Una exclusiva de “El Chapo News” conmociona a Chihuahua. El último episodio de NarcoTV acusa a la ex procuradora, Patricia González, de nexos con el Cártel de Juárez. El protagonista es su hermano, secuestrado la semana pasada y colocado frente a una cámara para ser interrogado. Según la acusada, fue grabado en un cubículo de los edificios diseñados para el nuevo sistema penal. Los productores y entrevistadores son paramilitares uniformados y con armas largas.
miércoles, 27 de octubre de 2010
NarcoTV
miércoles, 23 de junio de 2010
Audioescándalos
¿Se vale decir ‘esto es ilegal pero ahí les va’? Los informadores que justificaron la difusión de audioescándalos en los últimos días se convirtieron en un instrumento más de la guerra sucia electoral. ¿Quién asegura que las grabaciones son auténticas? ¿Por qué iniciar el juicio mediático antes de comprobar su veracidad? ¿Desde cuando el periodismo se define como “la divulgación de suposiciones basadas en información de dudosa procedencia”?
Que si los gobernadores de Oaxaca y Veracruz apoyan con recursos públicos a su candidato, que si el de Puebla tuvo un amorío en los noventa. Lo primero no sorprende y lo segundo corresponde a la esfera privada. Hablar del desvío de recursos a campañas electorales es inútil si no puede comprobarse. Otorgar valor testimonial a un video anónimo en Internet es delicado. Un dicho, aunque sea verosímil, no puede presentarse como un hecho.
Lamento si mi argumentación parece una defensa de Ulises Ruiz, Fidel Herrera y Mario Marín. En realidad es un llamado a la seriedad de los medios. Preocupa la forma en que han sido manipulados y la facilidad con la que abren sus espacios a las estratagemas de los partidos políticos para descalificar a sus opositores. Si la falta de criterio y el desdén por la comprobación son la constante, la agenda periodística terminará sometida a toda clase de ocurrencias.
La reciente oleada de audioescándalos es noticia porque involucra a mandatarios estatales: seres acostumbrados a la comodidad territorial, producto del control absoluto de las instituciones y la prensa. El PRI dice que el espionaje viene del gobierno federal y con eso presume la ingenuidad de sus gobernadores. ¿De qué otro modo se entiende que anden por ahí comentando sus delitos por teléfono? ¿No deberían saber ya que todo lo que digan será usado en su contra?
El PRI le llama espionaje y no fabricación. Esa postura tampoco favorece a los suyos. En teoría, la fabricación genera un diálogo ficticio y el espionaje registra hechos reales. En todo caso, las grabaciones no tienen valor jurídico y sólo afectan a nivel de la imagen. En eso consisten las campañas negras: en enlodar al enemigo y si es posible destruirlo. Los partidos políticos saben que la renuncia o destitución de un gobernador es prácticamente imposible, pero la piden.
Si los audioescándalos no tendrán consecuencias legales, ¿qué hacen los periodistas participando en el juego? ¿Por qué llevar a los titulares lo que podría quedarse en You Tube? Porque ese es el objetivo de la guerra sucia: llamar la atención de la prensa al intercambio de descalificaciones, que no importe el fondo sino la forma.
No todo lo que puede masticarse es comida y no todo lo que está en Internet es noticia. Los consumidores de medios confiamos en su criterio para discriminar los datos, pero cada vez más nos encontramos con que la información se justifica con su simple existencia. ¿Dónde está el filtro? Las grabaciones ilegales deberían toparse con un muro de prudencia en las redacciones. Hace falta investigación, comprobación y responsabilidad.
miércoles, 17 de marzo de 2010
El precio de informarse
La gratuidad de la información en Internet tiene los días contados. En esto coincidieron los representantes de medios de comunicación internacionales que se reunieron del 9 al 11 de marzo en los Emiratos Árabes Unidos.
El periodismo de calidad es costoso y no puede regalarse. Así lo manifestaron directores y editores durante la primera Cumbre de Medios en Abu Dhabi, evento en que participaron personajes como Eric Schmidt, presidente de Google; y Rupert Murdoch, principal accionista de News Corporation.
Murdoch -quien es propietario de los periódicos The Times y The Sun en el Reino Unido, además del Wall Street Journal y el New York Post- defendió la necesidad de cobrar los contenidos de Internet.
