miércoles, 17 de febrero de 2010

Televisa vs. Multimedios

Lo último que viene a la mente cuando se piensa en un medio de comunicación “innovador, plural y crítico” es Televisa. Paradójicamente, un proyecto con estas características es la nueva apuesta del consorcio encabezado por Emilio Azcárraga Jean.

Admitiendo que los patrones de información cambian rápidamente, el presidente de Grupo Televisa apadrinó este lunes el inicio de transmisiones de FOROtv. Con la promesa de una mayor cercanía con la audiencia, este canal de televisión difundirá noticias las 24 horas del día, toda la semana.

Participarán comunicadores de primer nivel e intelectuales de innegable prestigio. Nombres como Rafael Cardona, José Carreño, Gabriela Warketin y Denise Dresser permiten suponer que la línea editorial contrastará abiertamente con los demás productos de la empresa.

Dresser, colaboradora de Proceso y catedrática del ITAM, criticó duramente a Televisa cuando Aristegui salió de W Radio. Ahora, la politóloga afirma que los espacios deben tomarse cuando se abren. Asegura también que no pretende achicar su conciencia ni adaptarla a la pantalla. Que así sea.

FOROtv será un éxito si el concepto original perdura. Cualquier intento de desviarlo o diluirlo culminará en un penoso fracaso. En el ámbito periodístico, la credibilidad se gana con esfuerzo sostenido y se evapora en cualquier momento.

El público meta del canal está definido por su ingreso y nivel de instrucción. Son televidentes que buscan permanentemente estar informados. Hablamos de empresarios, políticos, líderes de opinión, académicos y estudiantes que frecuentan las señales de CNN en Español, Telefórmula y Milenio Televisión.

El éxito de estos medios es directamente proporcional al respeto del segmento al que se dirigen. Los responsables de FOROtv sabrán ya que su público es inteligente y sensible en la detección de notas tendenciosas y críticas simuladas. La ausencia de estos vicios garantizará su permanencia.

Bernardo Gómez, vicepresidente de Noticieros Televisa, declaró que el proyecto pretende destronar a Milenio Televisión, canal de Grupo Multimedios que sin contar con el despliegue informativo y tecnológico de Televisa ha sabido hacer más con menos y se mantiene a la cabeza en ese nicho de mercado.

“Bienvenida la competencia”, escribió Carlos Marín en las páginas de Milenio diario. En su minúscula columna diaria, el director del periódico describió una tendencia que se ha confirmado en los últimos días: el acento de FOROtv es en el análisis y el de Milenio en la información.

Cuando un medio de comunicación es expulsado de su zona de confort está obligado a innovar. Si entendemos la relación medio-audiencia como un matrimonio o un noviazgo, la competencia siembra duda. Para retener a la pareja hay que volver a la fase de seducción, conquistar con detalles.

Se dice que el control remoto es un instrumento democrático. Difiero; no puede serlo mientras la oferta programática no considere a los televidentes en la certeza de controlar el espectro, cuando –volviendo al símil- el matrimonio está arreglado. En este caso, la amenaza del divorcio es la invitación a la mejora.

En la batalla por el rating, los competidores están obligados a demostrar su valía con pertinacia. Afortunadamente, en este jaloneo el principal beneficiado es el público.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Latinoamérica amenazada

Triste coincidencia la del martes pasado. La celebración del Día del Periodista en Colombia fue opacada por el cierre de la revista “Cambio”, medio de comunicación que se mantenía crítico a la presidencia de Álvaro Uribe.

Los colaboradores del semanario hablan de censura. La casa editorial asegura que la decisión obedece a razones económicas. En adelante, la revista prestará atención a temas “livianos” que atraigan a nuevas audiencias, se informó.

De esta forma, el periodismo de investigación se convierte en un “modelo de negocios” y los lectores en un “nicho de mercado”. Disculpe usted, la credibilidad no es rentable…

La noticia indignó al gremio periodístico colombiano que, paralelamente, denunció amenazas y acoso por parte de los organismos de inteligencia del Estado.

La asfixia a los medios críticos y la invasión del oficialismo son las principales amenazas al periodismo en Latinoamérica. Otro caso es Venezuela, donde un liderazgo que se dice democrático -y que al mismo tiempo jura su permanencia hasta el 2030- continúa suprimiendo libertades.

Hugo Chávez, quien hace unos días caminó por el centro de Caracas ordenando con ligereza la expropiación de varios edificios, sigue en controversia con Radio Caracas Televisión Internacional, emisora que salió del aire por “golpista” en mayo del 2007 y que el mes pasado fue eliminada de los sistemas de cable por negarse a transmitir mensajes gubernamentales.

