miércoles, 8 de diciembre de 2010
Televisa contra Proceso
sábado, 4 de diciembre de 2010
Todo sigue igual
martes, 15 de junio de 2010
El ocaso de los partidos
Las campañas electorales en 15 estados de la República han terminado aunque concluyan formalmente el 30 de junio. Desde el punto de vista periodístico y de la opinión pública, las elecciones de este año están agotadas. Son como guisados fríos en un buffet: están ahí pero no se antojan. Hay poco que informar antes de los resultados.
Pasó el tiempo de las declaraciones, los ataques y las insinuaciones de fraude. El episodio más notable de ese periodo fue la detención de Gregorio Sánchez, candidato a la gubernatura de Quintana Roo por la coalición PRD-PT-Convergencia. A estas alturas, ni los involucrados discuten el caso… además inició el mundial de la FIFA en Sudáfrica y su poder de distracción superará por una semana la fecha de los comicios.
Se pronostican triunfos avasalladores. Este factor, causa primordial del desinterés, es atribuible al “trabajo” de los gobernadores en sus estados, en otras palabras, al uso de recursos públicos para impulsar a su candidato. Las cifras difundidas por las encuestadoras durante los últimos meses eliminan la posibilidad de sorpresas. Cuando se conoce el final del cuento, la narración pierde su encanto.
Hay excepciones: Sinaloa y Oaxaca. En Sinaloa, los números cerrados y una serie de actos vandálicos permiten intuir una jornada violenta. La sede del PAN fue atacada con una bomba molotov el domingo pasado. En Oaxaca la competencia es reñida, hay amenazas de boicot a la instalación de casillas y personajes influyentes que operan tras bambalinas. Las elecciones oaxaqueñas son intensas por tradición.
Hay poco que decir sobre otras entidades. Y aunque hubiera historias que contar en Tamaulipas, por ejemplo, la supremacía del crimen organizado lo impediría. Por todo lo anterior, la prensa nacional se ha retirado parcialmente de la cobertura a las elecciones estatales. Ahora la responsabilidad es de los medios locales: sólo ellos publicarán los dichos de las próximas semanas.
Es lo único que habrá: verborrea triunfalista y declaracionitis. Será el punto final de cientos de campañas predecibles y grises: iniciaron con el anuncio de “propuestas de altura” y su posterior omisión, siguieron con las críticas a los adversarios, la guerra sucia, las quejas de la oposición y su llamado al debate. Todo esto mientras los punteros descansaban en su certeza intocable. Lo mismo de siempre.
Lo que cambió es la relación efectividad-precio de la clase política. Según datos del periódico Reforma, el gasto para la organización de los comicios de este año asciende a 3 mil 712 millones de pesos. Si consideramos que los procesos de 2004 y 2005 costaron 2 mil 544 millones, descubriremos que las elecciones del 2010 son exorbitantemente caras: requirieron mil 168 millones de pesos más. ¿Y los ahorros de la reforma electoral? ¿Dónde termina ese dinero?
Con el paso de los años, recordaremos estos días y sabremos que fueron vergonzosos para la democracia mexicana. La memoria dirá que el sistema de partidos terminó autodestruyéndose, dilapidando su credibilidad, revelando su engaño, “uniendo” las diferencias que eran su misma razón de existir.
miércoles, 17 de marzo de 2010
El precio de informarse
La gratuidad de la información en Internet tiene los días contados. En esto coincidieron los representantes de medios de comunicación internacionales que se reunieron del 9 al 11 de marzo en los Emiratos Árabes Unidos.
El periodismo de calidad es costoso y no puede regalarse. Así lo manifestaron directores y editores durante la primera Cumbre de Medios en Abu Dhabi, evento en que participaron personajes como Eric Schmidt, presidente de Google; y Rupert Murdoch, principal accionista de News Corporation.
Murdoch -quien es propietario de los periódicos The Times y The Sun en el Reino Unido, además del Wall Street Journal y el New York Post- defendió la necesidad de cobrar los contenidos de Internet.
Su hijo y presidente de la compañía, James Murdoch, habló también durante la Cumbre. Aseguró que la reproducción no autorizada de contenidos originales es un robo que no puede ser tolerado.
“Debería existir el mismo nivel de santidad que rodea a una propiedad. El contenido no es diferente. (Los consumidores) No son niños traviesos. Deben ser sancionados”, sentenció el empresario.