Su hijo y presidente de la compañía, James Murdoch, habló también durante la Cumbre. Aseguró que la reproducción no autorizada de contenidos originales es un robo que no puede ser tolerado.
“Debería existir el mismo nivel de santidad que rodea a una propiedad. El contenido no es diferente. (Los consumidores) No son niños traviesos. Deben ser sancionados”, sentenció el empresario.
Una propuesta distinta fue la de AllVoices.com, un sitio de noticias que publica reportes ciudadanos. En esta plataforma cualquiera puede consultar y enviar notas desde una computadora o teléfono celular.
Y aunque su credibilidad como fuente noticiosa sea discutible, el proyecto impulsa con éxito la democratización informativa; un fenómeno percibido como una afrenta desde la lógica empresarial.
La información tiene precio. La pregunta es quién lo paga. El paradigma actual en el negocio de los medios sugiere un balance entre publicidad y suscripciones: el dinero viene de los compradores y patrocinadores.
El problema de la regulación comercial de Internet es la inercia. El usuario -acostumbrado a la navegación ilimitada y sin condiciones- difícilmente aceptará la súbita imposición de tarifas a servicios que eran gratuitos. Pese a esto, la tendencia es restrictiva.
En México, el periódico Reforma ha mantenido durante años la decisión de proteger con contraseña el acceso a su portal de noticias. El tráfico es limitado pero genera recursos. Algunos textos burlan la restricción comercial y se cuelan a los blogs.
En contraste, El Universal optó por el libre acceso. La estrategia les ha ganado una posición privilegiada en el ranking de los sitios más visitados del país. Sin embargo, la saturación publicitaria no es suficiente para financiar el proyecto.
La complejidad del tema es evidente. A falta de fórmulas garantizadas es conveniente evitar los extremos: ni la cacería promovida por individuos como Murdoch, ni un esquema que trivialice –y por lo tanto asfixie- la profesión periodística.
El reportero ciudadano es un cómplice en la tarea de informar. No obstante, la labor central corresponde a la prensa. La credibilidad cuesta porque es un trabajo de tiempo completo.
El espíritu de la era de la información parece contrario al de la rentabilidad. En el sistema económico capitalista domina el acaparamiento, una práctica imposible ante el flujo incesante de datos en la Red.
El debate debe centrarse en la calidad y no en el precio. En la sobreabundancia de “noticias”, la calidad se vuelve necesaria. Esta necesidad permitirá una comercialización amplia que surja del compromiso informativo y no de una imposición que criminaliza al usuario para obtener beneficios.
miércoles, 20 de enero de 2010
El fenómeno Twitter
El “fenómeno de mayor crecimiento en Internet”, como lo describe el New York Times, fue también el sitio donde se crearon los primeros foros de discusión y comenzó a organizarse el envío de ayuda humanitaria.
Esta red social que permite publicar y responder mensajes de 140 caracteres se consolidó en los últimos días como una referencia obligada en materia informativa, incluso para los periodistas que después reportarían desde la isla.
Así sucedió con Carlos Loret de Mola, conductor de Noticieros Televisa. Horas antes de partir hacia Haití, el comunicador pidió en Twitter que le reenviaran los mensajes transmitidos desde el lugar de los hechos y se puso en contacto con un reportero local.
Ya iniciada la cobertura, Twitter siguió con las exclusivas. Desde Haití, los enviados de medios nacionales e internacionales compartían sus vivencias al momento. Por ejemplo, Jaime Guerrero de Televisión Azteca: “casi se arma la bronca, llegaron enviados gringos a quitarnos nuestro rincon de suelo.casi hay conflicto belico! faltaba mas los despachamos”.
Twitter es la nueva herramienta de quienes otorgan valor a la información. Este grupo debería incluirnos a todos. De hecho, México supera a Francia, España e Italia en número de usuarios. La lista está encabezada por Estados Unidos y Brasil.
El portal se ha popularizado como fuente de noticias. Tanto que los medios convencionales parecieran estar de sobra. Así lo creen cinco periodistas franceses que se encerrarán en una casa de campo los primeros cinco días de febrero. El objetivo de su experimento es informarse únicamente a través de redes sociales.
