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martes, 8 de junio de 2010

Antidepresivo nacional

Es ridículo llamar “movimiento social” a un reality show. Este lunes fue presentada la Iniciativa México, un proyecto impulsado por los dueños y representantes de los medios de comunicación más importantes del país y respaldado por instituciones académicas como la UNAM, el IPN y el Tecnológico de Monterrey.

Esta “convocatoria sin precedentes” que busca una “reflexión profunda” en tiempos del Bicentenario es en el fondo una emisión televisiva donde la audiencia vota por sus concursantes favoritos. Los creadores de Big Brother, La Academia y demás productos chatarra se mueren de envidia. Sus programas no recibieron el aval presidencial ni el aplauso de intelectuales.

Inicia el casting. Tenemos hasta el 7 de julio para registrar proyectos sociales en distintas categorías: calidad de vida, desarrollo comunitario, medio ambiente, justicia y derechos humanos, buen gobierno y rendición de cuentas. La inscripción corre a cargo de los responsables del proyecto o de cualquiera que conozca su trabajo. Hay que “denunciar” como en las campañas de “Nuestra Belleza”, pero en este caso a ciudadanos responsables.

Luego vendrá el proceso de selección. Un grupo de “asesores especializados” identificará las 20 propuestas más relevantes. “Con la finalidad de que el público en general conozca los proyectos, durante el periodo comprendido de agosto a octubre de 2010, se transmitirá en televisión y radio, un programa semanal, y se difundirán notas y videos en diarios y sitios de Internet”, detalla la convocatoria.

Personas de amplia calidad moral, como el presidente de la República y el presidente de Grupo Televisa han celebrado la iniciativa. “Hay un movimiento social, como es Iniciativa México que, precisamente, despierta liderazgos sociales. ¡Qué bueno que la haya!”, dijo Felipe Calderón. Emilio Azcárraga señaló que se trata de un esfuerzo histórico que será recordado dentro de cien años.

¿Cómo es posible oponerse a tanta bondad? La pregunta adquiere especial relevancia cuando es analizada desde el discurso de la Iniciativa México. Resulta que hay dos tipos de mexicanos: los ‘mala leche’, aguafiestas y quejumbrosos que aseguramos vivir en la letrina del mundo; y los valientes, patrióticos y optimistas que sintonizarán el Canal de las Estrellas para ver el programa.

“Muchos creen en lo conveniente y lo necesario de estimular los aspectos positivos de la vida y decirles a todos cómo cantan los pajaritos en la rama del árbol”. Es la crítica del periodista Rafael Cardona. Pues sí. ¿Por qué no creerle a Javier Aguirre en el primer spot de Iniciativa México? ¿Por qué sospechar cuando dice que ama a su país? ¿No fue él quien dijo que estábamos “jodidos”?

La Iniciativa México es un antidepresivo: reduce el dolor psíquico y ya. No cambia las circunstancias y no resuelve el problema. ¿Se vale? Claro que sí. ¡Que regrese el “Día del Taco”! ¡Que lo hagan efeméride! Pero que no involucren a universidades, intelectuales y periodistas. Con tantas instituciones y personas apoyando un fraude como Iniciativa México, el país pronto entrará en una fase de incredulidad total. Así que prenda su televisión y conéctese a la esperanza…

miércoles, 27 de enero de 2010

El circo de Cabañas

¡Qué rápido se indigna la sociedad con nimiedades! ¡Qué difícil que reaccione igual ante temas de verdadera trascendencia! El fenómeno mediático y social que generó la agresión al futbolista Salvador Cabañas está sobredimensionado. Tanto que no puede ignorarse como caso de análisis, aunque me avergüence otorgarle importancia.

Vacunándome contra los apasionados, aclaro que mis juicios sobre el tema no incluyen el desempeño deportivo del personaje en cuestión. No niego sus logros en la cancha o su vocación de ídolo; critico la exageración de los medios, la rumorología patente en la cobertura, el ajusticiamiento televisivo.

El noticiero conducido por Adela Micha en Galavisión fue pieza clave en el desarrollo de la historia. Desde el lunes 15 de enero, la emisión destacó el tema con un presumible abanico de géneros informativos: la cronología de los hechos, múltiples enlaces en vivo, el perfil del jugador, contexto, antecedentes y reacciones.

Y al día siguiente –agárrense Chapoy, Origel y compañía- “Las noticias por Adela” se convirtió en un programa de espectáculos. La transfiguración fue evidente cuando la conductora recibió vía telefónica y con cierta gravedad a “La Chiva”.

“¿A quién?”, se pregunta uno. No vaya a ser alguna personalidad efímera, algún ex participante de reality show. Pues sí, “usted la recuerda” dice Micha, quien aprovechó su contacto con la ganadora de “Big Brother 2” para obtener la estremecedora exclusiva: el agresor de Cabañas es el padre del hijo de “La Chiva”. ¡Lo que nos faltaba!