Una propuesta distinta fue la de AllVoices.com, un sitio de noticias que publica reportes ciudadanos. En esta plataforma cualquiera puede consultar y enviar notas desde una computadora o teléfono celular.
Y aunque su credibilidad como fuente noticiosa sea discutible, el proyecto impulsa con éxito la democratización informativa; un fenómeno percibido como una afrenta desde la lógica empresarial.
La información tiene precio. La pregunta es quién lo paga. El paradigma actual en el negocio de los medios sugiere un balance entre publicidad y suscripciones: el dinero viene de los compradores y patrocinadores.
El problema de la regulación comercial de Internet es la inercia. El usuario -acostumbrado a la navegación ilimitada y sin condiciones- difícilmente aceptará la súbita imposición de tarifas a servicios que eran gratuitos. Pese a esto, la tendencia es restrictiva.
En México, el periódico Reforma ha mantenido durante años la decisión de proteger con contraseña el acceso a su portal de noticias. El tráfico es limitado pero genera recursos. Algunos textos burlan la restricción comercial y se cuelan a los blogs.
En contraste, El Universal optó por el libre acceso. La estrategia les ha ganado una posición privilegiada en el ranking de los sitios más visitados del país. Sin embargo, la saturación publicitaria no es suficiente para financiar el proyecto.
La complejidad del tema es evidente. A falta de fórmulas garantizadas es conveniente evitar los extremos: ni la cacería promovida por individuos como Murdoch, ni un esquema que trivialice –y por lo tanto asfixie- la profesión periodística.
El reportero ciudadano es un cómplice en la tarea de informar. No obstante, la labor central corresponde a la prensa. La credibilidad cuesta porque es un trabajo de tiempo completo.
El espíritu de la era de la información parece contrario al de la rentabilidad. En el sistema económico capitalista domina el acaparamiento, una práctica imposible ante el flujo incesante de datos en la Red.
El debate debe centrarse en la calidad y no en el precio. En la sobreabundancia de “noticias”, la calidad se vuelve necesaria. Esta necesidad permitirá una comercialización amplia que surja del compromiso informativo y no de una imposición que criminaliza al usuario para obtener beneficios.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Más trabajo, menos medios
Para un político gris e ineficaz como él, cada minuto en televisión representa la posibilidad de fabricar atributos y generar simpatías. Así lo creyó durante años y ahora descubre su error. La falta de carisma y de resultados de gobierno no puede suplirse con tiempo aire. Al contrario, es de esperarse que cada minuto transmitido sea un suplicio para el televidente, una invitación al enojo.
56 por ciento de los mexicanos considera que el país va por “mal camino”, informó esta semana el periódico Reforma. Consulta Mitofski lo confirma revelando que la desaprobación al Ejecutivo federal es la mayor de su periodo. Además, Milenio publicó que en el último año se triplicó el número de personas que “de plano no confía” en Calderón y su equipo.
Promover al gobierno federal implica gastos enormes. Lo que no tiene precio es que, a pesar de la saturación mediática, nadie salve a Felipe Calderón de ser abucheado públicamente. Había sucedido en menor escala durante actos oficiales pero nunca como el 11 de noviembre en Torreón. Ese día, el Estado Mayor comprobó que es imposible contener a un estadio lleno. El presidente tuvo que sonreír: descubrió que cuando falla el audio queda la foto.
De poco sirvieron los horarios estelares y los noticieros complacientes. Comprar interés no lo hizo interesante. El personaje en cuestión no entusiasma aunque sus declaraciones sean la nota del día todos los días. Fueron inútiles los esfuerzos para posicionarse como salvador de la humanidad ante la epidemia o como el hombre “valiente” que combate al crimen organizado. Nada funcionó.
Aburrimiento total e indignación a tope. La larguísima entrevista difundida por Televisa la semana pasada con motivo de los tres primeros años de administración calderonista me permitió vivir en carne propia la agonía de miles de televidentes. Por la tranquilidad del país, el presidente debería retirarse de los reflectores para trabajar lejos de la exposición pública en la comodidad de su despacho. Eso le redituaría en términos de imagen.
Ahora que si la intención es incentivar el descontento y multiplicar las voces a favor de la revocación del mandato, el Ejecutivo está haciendo su parte. Es más, ha llegado la hora de invadir las pantallas, de secuestrar la programación con su gracia y brillantez. Si en el 2006 Paty Chapoy lo nombró su “gallo”, ¿por qué no regresar a esas emisiones que lo acogieron como candidato?, ¿por qué no apelar a la credibilidad de comunicadores que igual venden gobernadores que detergentes?