Es ahí, en Internet, donde se ventilan las controversias. Sucedió a inicios de año con las declaraciones homofóbicas de Esteban Arce en su informativo matutino en Televisa. La presión y la condena de los “twitteros” fue tal que Emilio Azcárraga tuvo que intervenir.
Hace unos días, el presidente de Grupo Televisa generó polémica al comentar en Twitter que Cuauhtémoc Blanco debería jugar en la primera división del fútbol mexicano. La declaración fue publicada en medios como El Universal.com.mx
Azcárraga es sólo uno de los influyentes que se han unido al servicio. En esta categoría destacan Eric Schmidt, presidente de Google, y Bill Gates, fundador de Microsoft, quien a unas horas de abrir su cuenta ya supera los 240 mil seguidores.
La influencia de este medio preocupa a las autoridades. Ocurrió recientemente en el Distrito Federal con la evasión del alcoholímetro por parte de usuarios que eran notificados en tiempo real sobre la ubicación de los puestos de revisión. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina ahora busca sancionar lo que calificó de “tonterías”.
Yo me resistí durante meses. Hace unos días, dejando atrás mis reticencias tecnofóbicas y abandonando los argumentos en contra de lo que juzgaba como una actividad innecesaria, ingresé a Twitter.
Desde ahí, aprovecharé la necesidad periodística de cuestionar permanentemente para lanzar preguntas al ciberespacio. La primera fue: “¿Por qué alguien que, como yo, consideraba a Twitter una pérdida de tiempo termina abriendo su cuenta?”. Este texto es la respuesta.
miércoles, 6 de enero de 2010
Política: pasado y futuro
El reto es agrupar a un millón de usuarios en el transcurso un mes. El experimento inició el 22 de diciembre y la respuesta ha sido extraordinaria: casi 5 mil mexicanos se unen por día. Y aunque la meta parece lejana, el ejercicio resulta valioso por tratarse de la manifestación virtual de un descontento real, un fenómeno incipiente que –en este y otros temas- amenaza con empoderarse en los años por venir.
El debate sobre temas públicos se trasladará paulatinamente a Internet. No hay medio más idóneo para conocer, evaluar, contrastar y comentar las ideas de otros. Esa es la esencia de la política. Opinar que ‘gobierno es igual a política’ es vivir en la ignorancia o el engaño.
Hannah Arendt, gran pensadora del siglo XX, estudió exhaustivamente el modelo de la polis griega a fin de rescatar la política en su versión más pura. Descubrió que en la antigua Grecia, el sentido de esta práctica era la libertad y que sus instrumentos eran las palabras y la persuasión.
“Solamente en la libertad de conversar surge en su objetividad visible desde todos lados el mundo del que se habla. Vivir en un mundo real y hablar sobre él con otros son en el fondo lo mismo”, escribió.
En México ese ‘mundo real’ es el de millones de pobres, el de la corrupción y la impunidad, el de una crisis cuyos efectos se agravan con el aumento de impuestos, el de una guerra que ha exacerbado lo que pretendía erradicar.
Por eso es digno de atención cualquier indicio de una sociedad con capacidad de indignarse, organizarse y exigir. Un fenómeno que se presumía extinto y que desde el silencio permitía toda clase de ignominias.
El grupo que desde Facebook pugna por revocar el mandato al presidente de la República es llamativo por la diversidad y numerosidad creciente de sus miembros. La calidad de las participaciones varía: hay quienes se desahogan insultando al mandatario, quienes generan propuestas y quienes se enfrascan en debates ideológicos.
Queda el antecedente, si no se logra el consenso. Hasta ahora se ha discutido la conveniencia de iniciar marchas y plantones, de buscar espacio en los medios de comunicación, de impulsar candidaturas ciudadanas, de organizarse por estados y presionar a legisladores.
Por razones técnicas y sociales, un movimiento de este tipo era impensable hace unos años. Si, como sugiere Hannah Arendt, la política es la búsqueda de la libertad, no puede florecer en el terreno estéril de la protección a intereses particulares típica del partidismo.
Internet es la nueva plaza pública, un lugar que -como el Ágora griega- representa un espacio propicio para la discusión de ideas entre ciudadanos que, sobra decirlo, tienen derecho a imaginar un futuro distinto.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
¿Y los medios locales?