Marcel Granier, dueño de la televisora, pidió esta semana la intervención de la Organización de Estados Americanos en defensa de la libertad de expresión. Por su parte, el presidente venezolano sacó un capricho más del sombrero: “De repente con Chávez”, un programa de radio sin horario fijo.

“Es de repente, a cualquier hora, pudiera ser a medianoche, de madrugada…” explicó el mandatario en la primera emisión. Esta infantil ocurrencia se agrega a la estrategia de medios encabezada por el programa televisivo “Aló Presidente” y la columna dominical “Las líneas de Chávez”. La fórmula es: menos crítica y más autopromoción.

México no contrasta con esta realidad ni es ajeno a ella. Colombia y Venezuela ofrecen símiles y posibilidades. Historias que, por desgracia, hemos escuchado o pronto viviremos.

El boicot económico al periodista José Gutiérrez Vivó en el sexenio de Vicente Fox, la salida de Carmen Aristegui de W Radio por “incompatibilidad editorial”, la suspensión discrecional de la publicidad oficial en revistas y los recientes despidos por censura en Notimex son hechos que apuntan en la misma dirección.

Las voces deberían multiplicarse, no reducirse. Nada más peligroso para un país que transita hacia la militarización que la centralización informativa. Esta tendencia se amplía con la ignorancia y encuentra en la parálisis social su mejor pretexto.

El estado actual del periodismo en Latinoamérica es preocupante. A la pobreza y la violencia imperantes se suma la reducción de libertades y de fuentes informativas.

A falta de una masa crítica con potencial transformador, sólo queda denunciar y concientizar. Esperar que la sociedad reaccione antes de que el retroceso sea tal que ya no pueda hacer nada al respecto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

"Volverse a morir"

Mirar, casi sin querer, la escena del crimen. Observar las paredes manchadas, los pasillos cubiertos de sangre, los envases vacíos del refresco para la fiesta. Imaginar el sufrimiento de quienes, sin deberla ni temerla, fueron asesinados.

Enterarse que eran jóvenes, estudiantes, que celebraban un cumpleaños y un éxito deportivo. Ver cómo la cifra de muertos asciende a 18 y se suma a las centenas de ejecuciones en el norte del país. Escuchar que en Chihuahua es la quinta masacre en los últimos dos años.

Preguntar, ¿y ahora qué?, ¿balaceras en guarderías?, ¿militares en las fiestas? Enojarse, exigir justicia. ¿Exigir?, ¿a quién?, ¿justicia? Oír a un comandante de la Policía Federal admitir que los sicarios burlaron sus patrullajes y sus filtros. Pensar: “Qué cinismo”.

Conocer, horas después, a un personaje que agrega signos de exclamación a la frase: José Francisco Javier Landero Gutiérrez, diputado federal del PAN. Perturbarse cuando el señor dice en el Congreso que si los jóvenes masacrados en Juárez estuvieran vivos para escuchar el debate sobre la seguridad en la frontera “les gustaría volverse a morir”.

Indignarse, desesperarse. ¡Qué cinismo! Escandalizarse cuando el torpe y ruin legislador agrega que “tal vez ya están mejor en otro lugar”. Cuestionar: ¿Tal vez?, ¿en otro lugar?, ¿en cuál? Concluir que las ofensas ya no sorprenden pero igual molestan.

Leer las reacciones del presidente Calderón desde Tokio. Enterarse que pretende “fortalecer” el esquema de seguridad en Juárez. Seguir preguntando: ¿No se había anunciado la retirada del Ejército?, ¿de qué sirve la “guerra contra el narcotráfico”?, ¿sostendrá el gobierno su discurso triunfalista?

Reírse. Recordar que las adicciones y la salud pública están fuera de la ecuación, que se trata de una estrategia de legitimación, de un negocio redondo. Acordarse de aquella máxima periodística que ordena “seguir el dinero” para encontrar la corrupción.

Confirmar que empresas estadounidenses son las principales beneficiarias de esta “guerra”. Bell, Dyncorp, Cessna, Harris y North Rop Grumman Corporation, publica El Universal. Saber que una investigación a fondo sería escandalosa. Lamentar que nunca tendría consecuencias legales.

Invocar a Carl Schmitt. Descubrir que el politólogo alemán estaba en lo correcto cuando decía que la política se reduce a la distinción entre amigos y enemigos. Recordar que, según Schmitt, los enemigos son necesarios para conservar la propia identidad y que su aniquilación es también la nuestra.

Reconocer que el país está ensangrentado por una guerra no sólo fallida sino inútil, como todas. Condenar la hipocresía: queremos paz pero aplaudimos la violencia si nos convencen con propaganda de que es necesaria. Reflexionar sobre el miedo como mecanismo de control.

Decir la verdad: Felipe Calderón necesita al narcotráfico para llamarse valiente. Denunciar: si las pretensiones de erradicar al “enemigo” fueran reales, ya se le habría asfixiado. Mostrar que la prohibición sólo incentiva al mercado negro y a las mafias, que el antagonismo es una fachada.

