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sábado, 4 de diciembre de 2010

Todo sigue igual

El rumor nocturno se volvió exclusiva en Internet y primera plana en la mañana. Seguro El Universal del sábado se vendió como pan caliente: "Diego está libre y sano: familia", proclamaba el periódico, luego de agitar al gremio periodístico con la información publicada en su portal. Sin embargo, lo que pudo ser el acierto del año terminó en desmentidos, matices y disculpas. El Universal se metió un auto-gol, le dio un golpe bajo a su credibilidad.

"EL UNIVERSAL en lo suyo, los demás no... Me honra colaborar con ese diario...", celebraba el periodista José Cárdenas a las 5 de la mañana en su cuenta de Twitter. La Jornada, Milenio y Reforma merecieron un "ZZZZZZZZZ!!!!!!" del conductor de Grupo Fórmula. ¿Cómo pasar del triunfalismo eufórico a un "Venga toda la crueldad. Me la merezco por pendejo. La acepto aunque duela"? El informador terminó flagelándose en las redes sociales para conservar su honra.

¿Qué sucedió en las primeras horas del sábado 27 de noviembre? Cada periodista tiene su historia. El director de Milenio diario, Carlos Marín, relató la suya en una columna titulada "Chamaqueada colosal". Él, como muchos otros, recibió llamadas e intercambió datos con sus pares. El problema del medio dirigido por Juan Francisco Ealy radicó en la falta de contrastación, en el exceso de confianza en una fuente de información. Por eso Marín escribió el lunes: “Cuando te mienten la madre, checa la fuente porque puede ser volada”.

"Dijeron que 'está de regreso' y que en los próximos días habrá un pronunciamiento más amplio", decía el texto de El Universal. ¿Dijeron? ¿Quienes? La familia. Un error digno de un periódico estudiantil. No sólo se evita señalar quién dijo lo que se cita, sino que la declaración se reporta en plural, como si los familiares del político queretano hubieran hablado al unísono y además hubieran dicho lo mismo. ¿Por qué señalar a "la familia" cuando se trataba de "un familiar"? ¿Por qué no buscar otra versión o intentar verificar la existente?

El Universal ofreció pocas respuestas en su editorial del domingo. De hecho terminó con una pregunta: ¿Dónde está Diego? ¡Cuando un día antes lo habían enviado a casa! En un ejercicio que incluso el periódico califica de especulativo, el texto ofrece cuatro hipótesis: 1) Fue liberado pero no puede anunciarse. 2) El informante se equivocó de buena fe. 3) Hay fricciones entre miembros de la familia. 4) Sigue secuestrado, pero la noticia ayudaría en la negociación. En resumen, no es una fe de erratas sino un intento de mantener la cabeza en alto. El tiempo dirá, pero quizá debieron insinuar la posibilidad de un error. Pepe Cárdenas actuó mejor.

Días después del secuestro de Diego Fernández de Cevallos, Televisa anunció que no abordaría el tema hasta que tuviera un desenlace. Ese es otro extremo. Ni el ocultamiento, ni la desinformación. Los medios mexicanos deben encontrar el justo medio entre no equivocarse y arriesgarse a la primera. Al final, la nota es que no hay nota, que no se sabe nada de Diego, que todo sigue igual.

miércoles, 28 de julio de 2010

Guerra de videos

Las cámaras de video son las nuevas armas del narcotráfico. Mediante la difusión de supuestos interrogatorios a policías o miembros de cárteles rivales, la batalla por el dominio de plazas se amplió al frente comunicativo. Pareciera que el crimen organizado requiere enviar mensajes para seguir operando. Poco a poco, las ‘narcomantas’ son desplazadas por YouTube.

Hace una semana se difundió un video que culminó en la detención de la directora del Cereso número dos de Durango, Margarita Rojas. En él, aparece un supuesto policía con indicios de tortura que es flanqueado por dos encapuchados. En respuesta a las preguntas de un tercero, el prisionero afirma que las autoridades penitenciarias consienten las salidas nocturnas de un grupo de sicarios. El sujeto, identificado como Rodolfo Nájera de 25 años, es ejecutado después.