Es tiempo de definiciones. Si se pretende mejorar la relación del gobernante con sus gobernados, urge cambiar la estrategia. No hacerlo demostrará en los hechos la terquedad y la sordera suficientes para que la opinión pública mantenga su castigo al presidente. Propongo entonces más trabajo y menos medios. Las consecuencias de invertir la fórmula están a la vista de todos.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Infamias
En ese momento, los pormenores de la infamia eran conocidos por pocos, incluyendo a quienes seguimos la discusión en el Canal del Congreso. Para una inmensa mayoría, las noticias llegarían después. Quienes ignoraban el hecho confiarían nuevamente en la televisión, su medio predilecto.
Las Fiestas de Muertos habían finalizado y lo “milenario” de la tradición fue más importante que lo “inmediato” de la información. Sólo este criterio explica que el noticiero de Joaquín López-Dóriga en Televisa fuera dedicado el lunes 2 de noviembre a la “magia” y la “diversión” del folclor mexicano.
Tardíamente, llegada la hora en que las Fiestas de Muertos parecían ser el acontecimiento periodístico del día y que gran parte de la audiencia estaba (al menos) adormilada, se transmitió la crónica.
Si Televisa dijo la verdad, no hay de qué preocuparse: el debate en el Senado se redujo a una discusión entre el perredista Carlos Navarrete y el panista Gustavo Madero. No hubo controversias en San Lázaro, los diputados se veían tranquilos en sus curules. Las bancadas del PRI y el PAN no fueron acusadas de proteger intereses económicos en detrimento de la economía popular. Una maravilla, casi nada.
Todo lo contrario. La falsedad e irresponsabilidad de la información indigna tanto como el cinismo de los legisladores que salieron a decir que “pudo ser peor”. Total, los mexicanos somos cobardes y de memoria corta. ¿Quién va a exigirle al PAN la “Acción Responsable” que ofreció en campaña? ¿Quién recordará que “Primero tu economía” era un compromiso del PRI?
Es posible que la facilidad para exprimir al país con la complicidad de los medios alcance extremos insospechados. Las ambiciones de la clase política son verdaderamente inagotables. La situación imperante lo demuestra. Como si la violencia, la crisis económica y el desempleo fueran poco, parece que sólo empeorarán. ¿ “Por el bien de México”? ¿Por el bien de quien?
Un aumento en los gravámenes es indefendible. Castigar al salario y al consumo es la mejor forma de expandir la miseria en tiempos de escasez. En Alemania lo saben y hace unas semanas acordaron reducir los impuestos en 24 mil millones de euros para fomentar el crecimiento. Siguiendo las comparaciones, descubriríamos que mientras el Internet de banda ancha es un derecho constitucional en Finlandia, los legisladores mexicanos pretendían gravarlo con un 3 por ciento.
Y se excusan a través de los medios: que si para ayudar a los pobres, que si el boquete fiscal, que es un mal necesario, que el paquete fiscal es “responsable y patriota”. El engaño es evidente. El Ejecutivo federal sigue parloteando sobre austeridad mientras la Oficina de la Presidencia solicita un aumento del 98 por ciento en su gasto para 2010, según publicó ayer el periódico Reforma.
La indignación es uno de los principales motores del Periodismo, y a través de él debería expandirse. Urgen cambios de fondo. Es común escuchar que un estallido social se acerca y a menos que “las instituciones” recuperen la cordura, el augurio podría consumarse.
miércoles, 24 de junio de 2009
Espantosas confesiones
“¿Hay periodistas aquí?” preguntó durante una reunión informal el candidato del PAN a la alcaldía de San Pedro Garza García, Nuevo León, uno de los municipios más ricos del país. Tras la respuesta negativa de los asistentes, el político aseguró -en un acto de verborrea incontrolable- que había pactado con narcotraficantes para mantener la paz y la seguridad.
Mauricio Fernández continuó con lo que después él mismo calificó de “espantosas confesiones”. Dijo que los hermanos Beltrán Leyva protegían la ciudad, que habían prohibido la entrada a “Los Zetas” y que sólo había que detener las “ventas obvias” de droga. Así consta en las grabaciones difundidas por Reporte Índigo y reproducidas por Carmen Aristegui en MVS Noticias.