Así lo han entendido los lectores, radioescuchas y televidentes que –dejando a un lado la pasividad inherente a su postura como receptores- intentan comprender el lenguaje y las inclinaciones de cada medio. Una manifestación, por ejemplo, recibirá mayor interés de la televisión si es visualmente atractiva. Un periódico de corte político, por otro lado, encontrará relevante la protesta si algún funcionario es acusado directamente.
Y aunque la prensa reconozca en su relación con la audiencia la única razón de su existencia, a menos que su continuidad esté garantizada por fuerzas superiores, son muchos los vicios que aún aquejan a lo que también se conoce como ‘periodismo de proximidad’.
La prensa local depende excesivamente de la nota del día, es decir, de la información generada diariamente por los actores políticos y sociales. La investigación es poca o nula, generalmente por la falta de reporteros especializados o de recursos para financiar su labor. Así pues, la oferta informativa termina condicionada por el desfile matutino de declarantes que privilegia los dichos sobre los hechos y que muchas veces no es trascendente o siquiera interesante.
Se ha perdido el sentido de la exclusiva. Son pocos los medios que buscan ganar la noticia. En parte, porque no existe una competencia real entre ellos y porque los reporteros trabajan en grupo. La manifestación más clara de este error es el monstruo de grabadoras y micrófonos que suele rodear a los políticos. Ese ‘monstruo’ es inflexible y torpe por naturaleza, no permite cuestionamientos incisivos y unifica los criterios.
Esto sin contar que en México las dependencias gubernamentales suelen sembrar y patrocinar a ‘periodistas cómodos’ (en este caso el adjetivo invalida al sustantivo). No obstante, incluso sin estar coludidos, hay quienes siguen pensando que la mejor pregunta que pueden hacerle a un funcionario es “¿Qué apoyos vino a entregar?”. En este punto, ofende más el propagandismo automático del informador que el asistencialismo electorero del servidor público.
En general, los medios de comunicación han sido invadidos por los administradores. Es comprensible que una empresa busque maximizar utilidades, pero si de dinero se trata, el oficialismo no es el mejor negocio. Al contrario, esta práctica aburre a la audiencia y abre una zanja entre ésta y el medio. Depender de un grupo selecto de benefactores cierra las puertas a una comercialización amplia y somete la línea editorial a los caprichos de unos cuantos.
Ningún proyecto periodístico madura como tal si es visto como un pretexto para la consecución de otros fines. Los retos de la prensa local son numerosos e incluyen la ampliación de su alcance a través de la Red, una mayor calidad en la producción de las notas, el impulso al periodismo de investigación y una verdadera competencia entre medios. Pero, ante todo, el redescubrimiento de su función social en un entorno que exige ajustes, cambios y reformas que serían imposibles sin la solidaridad de los medios.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Ciberprotesta
En lugar de la página original, el navegador abría un mensaje firmado por hackers. Predominaban los colores negro y rojo. En la parte superior de la pantalla destacaba la imagen de una bandera mexicana con la leyenda “Viva México cabrones”. El texto hablaba a nombre del pueblo y en plural reclamaba a los “gobernantes” por su corrupción, cinismo, abuso de autoridad y demás desviaciones.
Comparto las demandas, entre ellas, el cese de la violencia y la necesidad de considerar más propuestas ciudadanas. Los autores promovieron la participación de los cibernautas, quienes también opinaron. Proliferaron los insultos a diputados, los reclamos por la pobreza, las muestras de solidaridad y la celebración de lo que alguien calificó como “sitios vulnerables”.
La expresión de inconformidades en la Red tiene un antecedente exitoso. Recientemente, a través de Twitter (y con la venia de la prensa) un movimiento social consiguió reunirse con legisladores federales y eliminar el impuesto a Internet propuesto por el Ejecutivo federal. Los intentos previos en otros asuntos habían terminado en anécdota, por ejemplo, la de 400 avatares de Second Life que se unieron a las manifestaciones contra la inseguridad en la capital del país.
Si el ciberespacio se midiera en metros cuadrados y además se escriturara, la protesta del lunes sería delictuosa. Sin embargo, la invasión momentánea de sitios de Internet parece superar los alcances de una legislatura caracterizada por su atraso y lentitud. Para estupor de las leyes mexicanas, la Red no es sólo un medio más para la comisión de delitos sino un mundo aparte que merece atención.