La grabación de este material fue atribuida a Los Zetas. La información contenida en poco menos de 10 minutos fue confirmada el fin de semana por la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación. Las aventuras nocturnas de los reos incluirían -según la versión oficial- la ejecución de 17 personas en Torreón el pasado 18 de julio. Además de Margarita Rojas fueron detenidos el subdirector y dos jefes del penal.

Los enemigos de Los Zetas se ofendieron. Este lunes fueron levantados cuatro periodistas en la región lagunera: un camarógrafo de Televisa, el jefe de información del programa Punto de Partida, un reportero local y un camarógrafo de Grupo Multimedios. Sus captores exigieron a los medios de comunicación terminar la cobertura sobre el Cereso número dos y la transmisión de otro interrogatorio.

En el nuevo video se observa a dos presuntos Zetas, un hombre y una mujer que aparecen encañonados. Para desmentir la versión anterior, los prisioneros aseguran que el primer video se trató de un montaje para “meter al bote” a la directora del penal con el objetivo de ganar la plaza. La disputa es entre Los Zetas que dominan Torreón y el cártel de Sinaloa que tiene presencia en Durango.

¿Qué validez tiene una declaración obtenida con agresiones o tortura? ¿Es correcto que la prensa reproduzca los mensajes emitidos por el crimen organizado? ¿Quién responderá por la vida de los periodistas que se han convertido en rehenes de la negociación informativa promovida por los cárteles?

En el mundo existen medios que niegan su atención a organizaciones violentas. El diario español “El País” -por ejemplo- establece en su Libro de Estilo que acoge todas las tendencias “excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines”. Pero si el nuevo modus operandi consiste en secuestrar a reporteros para presionar a sus medios, ¿hay otra alternativa?

La guerra de videos es la nueva política de comunicación de los narcotraficantes. Ellos quieren su espacio y lo consiguen con amenazas. Esta situación es tremendamente delicada para la libertad de expresión en México. Hay indignación y preocupación en el gremio periodístico, pero también esperanza de que los colegas sean liberados. Todos estamos en riesgo porque nadie garantiza nuestra seguridad, aunque esa sea la obligación elemental de cualquier Estado.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La noticiosa nada

Se informa que no hay nada que informar… así han transcurrido los días desde la desaparición de Diego Fernández de Cevallos. El sábado 15 de mayo, el panista Manuel Espino inició la controversia cuando escribió en Twitter: “Hay mucho rumor sobre la desaparición del Jefe Diego, me dicen que está muerto y el cuerpo en el campo militar de Querétaro.”

Inició el furor mediático y también las especulaciones. La inexplicable ausencia de un ex candidato presidencial obtuvo primeras planas y horario estelar. Se desconocían los detalles del hecho: “Nada se sabe del Jefe Diego”, publicó Milenio diario. El periódico La Prensa exclamaba “¡Nada!” en su portada. Se reportaba el tema y con suerte su contexto, pero faltaban detalles básicos.

La culpa no es de los medios, sino de los responsables de la investigación. Ninguna autoridad discute el caso. El hermetismo despierta sospechas pero éstas –como los rumores- son insuficientes desde el punto de vista periodístico. ¿Cuánto más puede prolongarse en la agenda noticiosa un tema sustentado en el vacío informativo? Televisa respondió a su manera la noche del lunes.

Luego de la cobertura extraordinaria del sábado por la noche, Joaquín López-Dóriga comenzó la semana explicando en cadena nacional las razones de la televisora para ignorar la historia hasta su desenlace. Algunos dicen que la orden vino desde el gobierno federal. Televisa argumenta el “respeto a la familia” y el “respeto a la vida”. López-Dóriga señaló que la medida no fue fácil pero será firme.

No sorprende que Televisa omita información, sino que justifique el acto. En el ahora olvidado “caso Paulette” -que inicialmente implicaba una “desaparición”- ninguno de los argumentos mencionados se le ocurrieron a la empresa. No por eso me uno a la crítica automática a su decisión. Como periodista y televidente me parece exagerada y a la vez razonable.

