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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Libre pero amarrado

La liberación de Diego Fernández de Cevallos es el desenlace de un secuestro pero no el final del caso. Tras ignorar siete meses el tema, Televisa consiguió la exclusiva: Joaquín López-Dóriga salió la mañana del lunes a informar que el ex candidato presidencial estaba “débil pero fuerte”. La noticia se confirmó horas después, algo que no ocurrió en primicias anteriores, como la de El Universal, el sábado 27 de noviembre.


Según se ha publicado, fue el propio Diego quien encabezó la negociación con sus captores. El monto del rescate habría alcanzado los 30 millones de dólares, un monto superior a los 360 millones de pesos. Además de haber pactado su libertad, Diego también se encargó de los medios. Como si un grupo de expertos en comunicación de crisis lo hubiera asesorado, trazó una ruta perfecta para manipular a la prensa según sus intereses.


Primero dio imagen: se paseó en su Mercedes y saludó a las cámaras. Luego dio su primer mensaje y prometió una nota informativa. Por la noche ofreció entrevistas y al día siguiente inició las diligencias para apagar el asunto: “Salgo para saludarlos y para pedirles amigablemente que ya se vayan. ¿Se puede o no?”. En menos de 48 horas, la lucidez de la víctima de un delito que se prolongó por más de 7 meses alcanzó para diseñar una estrategia mediática exitosa.


En sus declaraciones públicas, el ex senador panista ha repetido sistemáticamente tres mensajes clave: 1) Está agradecido (su lista incluye a figuras religiosas, a la sociedad y a los periodistas). 2) No discutirá el pasado (dejó claro que no dará detalles del secuestro pues decidió “vivir para adelante”). 3) Considera innecesaria la continuación de la cobertura informativa (asegura que su secuestro es “uno más” y que los medios deberían enfocar su atención en otros temas).


El caso de Diego Fernández de Cevallos no es “uno más”, es el secuestro de todo un país. Es una prueba contundente de la vulnerabilidad de la población ante los criminales. Si uno de los hombres más poderosos e influyentes del país fue víctima, el ciudadano promedio vive en total indefensión. No es “uno más” porque logró paralizar las investigaciones, ¿desde cuándo la PGR renuncia a sus obligaciones por la petición de una familia?


Tampoco es “uno más” por la naturaleza ideológica del grupo que lo capturó. En su último comunicado, los “Misteriosos Desaparecedores” critican a la clase política y defienden la violencia como un recurso ineludible: “La violencia es constructiva cuando es rebeldía frente a la amenaza de muerte, cuando enfrenta a la muerte personificada por quienes nos someten a la miseria”. ¿Por qué olvidar que su causa fue recientemente financiada con números dignos de un final de Teletón?


Diego no puede hablar: está libre pero amarrado, y por eso se sacude a los medios. Aunque haya salido vivo, en el sentido más amplio no se trata de un final feliz. Hay demasiado en juego y muchas interrogantes en el aire. Las respuestas deberían venir de la autoridad, aunque todo parece indicar que nuevamente se apostará al olvido.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Televisa contra Proceso

Televisa se siente la mamá de todos los medios. Luego de su ofensiva contra el periódico Metro de Grupo Reforma por la publicación de contenidos eróticos y anuncios clasificados de servicios sexuales, la televisora inició otra guerra en horario estelar. Ahora el bombardeo es contra el semanario Proceso, revista que ha mantenido una postura crítica sobre la empresa de Emilio Azcárraga y el gobierno de Felipe Calderón.

Perro no come perro. La crítica de medios es posible y necesaria desde la prensa, pero siempre en forma de artículos, columnas o notas. Cualquier reportero o colaborador debería tener la libertad de evidenciar o juzgar como parte de su labor informativa o ejercicio de opinión. Lo cuestionable es que un medio adopte como postura editorial la destrucción de otro. Este acto es especialmente sucio y sospechoso cuando no se trata de la competencia directa.

Como si fuera la nota más importante del país, Televisa abrió su noticiero nocturno con las declaraciones exclusivas del narcotraficante Sergio Villareal, "El Grande", quien acusa al periodista Ricardo Ravelo de recibir sobornos de organizaciones criminales para modificar sus prioridades reporteriles. Lo sorprendente del caso es que un hombre que se presume sanguinario y despiadado, termine victimizándose por las portadas de una revista. ¡Como si el narco negociara en lugar de matar!