Sentir impotencia, rabia. Volver a las imágenes de la masacre. Entender que las culpas rebasan a los sicarios, que los jóvenes no merecían una muerte trágica. Apelar a la conciencia social. Deprimirse…

miércoles, 27 de enero de 2010

El circo de Cabañas

¡Qué rápido se indigna la sociedad con nimiedades! ¡Qué difícil que reaccione igual ante temas de verdadera trascendencia! El fenómeno mediático y social que generó la agresión al futbolista Salvador Cabañas está sobredimensionado. Tanto que no puede ignorarse como caso de análisis, aunque me avergüence otorgarle importancia.

Vacunándome contra los apasionados, aclaro que mis juicios sobre el tema no incluyen el desempeño deportivo del personaje en cuestión. No niego sus logros en la cancha o su vocación de ídolo; critico la exageración de los medios, la rumorología patente en la cobertura, el ajusticiamiento televisivo.

El noticiero conducido por Adela Micha en Galavisión fue pieza clave en el desarrollo de la historia. Desde el lunes 15 de enero, la emisión destacó el tema con un presumible abanico de géneros informativos: la cronología de los hechos, múltiples enlaces en vivo, el perfil del jugador, contexto, antecedentes y reacciones.

Y al día siguiente –agárrense Chapoy, Origel y compañía- “Las noticias por Adela” se convirtió en un programa de espectáculos. La transfiguración fue evidente cuando la conductora recibió vía telefónica y con cierta gravedad a “La Chiva”.

“¿A quién?”, se pregunta uno. No vaya a ser alguna personalidad efímera, algún ex participante de reality show. Pues sí, “usted la recuerda” dice Micha, quien aprovechó su contacto con la ganadora de “Big Brother 2” para obtener la estremecedora exclusiva: el agresor de Cabañas es el padre del hijo de “La Chiva”. ¡Lo que nos faltaba!

La revelación se sumó a los datos difundidos la noche anterior por el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera, quien se estrenó como narrador de videos de borrachos. Auxiliado por Joaquín López-Dóriga, el funcionario describió la secuencia captada por las cámaras de seguridad del bar donde sucedieron los hechos.

Las figuras televisivas suelen envalentonarse cuando los daños están calculados. Así sucedió con López-Dóriga quien exigió a Mancera la detención de los culpables. El conductor del noticiero estelar de Televisa sentenció: “Hay un clamor, usted lo sabe, basta ya de impunidad”.

Eso debió decirle a su entrevistado anterior, el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández, quien se presentó con motivo de la campaña “Estrellas del Bicentenario” para presumir las maravillas naturales de su estado y hablar de lo que llamó “el verdadero Tamaulipas”. Ni mencionar el primer lugar en corrupción educativa o los más de 250 mil campesinos en pobreza extrema…

En el México real, gente armada entra a los bares y sale despreocupada luego de jalar el gatillo, sí. Lamentablemente, la lista de ignominias en el país es tan larga que eclipsarla con el ataque a una figura pública es franca y abierta desinformación.

Millones de mexicanos viven tan disociados de la realidad que sólo reaccionan ante escándalos deportivos o del espectáculo (y finales de telenovela). Haití es caso aparte, y aunque la cobertura se justifique, quitó espacio a los temas nacionales.

Si en un día normal, por motivos de tiempo, la televisión se ve obligada a ignorar decenas de noticias, las últimas semanas han sido un infortunio periodístico. Si imaginamos el volumen de los datos que se omitieron por centrar la atención en Haití y luego en Salvador Cabañas, y agregamos a la imagen el aderezo patriótico del Bicentenario, intuiremos las dimensiones de una miseria informativa que a nadie preocupa.

miércoles, 20 de enero de 2010

El fenómeno Twitter

Las dimensiones de la tragedia en Haití no eran siquiera imaginables cuando los primeros datos comenzaron a circular. No fue en los portales de los periódicos o a través de las agencias noticiosas, sino en Twitter.

El “fenómeno de mayor crecimiento en Internet”, como lo describe el New York Times, fue también el sitio donde se crearon los primeros foros de discusión y comenzó a organizarse el envío de ayuda humanitaria.

Esta red social que permite publicar y responder mensajes de 140 caracteres se consolidó en los últimos días como una referencia obligada en materia informativa, incluso para los periodistas que después reportarían desde la isla.

Así sucedió con Carlos Loret de Mola, conductor de Noticieros Televisa. Horas antes de partir hacia Haití, el comunicador pidió en Twitter que le reenviaran los mensajes transmitidos desde el lugar de los hechos y se puso en contacto con un reportero local.