La revelación se sumó a los datos difundidos la noche anterior por el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera, quien se estrenó como narrador de videos de borrachos. Auxiliado por Joaquín López-Dóriga, el funcionario describió la secuencia captada por las cámaras de seguridad del bar donde sucedieron los hechos.

Las figuras televisivas suelen envalentonarse cuando los daños están calculados. Así sucedió con López-Dóriga quien exigió a Mancera la detención de los culpables. El conductor del noticiero estelar de Televisa sentenció: “Hay un clamor, usted lo sabe, basta ya de impunidad”.

Eso debió decirle a su entrevistado anterior, el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández, quien se presentó con motivo de la campaña “Estrellas del Bicentenario” para presumir las maravillas naturales de su estado y hablar de lo que llamó “el verdadero Tamaulipas”. Ni mencionar el primer lugar en corrupción educativa o los más de 250 mil campesinos en pobreza extrema…

En el México real, gente armada entra a los bares y sale despreocupada luego de jalar el gatillo, sí. Lamentablemente, la lista de ignominias en el país es tan larga que eclipsarla con el ataque a una figura pública es franca y abierta desinformación.

Millones de mexicanos viven tan disociados de la realidad que sólo reaccionan ante escándalos deportivos o del espectáculo (y finales de telenovela). Haití es caso aparte, y aunque la cobertura se justifique, quitó espacio a los temas nacionales.

Si en un día normal, por motivos de tiempo, la televisión se ve obligada a ignorar decenas de noticias, las últimas semanas han sido un infortunio periodístico. Si imaginamos el volumen de los datos que se omitieron por centrar la atención en Haití y luego en Salvador Cabañas, y agregamos a la imagen el aderezo patriótico del Bicentenario, intuiremos las dimensiones de una miseria informativa que a nadie preocupa.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Suicidio TV

En el bufet de la programación televisiva se cocinan platillos asombrosos. Los ingredientes habituales son la falta de creatividad, el desdén por la ética, el ansia por los ratings y la convicción de una audiencia pasiva e ignorante. La exacerbación progresiva de estos elementos invita a la reflexión y convoca al rechazo. La tendencia en las pantallas es a lo grotesco: al regodeo de las masas con la exposición de sus miserias, al convite de la humillación premiada, a la fiesta de la indignidad humana y quizá, al retorno de la antigua diversión de atestiguar la muerte de otro.

La idea de un canal de cable que transmita suicidios las 24 horas del día es atribuible al comediante estadounidense George Carlin (1937-2008). En una de sus últimas rutinas, Carlin aseguró que la mezcla de individuos desesperanzados y la mentalidad de los reality shows sería rentable para la televisión. En su avezada crítica social, sostenía que era posible conseguir “voluntarios” que se quitaran la vida frente a la cámara a cambio de unos dólares. “Por dinero. Hay que darles algo”, ironizaba ante las risas del público.

La cartelera cinematográfica ofrece esta semana una película con la misma temática. Aunque fallida en lo general, “Ruleta rusa en vivo” es rescatable por su planteamiento: la producción de un programa de concursos que pretende batir el récord histórico de audiencia con la novedad de un revólver cargado y seis participantes que se niegan a morir pero están dispuestos a dispararse por los 5 millones de dólares que recibirán en caso de sobrevivir.

Si el final no fuera predecible, me negaría a revelarlo. Es claro que tan impactante fenómeno mediático terminaría siendo un éxito comercial dentro de la situación planteada; ficticia en términos reales pero dolorosamente cercana a los límites de lo esperable en estos días.

La tendencia a lo grotesco que detonó esta reflexión surge de un esquema de medios que sacrifica todo por los números, que lucra con la intimidad, el riesgo y el dolor. Creyendo que su continuidad y expansión es el resultado lógico de ofrecer “lo que el público quiere” (y justificando con ello las atrocidades intelectuales que han difundido durante años con la colaboración mal retribuida de supuestos profesionistas) los empresarios de la televisión confían en que la perversión de sus creativos siga recibiendo buenos puntajes en la medición presuntamente confiable de los gustos y deseos de una mayoría que, para su desgracia, avala todo con el silencio.

La convocatoria es al rechazo. Al asfixiamiento consensuado de proyectos que atentan en pantalla contra la dignidad humana. Urge un debate público sobre los medios de comunicación, sobre lo necesario y lo deseable. Ni el consumo irreflexivo ni la apatía razonable: sirve de poco apagar la televisión, especialmente si nos indigna. Este sentimiento debe nutrirse, alentarse y compartirse. Sólo así evitaremos que, cuando el futuro nos alcance, las muertes televisadas dejen de ser una ocurrencia y se conviertan en negocio.