La exageración radica en asfixiar un tema de interés nacional con la promesa de resucitarlo cuando concluya, asumiendo que en su desarrollo no habrá episodios relevantes. Lo razonable es evitar la repetición innecesaria de un hecho sobradamente conocido, independientemente de las reacciones que genere. Lo criticable es el bloqueo informativo desde la Procuraduría General de la República y el gobierno de Querétaro. ¿Cuánto más resistirán la presión de los medios?

Eventualmente Diego Fernández de Cevallos aparecerá muerto o será liberado. Carmen Aristegui ha difundido la posibilidad de que miembros del crimen organizado lo hayan secuestrado para negociar con el gobierno federal. De confirmarse esta hipótesis, la “colombianización” mexicana sería inminente. Tampoco descartemos la posibilidad de que las procuradurías terminen difundiendo alguna versión que insulte a la inteligencia y al sentido común.

Vivimos en el país donde todo pasa y nada pasa. Cuando la prensa depende de la versión oficial para seguir reportando y el gobierno ha decidido que el tema le incomoda, inicia una carrera de resistencia. Las dependencias apuestan al desgaste con boletines escuetos y llamados al respeto. Los medios deberían insistir e investigar por su cuenta. Sólo así existe la esperanza de que pronto haya algo que informar…

miércoles, 12 de mayo de 2010

La prensa y los legionarios

Hace 13 años la televisión mexicana difundió los primeros testimonios contra Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. El programa que CNI Canal 40 transmitió el 12 de mayo de 1997 escandalizó a funcionarios federales y a prominentes empresarios que conspiraron para asfixiar el proyecto.

A finales de los noventa, los acusadores de Maciel tenían al mundo en su contra. El sacerdote michoacano –protegido del papa Juan Pablo II- era considerado un “santo” por miles de católicos. Los miembros de la congregación y los egresados de su sistema educativo lo defendían ciegamente desde posiciones estratégicas.

La decisión editorial de CNI estuvo sometida a grandes presiones. “Había amenazas directas de dos empresarios, Roberto Servitje, de Bimbo, y Alfonso Romo, metido en ese entonces en cigarreras y en la bolsa, que si se transmitía el programa, habría un boicot publicitario”, explica el periodista Raymundo Riva Palacio. La medida estaba respaldada por Los Pinos.

Canal 40 no se recuperó de ese golpe financiero. Después vino el pleito con TV Azteca y la toma ilegal de sus instalaciones en el Cerro del Chiquihuite. El tiempo dio la razón a quienes arriesgaron su trabajo y su prestigio para denunciar las atrocidades de Maciel. Ciro Gómez Leyva es uno de ellos. Algunos más lo acompañan en el equipo que actualmente da vida a Milenio Televisión.

Aquel 12 de mayo se escucharon voces como la de José Barba. La historia del ex legionario y académico es a la fecha uno de los testimonios más lúcidos y desgarradores sobre el tema. José Barba no niega su fe pero exige justicia. Es uno de los muchos que fueron ignorados y después acusados de locura o perversidad.

Hoy se les considera probables víctimas de un delito. Este es un avance atribuible a los medios. El caso Maciel es tan grave que ningún periódico o noticiero pudo omitirlo. Algunos retrasaron la cobertura y otros insisten en ella, pero ninguno la ignora… incluyendo el semanario que edita la Arquidiócesis.

Ni en sus épocas más sanguinarias y corruptas, la Iglesia Católica había padecido una crisis como esta. Nunca antes se había puesto tan insistentemente en duda la verdadera fuente de su poder: la credibilidad. ¿Por qué creer en una organización que actúa como guardián de la moral universal pero protege a violadores de niños? ¡Que responda Benedicto XVI!

El escándalo logró perturbar la serenidad papal. El silencio ante la controversia se volvió pena, luego disculpa y finalmente auto reproche. Benedicto XVI declaró esta semana que los verdaderos enemigos de la Iglesia están dentro de ella. Y aunque llevaran siglos ahí, la confesión es digna de reconocimiento por venir de una institución que podríamos considerar de ‘lento aprendizaje’.