Omitiendo las consideraciones anteriores y aceptando que el acto ofende, es decir, desde la crítica automática y compartida, el daño no existe. La necesidad tampoco. Es tan vasta la capacidad de la Red y tan amplia su diversidad temática, que resulta innecesaria la apropiación de espacios que podrían crearse gratuita y libremente en otros dominios. No obstante, la conquista temporal y virtual que nos ocupa atribuye la visibilidad a sus métodos.
Detrás de la exigencia hay frustración, detrás de la frustración ineficacia. Aunque por su naturaleza el Estado se imponga, no puede negarse al diálogo. Si se presume en el discurso debe exigirse en los hechos. Si no, las propuestas razonadas y a veces razonables terminan ignoradas, cual cháchara minoritaria en la discusión simulada de una decisión consumada.
En lo real y en lo virtual, la sociedad buscará solucionar sus problemas, difundir prioridades. El ciclo de protestas que continúa en México -y que inaugura su faceta en línea- culminará en reformas y cambios. Si los reclamos llegan a oídos sordos, la frustración encontrará nuevos canales y tarde o temprano se convertirá en violencia. Este mal no surge sin impotencia y eso lo entiende el gobierno federal.
miércoles, 15 de julio de 2009
La Nueva Era
Quienes tenemos más de 20 años sabemos lo que era la vida sin Internet. Habrá que decirlo en voz baja para no provocar el pánico de quienes, en su adolescencia o infancia, no imaginan una existencia tan rústica. Los demás -jóvenes, adultos o ancianos- tuvimos que abordar un tren que a su paso amenazaba con la obsolescencia.
Fuimos testigos de su nacimiento y desarrollo, desde sus inicios -accesibles para pocos- hasta su total expansión; sin olvidar la época en que los discos de “instalación” se regalaban a la menor provocación o salían en las cajas de cereal. Eran tiempos del texto y del diseño simple, los portales conocidos eran pocos y tardaban minutos en descargarse. Con la línea telefónica ocupada, la brevedad era la regla.
Hoy la realidad es diferente. El ancho de banda, entendido como la cantidad de datos que puede transmitir la conexión en un periodo de tiempo dado, permite descargar películas enteras. Los códigos de programación se disfrazaron de herramientas de fácil manejo. Inició la “Web 2.0”: una nueva era en la historia de Internet.
El término atribuído a Tim O’Reilly, graduado de Harvard y creador del primer portal de America Online, implica el intercambio ágil de datos y el aumento en la interactividad de los usuarios. Así surgieron las redes sociales, los blogs y los proyectos de construcción colectiva del conocimiento como la Wikipedia.
Lejos de simplemente consumir los contenidos, los usuarios tienen el poder de crearlos, comentarlos y modificarlos. El modelo de comunicación unidireccional que apela a la pasividad de la audiencia se transformó en la coautoría irreversiblemente democrática del medio de medios.
La implicaciones son enormes. Por eso Michael Wesch, antropólogo de la Universidad de Kansas, sostiene que deberán repensarse conceptos como la identidad, el comercio, los derechos de autor y la privacidad.
Los medios de comunicación convencionales también cambiarán. La ciudadanización es inminente. La televisión lo sabe y abrió espacios para exhibir los videos y las fotografías de su audiencia. La radio conservará y ampliará su auditorio a través de la Web. Los periódicos -presuntamente en la antesala de la extinción- mantendrán su influencia si vinculan la edición impresa con su portal de Internet y si privilegian el análisis sobre las notas.
Se habla ya de la Web 3.0, de la inteligencia artificial. Lo cierto es que Internet es desde su origen un experimento colectivo. Nada está escrito y lo que viene, sin duda, es inimaginable…
miércoles, 17 de junio de 2009
Batallas en la Red
En esta elección, YouTube.com se ha convertido en la válvula de escape para los mensajes que, de otro modo, serían sancionados por el Instituto Federal Electoral. Sin embargo, el sitio de videos también es percibido como “tierra de nadie” por los ofendidos, quienes ahora insisten en la regulación.
El caso de inconformidad más reciente involucra al Partido Acción Nacional. El instituto político logró que YouTube suspendiera temporalmente el canal de videos de El Universal, medio que señaló las semejanzas entre un spot diseñado en 2006 para el Partido Socialista Obrero Español y un mensaje transmitido para apoyar la campaña del panista Fernando Elizondo rumbo a la gubernatura de Nuevo León.
