntas y protagonizar un monólogo. En esta categoría, la revelación del año es César Nava, recién estrenado dirigente del PAN.

Las respuestas prefabricadas requieren la pasividad de quien sostiene la grabadora o el micrófono y siguen colándose en los titulares por falta de información o de criterio. En la medida en que la prensa deseche este tipo de declaraciones, los protagonistas de la noticia dejarán de serlo, a menos que prueben con la honestidad o cambien de estrategia.

miércoles, 15 de abril de 2009

El evangelio de Obama

Una celebridad internacional. Eso es Barack Obama en México. Una encarnación carismática con el encanto multiplicado de Hillary Clinton, cuya cálida presencia recién distrajo a quienes razonablemente temían ser ciudadanos de un país considerado un “Estado fallido” y una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. Obama llega con opiniones favorables.

Primeras planas, horario estelar y análisis extendido. Así se reforzará la idea de una relación binacional mejorada y mutuamente conveniente. Todo esto cuando más allá de la frontera, la imagen favorecida es diametralmente opuesta: la de un país inestable y necesitado de auxilio.

Eventos mediáticos de esta naturaleza son oportunidades extraordinarias para monitorear el comportamiento de la prensa. ¿Se privilegiarán los hechos o los dichos? ¿La atención se centrará en Obama o en las reacciones a su presencia? ¿Felipe Calderón será un simple anfitrión o un mandatario con clase? En las respuestas se dibujarán los valores de los medios.

Obama, aunque cauteloso, resulta irremediablemente mesiánico. Esta cualidad conquistó a los votantes de un país que sufría la resaca moral y económica de haber entronado, ratificado y justificado al peor presidente de su historia. En México, resulta atractiva la aparente proximidad de una figura histórica y su amplio interés en nuestro país.

El evangelio de Obama depende de sus relatores. Puede calificársele como un actor o como un reformador, como un fraude prematuro o como un héroe seguro. Esta percepción será mediada por los comunicadores y periodistas, quienes elegirán los hechos destacados y las frases memorables. Quienes lo convertirán en el tema de la semana.

Un político es conocido a través de la información y los medios en su relación con él. Este caso no es la excepción. Aún más, porque ocupar la presidencia de Estados Unidos implica cierta ambivalencia que no puede ignorarse. Las opiniones, divididas por su contundencia, burbujearán en los micrófonos y en las salas de redacción.

El tema de los esfuerzos conjuntos será destacado. “Nos necesitamos, trabajemos juntos” son ideas que justificarán la interdependencia necesaria para una eventual “integración”. La idea no surge de un pesimismo delirante, sino de la insistencia en este término por parte del presidente mexicano en sus giras por la Unión Americana. “Ustedes son el capital, nosotros el trabajo“ es el mensaje.

Quienes albergan ilusiones sobre Obama, deberán esperar. Quienes lo critican también. Eso sí, las prioridades de los Estados Unidos pueden diferir de aquellas proyectadas por los medios nacionales. Los mexicanos quisiéramos pensar en reformas migratorias o en beneficios comerciales, ¿en qué pensará Obama?

sábado, 28 de febrero de 2009

Obamanía

El romance entre Barack Obama y los medios de comunicación es una relación mutuamente ventajosa. El senador de Illinois no se hubiera entronado como presidente de los Estados Unidos sin una campaña mediática de proporciones históricas y la prensa norteamericana no habría disfrutado de mayor bonanza con ningún otro aspirante.

La llamada “Obamanía” revigorizó a los medios, especialmente a los impresos, sostiene la revista Newsweek. El día de las elecciones, el New York Times imprimió 440 mil copias adicionales a su tiraje, el USA Today 380 mil y el Chicago Tribune, en la ciudad natal de Obama, colocó más de un millón de copias. Los estadounidenses agotaron los diarios y revistas que daban cuenta del acontecimiento.

Por otro lado, el político originario de Hawai logró la simpatía de la prensa y destacó por su campaña en Internet; un tema ausente en la regulación electoral mexicana. Lo que el investigador Octavio Islas llama “el inteligente empleo de los nuevos medios digitales” fue, sin duda, un factor clave del triunfo demócrata. El hombre detrás de la estrategia fue, curiosamente, un joven de 25 años: Chris Hughes, egresado de Harvard y co-fundador de Facebook.

Los discursos de Obama conmovieron a electores y reporteros por igual. La funesta presidencia de George Bush y la urgencia de un cambio –realidades aprovechadas por el marketing demócrata- provocaron que muchos periodistas se involucraran en el fenómeno. John Harris, fundador de Politico.com, escribió que los corresponsales durante la campaña debían pasar por un proceso de “desintoxicación” antes de redactar cualquier nota. Muchos, decía Harris, quedaban impresionados por la astucia política del candidato.

La “Obamanía” rompió fronteras. En México, los medios de comunicación se esforzaron por vincular a Felipe Calderón con el primer “afroamericano” en ocupar la Casa Blanca. Ni la visita del republicano John McCain a la Basílica de Guadalupe causó tanto furor periodístico como la reunión –a todas luces infructuosa pero vistosa- entre Calderón y Obama el pasado 12 de enero. El mandatario mexicano aseguró que trabajaría “codo a codo” con su homólogo estadounidense y Joaquín López-Dóriga se tomó el tiempo para señalar en su noticiero que ambos son “zurdos”. Cercanía y coincidencias forzadas.

Si Hillary Clinton hubiera sido la ungida, habría sido igualmente aclamada por la prensa. Un presidente negro resulta novedoso si está envuelto en barras y estrellas, aunque no signifique el primer triunfo de las minorías en el mundo. Latinoamérica adelantó con las mujeres y los indígenas, Michelle Bachelet en Chile y Evo Morales en Bolivia. La historia de México podría ofrecer pistas sobre el futuro político de Obama. La figura de Vicente Fox representa el caso de un candidato carismático que vendió la esperanza de un cambio y ascendió al poder impulsado, particularmente, por la televisión.

Si bien Obama ha sido prudente en la presunción de cualidades mesiánicas, no debería descartar la posibilidad de terminar su periodo ridiculizado por los mismos medios que hoy lo elogian. Sus errores, aún minúsculos, corren el riesgo de agigantarse. ¡Desventajas de la popularidad!