La televisora usó el testimonio como trampolín para impulsar un supuesto debate periodístico sobre la pertinencia de publicar versiones de testigos protegidos. Algo que Proceso ha venido haciendo desde tiempo atrás y que les permitió consignar, por ejemplo, que el presidente de la República habría tenido un encuentro con "El Grande".

El semanario dirigido por Rafael Rodríguez Castañeda, respondió a las acusaciones difundidas por Televisa. Para Proceso se trata de una ofensiva del gobierno federal a través de su brazo predilecto. En la portada del domingo pasado, aparecen Joaquín López-Dóriga y el presidente Calderón: "A sus órdenes, señor", dice el texto.

La crítica de Proceso es incómoda y el oficialismo de Televisa es natural. La televisora siempre defenderá las condiciones que le permitan continuar con su bonanza económica. Ningún medio que viva del gobierno siente la necesidad de atacarlo, a menos que éste amenace su existencia, como ocurrió en Argentina con la controversia entre la presidenta Kirchner y el Grupo Clarín.

Cualquier documento es una fuente periodística. Eso lo dice cualquier manual. Si Proceso tiene acceso a algún informe relevante o controversial, tiene el derecho de publicarlo. Tanto como la empresa de Azcárraga puede validar las extrañas declaraciones de un narcotraficante sobre un reportero. Lo que no se vale es la guerra, las ganas de destruir.

Hundir a un proyecto como Proceso es atentar contra la diversidad informativa en el país. Afortunadamente, no es una revista que se venda gracias a los comerciales en televisión, ni dejará de venderse por una campaña en su contra. La última palabra la tienen sus lectores que no son pocos, ni son tontos. Confío en que Proceso siga haciendo lo suyo, y que sus detractores descubran que nada de lo que hagan podrá impedirlo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Huesos legitimadores

Diría que los héroes nacionales se retuercen en su tumba, pero en realidad los preparan para una exhibición en Palacio Nacional. En una ceremonia con los más altos honores militares, fueron extraídos los restos de 12 caudillos insurgentes que descansaban en la base del Ángel de la Independencia. ¿A qué se debe esta ocurrencia?

El gobierno federal argumenta que algunos hombres ilustres murieron en batallas y después fueron enterrados por el enemigo. Resulta que la historia de México es corta y que la era tecnológica es aún reciente. Por lo tanto existen dudas sobre la identidad de algunos huesos que ocupaban un lugar honorífico al interior de un monumento.

Para resolver este impresionante enigma, se acude a investigadores del INAH para que estudien los restos y determinen si merecen ser expuestos al público durante un año en esta época de júbilo republicano. Y a menos que los padres de la Patria inicien una gira por las principales ciudades del país, regresarán triunfales a Paseo de la Reforma.

¡Cómo se conmueve la mexicanidad de mi espíritu! El domingo pasado fui testigo de la ceremonia casi religiosa en que los caudillos fueron trasladados hasta el Castillo de Chapultepec en 9 urnas. Las calles alrededor del Ángel estaban tomadas por militares, el acceso era difícil incluso para quienes estábamos en la lista de invitados. Cosas importantes, piensa uno.

Pese al impresionante operativo de seguridad, el presidente Felipe Calderón no se salvó de las rechiflas. Mientras leía enfáticamente un discurso alejado de la realidad, el titular del Poder Ejecutivo fue abucheado por un grupo de 20 personas que desde el público le gritaron “asesino”, “espurio” y “vende patrias”.

Ninguno de los presentes ignoró el episodio. Ocurrió al mismo tiempo que el presidente invitaba a defender nuestra “sagrada libertad”. Minutos después inició la guardia de honor, se tocó el himno nacional y los huesos fueron trasladados en vehículos militares. Ya en el Museo Nacional de Historia, los héroes patrios recibieron a Joaquín López-Dóriga, quien transmitió desde ahí su noticiero del lunes.