Ahora se sabe que el PAN negó la queja, aunque los voceros de YouTube declararon que la sanción a El Universal por la violación de derechos de autor, surgió de la inconformidad de un remitente identificado como “Partido Acción Nacional Nuevo León”. La creatividad desbordante del PAN lo llevó a acusar al PRI de orquestar una “estratagema” para tacharlos de censores. Como si necesitaran ayuda.
Este episodio, sumado a otros memorables como el “Rata y Cursi” contra el gobernador de Veracruz, demuestra la frustración de una clase política que se lleva y no se aguanta, que se reconoce impotente ante la vastedad del Internet. No existe la instancia que dirima sus conflictos; incluso YouTube se reconoce como un “intermediario”: elimina un video y se cuelan diez más.
Este fenómeno ha sido analizado por académicos de todo el mundo. Langdon Winner, doctorado por la Universidad de California, sostiene que el carácter global de la Red es su principal atractivo para grupos e individuos de todo el espectro ideológico. Sin embargo, la diseminación amplia de mensajes, advierte el investigador, “hace más difícil el control por una agencia exterior”.
En México, los efectos políticos de la revolución tecnológica impactan en una sociedad dividida por la brecha digital. Rodrigo Araya, académico chileno, afirma que la “mala noticia” del Internet es que no llega a todos. La buena es que significa más poder para los ciudadanos e impulsa la eficiencia de las instituciones públicas. A la lista de cualidades podríamos agregar que la Red -por su naturaleza- es incontrolable.
Los esfuerzos en sentido opuesto serán inútiles o encontrarán éxitos individuales con la ayuda de un IFE solidario e intercesor, pero difícilmente sacudirán las bases de un medio de comunicación esencialmente libre. Por la limitación de su alcance, la regulación de las campañas políticas en Internet es un atraso legislativo que puede justificarse.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Cruzada por los votos
La obsolescencia de las viejas estrategias es evidente, aún más de aquellas cuyo producto final está destinado irremediablemente a convertirse en basura. Modificar el contenido de las campañas y replantear las tácticas de la retórica electoral son acciones prioritarias para motivar al ciudadano abstencionista y combatir la indiferencia rampante. La tendencia actual amenaza con restar legitimidad y aprobación a una generación de funcionarios electos por una mayoría en las urnas que -comparada con el grueso del padrón- es minoritaria en las calles.
Nunca antes en la historia de la democracia mexicana, el “factor Internet” había sido tan influyente en la conformación de la opinión pública. Contrario a las recientes hipótesis que asocian el interés de los políticos en la Web a la epidemia de influenza humana y sus restricciones sociales, este fenómeno surge naturalmente por el crecimiento exponencial en el número de usuarios.
Nadie con el mínimo conocimiento de cómo funcionan las redes sociales en Internet y los medios alternativos como los blogs, puede menospreciar su alcance. Sin embargo, este complemento no exime a los estrategas políticos de refrescar sus habilidades en la construcción de otros mensajes, como los spots televisivos que -pese a la magnitud de su impacto- resultan fútiles si reproducen esquemas desgastados.
La imagen del “hombre común”, que implica una explosión de estereotipos encarnada por actores, ha sido utilizada hasta el cansancio. Los candidatos desean mostrarse como cercanos a la gente y, al mismo tiempo, insinuar que son apoyados por diversos sectores sociales y productivos. Así veremos a los supuestos obreros, amas de casa, médicos y jóvenes cuyo respaldo a un partido político se sobreentiende por su posición frente a una cámara.
Otra argucia es la construcción de mitos cuyo propósito es coyuntural y por ende inmediato. Un ejemplo clásico es “la nueva envoltura”: el acto de presentar como novedoso a un producto sobradamente conocido. Así veremos al político estrenando cualidades y al partido renovado por la experiencia. Todo esto, en el trágico olvido de que el mismo platillo se sirvió en la elección anterior.
¿Cómo esperar que el electorado renueve ánimos si está vacunado contra mensajes que en el pasado resultaron engañosos? El verdadero reto de la política en las próximas semanas será la difusión creativa y efectiva de sus propuestas. De lo contrario, será imposible ocultar que nada ha cambiado, al menos hasta las próximas elecciones...