Los temas prohibidos explotan con el tiempo. Hablar de ellos requiere valentía cuando no están en boca de todos. Por eso el buen periodismo es visionario y atrevido. Por eso la prensa libre huele a inconformidad, porque las vergüenzas del presente no deben ignorarse por el bien del futuro.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Televisa vs. Multimedios

Lo último que viene a la mente cuando se piensa en un medio de comunicación “innovador, plural y crítico” es Televisa. Paradójicamente, un proyecto con estas características es la nueva apuesta del consorcio encabezado por Emilio Azcárraga Jean.

Admitiendo que los patrones de información cambian rápidamente, el presidente de Grupo Televisa apadrinó este lunes el inicio de transmisiones de FOROtv. Con la promesa de una mayor cercanía con la audiencia, este canal de televisión difundirá noticias las 24 horas del día, toda la semana.

Participarán comunicadores de primer nivel e intelectuales de innegable prestigio. Nombres como Rafael Cardona, José Carreño, Gabriela Warketin y Denise Dresser permiten suponer que la línea editorial contrastará abiertamente con los demás productos de la empresa.

Dresser, colaboradora de Proceso y catedrática del ITAM, criticó duramente a Televisa cuando Aristegui salió de W Radio. Ahora, la politóloga afirma que los espacios deben tomarse cuando se abren. Asegura también que no pretende achicar su conciencia ni adaptarla a la pantalla. Que así sea.

FOROtv será un éxito si el concepto original perdura. Cualquier intento de desviarlo o diluirlo culminará en un penoso fracaso. En el ámbito periodístico, la credibilidad se gana con esfuerzo sostenido y se evapora en cualquier momento.

El público meta del canal está definido por su ingreso y nivel de instrucción. Son televidentes que buscan permanentemente estar informados. Hablamos de empresarios, políticos, líderes de opinión, académicos y estudiantes que frecuentan las señales de CNN en Español, Telefórmula y Milenio Televisión.

El éxito de estos medios es directamente proporcional al respeto del segmento al que se dirigen. Los responsables de FOROtv sabrán ya que su público es inteligente y sensible en la detección de notas tendenciosas y críticas simuladas. La ausencia de estos vicios garantizará su permanencia.

Bernardo Gómez, vicepresidente de Noticieros Televisa, declaró que el proyecto pretende destronar a Milenio Televisión, canal de Grupo Multimedios que sin contar con el despliegue informativo y tecnológico de Televisa ha sabido hacer más con menos y se mantiene a la cabeza en ese nicho de mercado.

“Bienvenida la competencia”, escribió Carlos Marín en las páginas de Milenio diario. En su minúscula columna diaria, el director del periódico describió una tendencia que se ha confirmado en los últimos días: el acento de FOROtv es en el análisis y el de Milenio en la información.

Cuando un medio de comunicación es expulsado de su zona de confort está obligado a innovar. Si entendemos la relación medio-audiencia como un matrimonio o un noviazgo, la competencia siembra duda. Para retener a la pareja hay que volver a la fase de seducción, conquistar con detalles.

Se dice que el control remoto es un instrumento democrático. Difiero; no puede serlo mientras la oferta programática no considere a los televidentes en la certeza de controlar el espectro, cuando –volviendo al símil- el matrimonio está arreglado. En este caso, la amenaza del divorcio es la invitación a la mejora.

En la batalla por el rating, los competidores están obligados a demostrar su valía con pertinacia. Afortunadamente, en este jaloneo el principal beneficiado es el público.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Más trabajo, menos medios

El presidente Felipe Calderón debería reducir su presencia en los medios, aunque sus estrategas le recomienden lo contrario. El mandatario inicia la segunda mitad de su sexenio con una popularidad a la baja, una economía que no levanta y las manifestaciones cada vez más frecuentes del descontento generalizado en el país.