Reitero lo que escribí en este espacio a inicios de año: Las fiestas del bicentenario son como una borrachera sabatina: una exaltación inducida, una manifestación del despilfarro, una apuesta al olvido de las penas presentes en el recuerdo de glorias pasadas, una oportunidad para el exceso en tiempos de escasez.

Primero la televisión y luego el Ejército. Ahora Calderón se monta en los hombres ilustres con el fin de legitimarse. Un presidente de México que no será bien juzgado por la historia finge relevancia entre sus contemporáneos y habla a nombre de la Patria, como si esto último fuera posible. Pero ni rodeado de armas, cámaras y banderas logra que se olviden los huesos que sí lo comprometen.

¿Qué hay de las muertas de Juárez? ¿De los miles de ejecutados en todo el país? ¿De los 49 niños que fallecieron en la guardería ABC sin se haya ejercitado acción penal contra ninguno de los responsables a un año de la tragedia? ¡Que hable de esos muertos! Si los hombres ilustres vivieran seguro le reclamarían, aunque sus restos se presten al show.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Infamias

Mientras los mexicanos cruzaban el umbral de un fin de semana largo y se ocupaban gustosos de sus tradiciones, se gestaba desde el Poder Legislativo un alza de impuestos, un golpe más al bienestar de los “representados”.

En ese momento, los pormenores de la infamia eran conocidos por pocos, incluyendo a quienes seguimos la discusión en el Canal del Congreso. Para una inmensa mayoría, las noticias llegarían después. Quienes ignoraban el hecho confiarían nuevamente en la televisión, su medio predilecto.

Las Fiestas de Muertos habían finalizado y lo “milenario” de la tradición fue más importante que lo “inmediato” de la información. Sólo este criterio explica que el noticiero de Joaquín López-Dóriga en Televisa fuera dedicado el lunes 2 de noviembre a la “magia” y la “diversión” del folclor mexicano.

Tardíamente, llegada la hora en que las Fiestas de Muertos parecían ser el acontecimiento periodístico del día y que gran parte de la audiencia estaba (al menos) adormilada, se transmitió la crónica.

Si Televisa dijo la verdad, no hay de qué preocuparse: el debate en el Senado se redujo a una discusión entre el perredista Carlos Navarrete y el panista Gustavo Madero. No hubo controversias en San Lázaro, los diputados se veían tranquilos en sus curules. Las bancadas del PRI y el PAN no fueron acusadas de proteger intereses económicos en detrimento de la economía popular. Una maravilla, casi nada.

Todo lo contrario. La falsedad e irresponsabilidad de la información indigna tanto como el cinismo de los legisladores que salieron a decir que “pudo ser peor”. Total, los mexicanos somos cobardes y de memoria corta. ¿Quién va a exigirle al PAN la “Acción Responsable” que ofreció en campaña? ¿Quién recordará que “Primero tu economía” era un compromiso del PRI?

Es posible que la facilidad para exprimir al país con la complicidad de los medios alcance extremos insospechados. Las ambiciones de la clase política son verdaderamente inagotables. La situación imperante lo demuestra. Como si la violencia, la crisis económica y el desempleo fueran poco, parece que sólo empeorarán. ¿ “Por el bien de México”? ¿Por el bien de quien?

Un aumento en los gravámenes es indefendible. Castigar al salario y al consumo es la mejor forma de expandir la miseria en tiempos de escasez. En Alemania lo saben y hace unas semanas acordaron reducir los impuestos en 24 mil millones de euros para fomentar el crecimiento. Siguiendo las comparaciones, descubriríamos que mientras el Internet de banda ancha es un derecho constitucional en Finlandia, los legisladores mexicanos pretendían gravarlo con un 3 por ciento.

Y se excusan a través de los medios: que si para ayudar a los pobres, que si el boquete fiscal, que es un mal necesario, que el paquete fiscal es “responsable y patriota”. El engaño es evidente. El Ejecutivo federal sigue parloteando sobre austeridad mientras la Oficina de la Presidencia solicita un aumento del 98 por ciento en su gasto para 2010, según publicó ayer el periódico Reforma.

