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miércoles, 10 de marzo de 2010

El show del cinismo

El reality show de moda se transmite en el Canal del Congreso. Las actividades propias de la Cámara de Diputados -que por rutina consideraríamos “legislativas”-se afianzaron en los últimos días como un verdadero espectáculo. Un circo indigno de cualquier democracia pero atractivo en la televisión.

El reinado del cinismo, dosificado en sesiones y comparecencias, se transmite en vivo. La señal es elitista: sólo llega por cable o satélite. Los temas de interés nacional no caben en la televisión abierta, el gran público está condenado a dormitar en algún punto entre la publicidad y las trivialidades.

El Canal del Congreso es testigo del desmoronamiento institucional en México, es también un incentivo al ciudadano que habita dentro de cualquier televidente y que puede convertirse en vigilante de quienes presuntamente lo representan. Hay que decirlo, el canal es un fracaso si pretende favorecer la imagen del Poder Legislativo. La decepción es inevitable.

Los legisladores federales son inmunes al efecto Gran Hermano. Normalmente, al sentirse observado es imposible actuar con naturalidad, pues prevalece un temor hacia el ojo escrutador. Sin embargo, este sistema de vigilancia con impecable dirección de cámaras no apena a los observados ni los pone nerviosos.

Los diputados exhiben su desfachatez, incultura y descaro como nunca se lo permitirían en el Canal de las Estrellas. Han de pensar que nadie los ve y quizás tengan razón. Lo último que busca el televidente promedio es sumergirse en las pestilentes aguas de la política nacional.

De algún modo es entendible. La clase política ha buscado sistemáticamente distanciarse de los gobernados. Lo ha logrado y esa zanja es un riesgo. La separación ha creado mundos paralelos: el del ciudadano cuya apatía invita al abuso y el del político que se deleita en el abuso.

La sesión ordinaria del martes pasado sirve de ejemplo. Horas antes de que una piñata de Pinocho ocupara una de las curules, la discusión sobre la Ley de Desarrollo Rural Responsable se desvió a un tema de agenda política: los pactos electorales entre el PRI y el PAN.

Como si un debate simulado entre caras y colores fuera todo lo que el electorado esperaba de la 61 legislatura, transcurrieron las horas entre llamados a enaltecer la política y a no desperdiciar el tiempo de todos los mexicanos. Sorprende la habilidad de los diputados para negar sus exhortos al tiempo que los emiten. Los dichos y hechos se contrarrestan evidenciando la mentira.

La versión estenográfica de la sesión sería un larguísimo “bla, bla, bla” si la intrascendencia se redactara con balbuceos. La agenda política no es la agenda nacional. Todo lo contrario. Los partidos políticos dejaron de pugnar hace mucho por la ciudadanía. Desatender problemáticas reales para debatir controversias electorales es pura negligencia.

El show en que se ha convertido la política en el país tiene como protagonista al cinismo. Ojalá fueran millones los que sintonizan el Canal del Congreso. Para todos ellos quedaría claro que las instituciones están secuestradas, que el desgobierno tiene beneficiarios y que la democracia mexicana es una ilusión. Sólo así, intuyendo las dimensiones del problema, es posible imaginar algunas soluciones…

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Infamias

Mientras los mexicanos cruzaban el umbral de un fin de semana largo y se ocupaban gustosos de sus tradiciones, se gestaba desde el Poder Legislativo un alza de impuestos, un golpe más al bienestar de los “representados”.

En ese momento, los pormenores de la infamia eran conocidos por pocos, incluyendo a quienes seguimos la discusión en el Canal del Congreso. Para una inmensa mayoría, las noticias llegarían después. Quienes ignoraban el hecho confiarían nuevamente en la televisión, su medio predilecto.

Las Fiestas de Muertos habían finalizado y lo “milenario” de la tradición fue más importante que lo “inmediato” de la información. Sólo este criterio explica que el noticiero de Joaquín López-Dóriga en Televisa fuera dedicado el lunes 2 de noviembre a la “magia” y la “diversión” del folclor mexicano.

Tardíamente, llegada la hora en que las Fiestas de Muertos parecían ser el acontecimiento periodístico del día y que gran parte de la audiencia estaba (al menos) adormilada, se transmitió la crónica.

Si Televisa dijo la verdad, no hay de qué preocuparse: el debate en el Senado se redujo a una discusión entre el perredista Carlos Navarrete y el panista Gustavo Madero. No hubo controversias en San Lázaro, los diputados se veían tranquilos en sus curules. Las bancadas del PRI y el PAN no fueron acusadas de proteger intereses económicos en detrimento de la economía popular. Una maravilla, casi nada.

Todo lo contrario. La falsedad e irresponsabilidad de la información indigna tanto como el cinismo de los legisladores que salieron a decir que “pudo ser peor”. Total, los mexicanos somos cobardes y de memoria corta. ¿Quién va a exigirle al PAN la “Acción Responsable” que ofreció en campaña? ¿Quién recordará que “Primero tu economía” era un compromiso del PRI?

Es posible que la facilidad para exprimir al país con la complicidad de los medios alcance extremos insospechados. Las ambiciones de la clase política son verdaderamente inagotables. La situación imperante lo demuestra. Como si la violencia, la crisis económica y el desempleo fueran poco, parece que sólo empeorarán. ¿ “Por el bien de México”? ¿Por el bien de quien?

Un aumento en los gravámenes es indefendible. Castigar al salario y al consumo es la mejor forma de expandir la miseria en tiempos de escasez. En Alemania lo saben y hace unas semanas acordaron reducir los impuestos en 24 mil millones de euros para fomentar el crecimiento. Siguiendo las comparaciones, descubriríamos que mientras el Internet de banda ancha es un derecho constitucional en Finlandia, los legisladores mexicanos pretendían gravarlo con un 3 por ciento.

Y se excusan a través de los medios: que si para ayudar a los pobres, que si el boquete fiscal, que es un mal necesario, que el paquete fiscal es “responsable y patriota”. El engaño es evidente. El Ejecutivo federal sigue parloteando sobre austeridad mientras la Oficina de la Presidencia solicita un aumento del 98 por ciento en su gasto para 2010, según publicó ayer el periódico Reforma.

La indignación es uno de los principales motores del Periodismo, y a través de él debería expandirse. Urgen cambios de fondo. Es común escuchar que un estallido social se acerca y a menos que “las instituciones” recuperen la cordura, el augurio podría consumarse.