Para un político gris e ineficaz como él, cada minuto en televisión representa la posibilidad de fabricar atributos y generar simpatías. Así lo creyó durante años y ahora descubre su error. La falta de carisma y de resultados de gobierno no puede suplirse con tiempo aire. Al contrario, es de esperarse que cada minuto transmitido sea un suplicio para el televidente, una invitación al enojo.

56 por ciento de los mexicanos considera que el país va por “mal camino”, informó esta semana el periódico Reforma. Consulta Mitofski lo confirma revelando que la desaprobación al Ejecutivo federal es la mayor de su periodo. Además, Milenio publicó que en el último año se triplicó el número de personas que “de plano no confía” en Calderón y su equipo.

Promover al gobierno federal implica gastos enormes. Lo que no tiene precio es que, a pesar de la saturación mediática, nadie salve a Felipe Calderón de ser abucheado públicamente. Había sucedido en menor escala durante actos oficiales pero nunca como el 11 de noviembre en Torreón. Ese día, el Estado Mayor comprobó que es imposible contener a un estadio lleno. El presidente tuvo que sonreír: descubrió que cuando falla el audio queda la foto.

De poco sirvieron los horarios estelares y los noticieros complacientes. Comprar interés no lo hizo interesante. El personaje en cuestión no entusiasma aunque sus declaraciones sean la nota del día todos los días. Fueron inútiles los esfuerzos para posicionarse como salvador de la humanidad ante la epidemia o como el hombre “valiente” que combate al crimen organizado. Nada funcionó.

Aburrimiento total e indignación a tope. La larguísima entrevista difundida por Televisa la semana pasada con motivo de los tres primeros años de administración calderonista me permitió vivir en carne propia la agonía de miles de televidentes. Por la tranquilidad del país, el presidente debería retirarse de los reflectores para trabajar lejos de la exposición pública en la comodidad de su despacho. Eso le redituaría en términos de imagen.

Ahora que si la intención es incentivar el descontento y multiplicar las voces a favor de la revocación del mandato, el Ejecutivo está haciendo su parte. Es más, ha llegado la hora de invadir las pantallas, de secuestrar la programación con su gracia y brillantez. Si en el 2006 Paty Chapoy lo nombró su “gallo”, ¿por qué no regresar a esas emisiones que lo acogieron como candidato?, ¿por qué no apelar a la credibilidad de comunicadores que igual venden gobernadores que detergentes?

Es tiempo de definiciones. Si se pretende mejorar la relación del gobernante con sus gobernados, urge cambiar la estrategia. No hacerlo demostrará en los hechos la terquedad y la sordera suficientes para que la opinión pública mantenga su castigo al presidente. Propongo entonces más trabajo y menos medios. Las consecuencias de invertir la fórmula están a la vista de todos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Fábrica de refugiados

Si lo usual termina en estadística, la infamia es cuantificable en México. Alguna cifra aumenta cada vez que un periodista es asesinado. No conformes con las centenas de ejecuciones en las últimas décadas o la indignidad sugerida por las comparaciones internacionales en este rubro, las instituciones mexicanas continúan aplazando el cumplimiento de su mandato legal ante una sociedad que, desde la ignorancia o la apatía, permanece indiferente ante el tema.

Esta ignominia, justificada como tal en la amenaza a una profesión con claros propósitos sociales, no es posible sin el éxito de la criminalidad o la franca negligencia. La frialdad de los números despersonaliza a las víctimas y maquilla la gravedad de los hechos ante la opinión pública. Hablar de caras y nombres es incurrir en la excepción, apostar a la empatía e invitar a que se revisen los límites de lo aceptable.

La semana pasada fue encontrado el cadáver del reportero José Bladimir Antuna García de 39 años. Publicaba información sobre temas policiales y judiciales en El Tiempo de Durango, periódico en que laboraba su colega Carlos Ortega, ultimado el 3 de mayo. Antuna García denunció amenazas durante varios meses y manifestó haber compartido información con Eliseo Barrón, reportero de Grupo Milenio asesinado por presuntos gatilleros del cártel del Golfo.