La indignación es uno de los principales motores del Periodismo, y a través de él debería expandirse. Urgen cambios de fondo. Es común escuchar que un estallido social se acerca y a menos que “las instituciones” recuperen la cordura, el augurio podría consumarse.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mercado de opiniones

En el mercado de la opiniones, todas las posturas encuentran su espacio y su crítica. Opinar es empeñar la credibilidad en defensa de una convicción que surge de un entorno marcadamente complejo; es un acto comprometedor del periodismo que decide apostar un nombre y una visión, a la incertidumbre del devenir y sus juicios. Pese a la contundencia de algunas voces autorizadas o a la cualidad refrescante de sus argumentos, sólo existen tres tipos de opiniones.

Esto, a partir de los códigos interpretativos propuestos por un teórico jamaiquino de nombre Stuart Hall. Para él, cualquier suceso tiene tres lecturas: la hegemónica, la negociada y la opositora. Esto significa que ante cualquier tema las opiniones pueden reforzar la postura dominante, cuestionar sin criticar o simplemente desacreditar. La epidemia de “influenza humana” sirve de ejemplo.

De inspiración presidencial, el mensaje central de este ejercicio de análisis será: “El gobierno mexicano actuó de forma oportuna y correcta ante la emergencia sanitaria”. La lectura hegemónica, según Hall, arrojaría argumentos a favor del enunciado. Los encontraremos, sin falta, en la televisión y en las figuras emanadas de ella.

El elegido es Joaquín López-Dóriga, quien escribió para el periódico Milenio que el presidente se asumió “al frente de la emergencia” como un jefe de gobierno que “se hace sentir”. Además, el comunicador dijo que “debe aceptar” que Felipe Calderón es avalado por las cifras, los resultados y las encuestas. Para él, esto es lógico y natural.

Vamos ahora a la postura negociada, donde caben algunas contradicciones. En este caso, quien opina comparte gran parte de la interpretación dominante, pero añade elementos propios. Opté por un texto de Macario Schettino publicado en El Universal.

Este investigador, autor de 15 libros, admite que el mundialmente célebre virus A/H1N1 es tratable con los antivirales existentes y que quizá no era para tanto. Sin embargo, señala que el gobierno desconocía inicialmente esa información y aplaude que no arriesgara al país. Schettino se queja de la prensa que ataca permanentemente al gobierno, pero tampoco pugna por defenderlo.

En ese sentido, Stuart Hall habla de la lectura opositora, aquella que entiende la opinión dominante, aunque no la comparte. El contexto de quien percibe el tema, lo coloca en una posición contraria. Viene a mi mente Julio Hernández López, columnista de La Jornada.

El autor de “Astillero” afirma que las medidas contra la epidemia fueron exageradas intencionalmente por el gobierno federal, “en función de sus necesidades de legitimación y de sus cálculos electorales y políticos”. Para Hernández López, los riesgos de la influenza fueron tardíamente detectados por una administración que “mantiene en el abandono” el curso de los asuntos públicos.

Al final, esta teoría agrega elementos de juicio a los lectores, televidentes y radioescuchas que prefieren un punto de vista sobre otro. Es también una herramienta básica para una sociedad que requiere, urgentemente, de consumir en forma cada vez más inteligente el contenido de los medios de comunicación.

sábado, 28 de febrero de 2009

Obamanía

El romance entre Barack Obama y los medios de comunicación es una relación mutuamente ventajosa. El senador de Illinois no se hubiera entronado como presidente de los Estados Unidos sin una campaña mediática de proporciones históricas y la prensa norteamericana no habría disfrutado de mayor bonanza con ningún otro aspirante.

La llamada “Obamanía” revigorizó a los medios, especialmente a los impresos, sostiene la revista Newsweek. El día de las elecciones, el New York Times imprimió 440 mil copias adicionales a su tiraje, el USA Today 380 mil y el Chicago Tribune, en la ciudad natal de Obama, colocó más de un millón de copias. Los estadounidenses agotaron los diarios y revistas que daban cuenta del acontecimiento.

Por otro lado, el político originario de Hawai logró la simpatía de la prensa y destacó por su campaña en Internet; un tema ausente en la regulación electoral mexicana. Lo que el investigador Octavio Islas llama “el inteligente empleo de los nuevos medios digitales” fue, sin duda, un factor clave del triunfo demócrata. El hombre detrás de la estrategia fue, curiosamente, un joven de 25 años: Chris Hughes, egresado de Harvard y co-fundador de Facebook.