La periodista entrevistó al declarante, quien también es empresario y trabajó para el poderoso Grupo Monterrey. Fernández negó sus dichos e iracundo despotricó contra Ramón Alberto Garza, director de Reporte Índigo. Argumentó que el responsable de esta revista electrónica estaba molesto por su negativa a firmar un contrato de publicidad. Ya lo dijo el columnista Miguel Ángel Granados Chapa: “como si Garza fuera un revistero extorsionador”.
La trayectoria de Ramón Alberto Garza incluye importantes posiciones en los periódicos de Grupo Reforma, en Televisa y El Universal. Sin embargo, el coraje del candidato lo llevó a demandarlo penalmente; la primera denuncia de su tipo contra un periodista que publica en Internet. “Si te muerde un perro, denuncias al dueño del perro”, explicó el panista.
La historia se repite: el político se equivoca pero la prensa es culpable. Esta coartada huele a podrido y nunca funciona, el caso Puebla es un antecedente directo. Los periodistas trabajan con dichos y hechos. Una investigación que probara el vínculo entre Mauricio Fernández y el cártel de los Beltrán Leyva hubiera sido complicada y laboriosa. En cambio, el candidato decidió regalar su desprestigio confiado en que a las palabras “se las lleva el viento”. ¿Y las grabadoras?
El episodio en Nuevo León pone en duda, nuevamente, la “Guerra contra el narcotráfico” y las declaraciones de Germán Martínez, líder nacional del PAN, quien niega pactos entre sus candidatos y el crimen organizado.
No estaría de más que las figuras públicas dominaran lo que el estratega Robert Greene ha llamado el arte de decir siempre “menos de lo necesario” en su libro “Las 48 leyes del poder”. A más palabras, mayor vulnerabilidad y como dijera Jean-Francois Paul de Gondi -político del siglo XVII- “es más perjudicial decir tonterías que cometerlas”.
sábado, 28 de febrero de 2009
TVCalderón
La información publicada por el periódico Reforma señala que la partida destinada a servicios de Comunicación Social y Publicidad de las dependencias federales, dispondrá de mil 791 millones de pesos. Esta cantidad es dos veces lo presupuestado para ese rubro el año pasado. La cifra es también cercana al “ahorro” de mil 912 millones que se proyectó tras la reducción del presupuesto a los partidos políticos, organizaciones ahora dependientes de los tiempos oficiales y de la cooperación democrática de los concesionarios.
El Estado utiliza inicialmente sus 48 minutos diarios en las estaciones de radio y televisión, pero siendo el IFE único administrador de ese beneficio durante las campañas políticas, las dependencias pagarán por sus spots en una clara compensación a las pérdidas millonarias que pusieron a temblar la relación mutuamente conveniente entre el presidente y las televisoras.
Los medios de comunicación fueron vitales desde el principio. Las denuncias de un fraude electoral provocaron que Calderón aceptara su cargo en condiciones inéditas: la ceremonia del relevo presidencial se adelantó, ocurrió a medianoche y se transmitió en cadena nacional. Cuando el extraño ritual en la pantalla mostraba a quien fuera el candidato del PAN recibiendo la bandera que le entregaba un cadete del Colegio Militar, quedó claro que el Ejército y la televisión serían los pilares de un gobierno que requería legitimarse socialmente.
Y así es. Calderón es un presidente en guerra y en la tele. ¿Qué sería de su imagen pública si Televisa no borrara digitalmente las pancartas contra él en los actos públicos? ¿Si diera entrevistas? ¿Si se permitiera cuestionarlo? ¿Si lejos de seleccionar los momentos más brillantes de un discurso que no escribió, la prensa abriera sus espacios al libre flujo de su genialidad?
Viene a mi mente un cartón publicado en la revista Proceso, en el número inmediato a la celebración de la Independencia en septiembre pasado. La imagen era del balcón principal en Palacio Nacional, una televisión ocupaba el lugar del presidente y en la pantalla, pequeño como suelen dibujarlo, Calderón daba el grito. La reconciliación será costosa e incluso forzada, sostienen algunos.
En un foro organizado por la Universidad Iberoamericana Puebla el lunes pasado, el periodista Jenaro Villamil sugirió que las televisoras tendrían en su poder grabaciones relacionadas al caso Mouriño que servirían en la negociación. Y aún descartando el chantaje, nos queda la presión. En todo caso, el célebre “apego a derecho” está de vacaciones.