“México tiene una vergonzosa posición como uno de los países más peligrosos para los periodistas. Para una democracia moderna, alcanzar esta posición es una vergüenza”, señala un comunicado del Instituto Internacional de la Prensa (IPI). Este organismo documentó que de los 44 informadores ejecutados en el mundo durante el 2009, siete corresponden a la República Mexicana. Esta cifra es idéntica a la de Pakistán y nos ubica por encima de Somalia, un país que carece de Estado.

La función primordial del Estado es, precisamente, garantizar la seguridad de sus habitantes. De lo contrario, se convierte en una fábrica de refugiados: un gobierno incapaz de otorgar protección y los temores fundados de persecución o muerte definen el término “refugiado” en la Convención de 1951. Bajo este esquema, los periodistas mexicanos podrían optar por el exilio y ser amparados por el derecho internacional.

Un Estado fallido no merece respeto. Así lo considera el politólogo inglés John Dunn, quien desde la Universidad de Cambridge advierte que los Estados que promueven efectivamente la seguridad de sus habitantes ganan y merecen una mayor lealtad que aquellos que fracasan en el intento. Esta idea encontraría dificultades legales en México: el sexto constitucional permite la libre expresión pero fija sus límites en el Estado. En este contexto, la coherencia de Dunn se vuelve golpismo.

¿Cuántas muertes más? La ineficiencia llama a la exigencia, no a la parálisis. La situación imperante en México es una responsabilidad compartida. En tiempos donde la impunidad es la constante, celebrar la institucionalidad es apadrinar la decepción. Los delitos contra periodistas son una manifestación más de una realidad que indigna y exige ajustes. Así como las víctimas, los culpables tienen caras y nombres. Las víctimas se ocultan con números, los culpables con cargos públicos.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Palabritas

No es lo mismo un manifestante que un quejoso, un atentado que un accidente, pacificar que reprimir, o tomar que asegurar. Aunque estos términos sean utilizados para describir hechos semejantes, sus implicaciones ideológicas son opuestas. La obsesión por elegir la palabra correcta -típica de lingüistas, literatos y juristas- pasa inadvertida para el lector promedio, pero se vuelve exigencia cuando el objetivo del texto es la explicación precisa de un acontecimiento, por ejemplo, en el ámbito periodístico.

Sucesos complejos y trascendentes, como la “extinción” decretada de Luz y Fuerza del Centro, son oportunidades únicas para que la ciudadanía evalúe a sus medios. La prensa renuncia con mayor facilidad a la presunción de balance en tiempos de definición o conflicto; es cuando suele entregarse voluntariosa a las ventajas de una narración tendenciosa. Aquí, el análisis de las omisiones y las palabras elegidas es clave para comprender las lealtades e inclinaciones de quienes -más por rutina que por definición- se hacen llamar “periodistas”.

Escuchar que el operativo de la Policía Federal en las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro fue “pacífico”, obliga a repensar la paz. El adjetivo, utilizado por Milenio Televisión en su crónica, proclama la ausencia de disparos o heridos, pero asume que la amenaza de violencia -típica de la demostración de fuerza- es pacífica mientras no se concrete. Bajo esta visión, un asaltante que amaga y no dispara merecería no sólo la exculpación sino el reconocimiento. Si el colapso de la paraestatal hubiera sido “pacífico” habría omitido las armas.

Lamentablemente para los redactores y porristas de la generosidad gubernamental, se esperan marchas multitudinarias contra los actos “pacíficos” del gobierno federal. Los manifestantes recibirán trato de provocadores, de ciudadanos que pisotean los derechos de terceros y “desquician” la capital. Habrá que entrevistar a automovilistas molestos y buscar declaraciones condenatorias de funcionarios o empresarios. Éstos últimos, quizá los únicos capaces de organizar movimientos de protesta civil que estén a la altura de la “moral” fijada como límite a la libertad de expresión en el sexto constitucional.