Los discursos de Obama conmovieron a electores y reporteros por igual. La funesta presidencia de George Bush y la urgencia de un cambio –realidades aprovechadas por el marketing demócrata- provocaron que muchos periodistas se involucraran en el fenómeno. John Harris, fundador de Politico.com, escribió que los corresponsales durante la campaña debían pasar por un proceso de “desintoxicación” antes de redactar cualquier nota. Muchos, decía Harris, quedaban impresionados por la astucia política del candidato.

La “Obamanía” rompió fronteras. En México, los medios de comunicación se esforzaron por vincular a Felipe Calderón con el primer “afroamericano” en ocupar la Casa Blanca. Ni la visita del republicano John McCain a la Basílica de Guadalupe causó tanto furor periodístico como la reunión –a todas luces infructuosa pero vistosa- entre Calderón y Obama el pasado 12 de enero. El mandatario mexicano aseguró que trabajaría “codo a codo” con su homólogo estadounidense y Joaquín López-Dóriga se tomó el tiempo para señalar en su noticiero que ambos son “zurdos”. Cercanía y coincidencias forzadas.

Si Hillary Clinton hubiera sido la ungida, habría sido igualmente aclamada por la prensa. Un presidente negro resulta novedoso si está envuelto en barras y estrellas, aunque no signifique el primer triunfo de las minorías en el mundo. Latinoamérica adelantó con las mujeres y los indígenas, Michelle Bachelet en Chile y Evo Morales en Bolivia. La historia de México podría ofrecer pistas sobre el futuro político de Obama. La figura de Vicente Fox representa el caso de un candidato carismático que vendió la esperanza de un cambio y ascendió al poder impulsado, particularmente, por la televisión.

Si bien Obama ha sido prudente en la presunción de cualidades mesiánicas, no debería descartar la posibilidad de terminar su periodo ridiculizado por los mismos medios que hoy lo elogian. Sus errores, aún minúsculos, corren el riesgo de agigantarse. ¡Desventajas de la popularidad!

La violencia ignorada

Armados con una cámara y un micrófono, sin ser policías o guardias de seguridad, saldrán a trabajar todos los días con un chaleco antibalas. Son los reporteros de Televisa Monterrey que, tras el atentado a las instalaciones de su empresa, serán dotados de protección contra posibles ataques.

Lo que Joaquín López-Dóriga calificó como “un intento de acallarnos” en su noticiero del 7 de enero, se había materializado horas antes en la explosión de una granada, ráfagas de disparos y una manta que exhortaba: “Dejen de transmitir nada más a nosotros, también transmitan a los narco mandatarios”. El primer ataque a un medio de comunicación en el Estado de Nuevo León se suma a los episodios sufridos por periódicos, estaciones de radio y comunicadores en todo el país.

La violencia empleada en todos los casos obliga a ignorar el mensaje de los agresores. El diario español "El País" establece en su Libro de Estilo que acoge todas las tendencias “excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines”. Este principio ha guiado a otros medios -como El Tiempo en Colombia- que laboran en medio de una violencia constante y que, en el caso de México, se agudiza sostenidamente con el paso de los días.

Nuestro país se ubica por encima de Afganistán, Somalia y Congo en la lista de los más riesgosos para ejercer el periodismo. México ocupa el segundo lugar del ranking, Irak el primero. En este contexto, sólo la peligrosa ignorancia o la verdadera vocación pueden explicar los motivos detrás de una investigación que pudiera resultar “incómoda”.

Las principales amenazas para la libertad de expresión y de prensa son el crimen organizado y la corrupción de autoridades. La alianza entre éstas es monstruosamente peor y resulta una explicación viable para la acción retardada o ausente de las instancias que deberían investigar y resolver las rampantes agresiones contra los comunicadores.

Algunos periodistas defienden a la información sin su contexto. No importando si los mensajes provienen de grupos o individuos que justifican abiertamente su violencia. Otros han decidido ignorarlos, así lo hacía Televisa Monterrey con el tema de las “narcomantas”. La paradoja se dibuja con la aparición de algo similar en la televisora regiomontana. Pareciera, extrañamente, que ignorar a la violencia también la genera.