Lo anterior, fue evidente en la cobertura periodística de la marcha “Iluminémos México”, convocada por la televisión en agosto del 2008. La nota redactada por Noticieros Televisa transformaba a los quejosos en “víctimas de algún delito” y describía el avance del contingente en términos de emoción acrecentada. Ese día, el ojo del reportero observó a los turistas “curiosos” que apoyaban a los manifestantes desde las ventanas de su hotel. ¿Podría esperarse este nivel de enaltecimiento informativo tras una movilización del Sindicato Mexicano de Electricistas? Claro que no. ¿Por qué?

José Luis Arriaga, académico de la Universidad Autónoma del Estado de México, sugiere una respuesta: lo que se dice de los eventos y personajes varía según las circunstancias. Como ejemplo, el fallecimiento de un ser humano requerirá de verbos diferentes dependiendo del contexto: si era un policía fue “asesinado” y si era un criminal fue “abatido”.

Estos matices del lenguaje son poderosos instrumentos de manipulación mientras la opinión pública ignore la sutileza de su funcionamiento. Habrá que señalarlos y reprobarlos, exigir el rigor periodístico. El cierre de una paraestatal lo amerita.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mercado de opiniones

En el mercado de la opiniones, todas las posturas encuentran su espacio y su crítica. Opinar es empeñar la credibilidad en defensa de una convicción que surge de un entorno marcadamente complejo; es un acto comprometedor del periodismo que decide apostar un nombre y una visión, a la incertidumbre del devenir y sus juicios. Pese a la contundencia de algunas voces autorizadas o a la cualidad refrescante de sus argumentos, sólo existen tres tipos de opiniones.

Esto, a partir de los códigos interpretativos propuestos por un teórico jamaiquino de nombre Stuart Hall. Para él, cualquier suceso tiene tres lecturas: la hegemónica, la negociada y la opositora. Esto significa que ante cualquier tema las opiniones pueden reforzar la postura dominante, cuestionar sin criticar o simplemente desacreditar. La epidemia de “influenza humana” sirve de ejemplo.

De inspiración presidencial, el mensaje central de este ejercicio de análisis será: “El gobierno mexicano actuó de forma oportuna y correcta ante la emergencia sanitaria”. La lectura hegemónica, según Hall, arrojaría argumentos a favor del enunciado. Los encontraremos, sin falta, en la televisión y en las figuras emanadas de ella.

El elegido es Joaquín López-Dóriga, quien escribió para el periódico Milenio que el presidente se asumió “al frente de la emergencia” como un jefe de gobierno que “se hace sentir”. Además, el comunicador dijo que “debe aceptar” que Felipe Calderón es avalado por las cifras, los resultados y las encuestas. Para él, esto es lógico y natural.

Vamos ahora a la postura negociada, donde caben algunas contradicciones. En este caso, quien opina comparte gran parte de la interpretación dominante, pero añade elementos propios. Opté por un texto de Macario Schettino publicado en El Universal.

Este investigador, autor de 15 libros, admite que el mundialmente célebre virus A/H1N1 es tratable con los antivirales existentes y que quizá no era para tanto. Sin embargo, señala que el gobierno desconocía inicialmente esa información y aplaude que no arriesgara al país. Schettino se queja de la prensa que ataca permanentemente al gobierno, pero tampoco pugna por defenderlo.

En ese sentido, Stuart Hall habla de la lectura opositora, aquella que entiende la opinión dominante, aunque no la comparte. El contexto de quien percibe el tema, lo coloca en una posición contraria. Viene a mi mente Julio Hernández López, columnista de La Jornada.

El autor de “Astillero” afirma que las medidas contra la epidemia fueron exageradas intencionalmente por el gobierno federal, “en función de sus necesidades de legitimación y de sus cálculos electorales y políticos”. Para Hernández López, los riesgos de la influenza fueron tardíamente detectados por una administración que “mantiene en el abandono” el curso de los asuntos públicos.

Al final, esta teoría agrega elementos de juicio a los lectores, televidentes y radioescuchas que prefieren un punto de vista sobre otro. Es también una herramienta básica para una sociedad que requiere, urgentemente, de consumir en forma cada vez más inteligente el contenido de los medios de comunicación.