Ya iniciada la cobertura, Twitter siguió con las exclusivas. Desde Haití, los enviados de medios nacionales e internacionales compartían sus vivencias al momento. Por ejemplo, Jaime Guerrero de Televisión Azteca: “casi se arma la bronca, llegaron enviados gringos a quitarnos nuestro rincon de suelo.casi hay conflicto belico! faltaba mas los despachamos”.

Twitter es la nueva herramienta de quienes otorgan valor a la información. Este grupo debería incluirnos a todos. De hecho, México supera a Francia, España e Italia en número de usuarios. La lista está encabezada por Estados Unidos y Brasil.

El portal se ha popularizado como fuente de noticias. Tanto que los medios convencionales parecieran estar de sobra. Así lo creen cinco periodistas franceses que se encerrarán en una casa de campo los primeros cinco días de febrero. El objetivo de su experimento es informarse únicamente a través de redes sociales.

Es ahí, en Internet, donde se ventilan las controversias. Sucedió a inicios de año con las declaraciones homofóbicas de Esteban Arce en su informativo matutino en Televisa. La presión y la condena de los “twitteros” fue tal que Emilio Azcárraga tuvo que intervenir.

Hace unos días, el presidente de Grupo Televisa generó polémica al comentar en Twitter que Cuauhtémoc Blanco debería jugar en la primera división del fútbol mexicano. La declaración fue publicada en medios como El Universal.com.mx

Azcárraga es sólo uno de los influyentes que se han unido al servicio. En esta categoría destacan Eric Schmidt, presidente de Google, y Bill Gates, fundador de Microsoft, quien a unas horas de abrir su cuenta ya supera los 240 mil seguidores.

La influencia de este medio preocupa a las autoridades. Ocurrió recientemente en el Distrito Federal con la evasión del alcoholímetro por parte de usuarios que eran notificados en tiempo real sobre la ubicación de los puestos de revisión. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina ahora busca sancionar lo que calificó de “tonterías”.

Yo me resistí durante meses. Hace unos días, dejando atrás mis reticencias tecnofóbicas y abandonando los argumentos en contra de lo que juzgaba como una actividad innecesaria, ingresé a Twitter.

Desde ahí, aprovecharé la necesidad periodística de cuestionar permanentemente para lanzar preguntas al ciberespacio. La primera fue: “¿Por qué alguien que, como yo, consideraba a Twitter una pérdida de tiempo termina abriendo su cuenta?”. Este texto es la respuesta.

miércoles, 13 de enero de 2010

Aguafiestas

Del 2010 al 2012 el panorama para México es “muy desalentador”. Así lo califica un estudio publicado en La Carpeta Púrpura, medio digital especializado en análisis político y económico.

Elaborado a partir de la evaluación cuantitativa de seis escenarios paradigmáticos, el ejercicio pronostica que el país tendrá un bajo crecimiento económico y seguirá perdiendo autonomía. Las probabilidades se inclinan hacia un estancamiento. La sociedad, auguran los expertos, vivirá entre la desesperanza y el pesimismo.

En materia de seguridad pública, el riesgo estimado de que el narcotráfico se imponga y ejecute a líderes políticos es del 19.9 por ciento. Se prevé que continuarán los ajusticiamientos, las venganzas y los enfrentamientos. La posibilidad de que se gane la “guerra contra el narcotráfico” es sólo de 5.1 por ciento.

En oposición directa a este contexto, el optimismo presidencial inundó los televisores con el primer mensaje a la nación en lo que va del año. Con su expresividad característica –que desde el sarcasmo considero desbordante- el mandatario mexicano exhortó a celebrar con orgullo el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

Luego de invocar al espíritu festivo y al ánimo renovado, Felipe Calderón afirmó: “Somos un pueblo, cuya mayor riqueza y su principal orgullo es su gente” (sic). En pocas palabras, somos un país orgulloso de estar orgulloso.

No hay nada que celebrar. En eso coincido con Germán Dehesa, connotado columnista, quien escribió hace unos días que ningún país como México premia y celebra tanto la simple “durabilidad”.

Dehesa ilustró su punto hablando del pan repugnante de una panadería hipotética que nadie se animó a clausurar y que festeja en grande el inicio de su quinta década. “El chiste es que ya cumplió 50 años de hacer porquerías”, remató.

Las llamadas fiestas del bicentenario son como una borrachera sabatina: una exaltación inducida, una manifestación del despilfarro, una apuesta al olvido de las penas presentes en el recuerdo de glorias pasadas, una oportunidad para el exceso en tiempos de escasez.

Las fiestas del bicentenario son la droga de una sociedad desinformada que se aferra a la esperanza. Estimulante en sus efectos, altera la percepción aunque se trate de un placebo. Son como una cápsula vacía e innecesaria que no aporta al auténtico bienestar social.

Si todo esto fuera poco, son también una farsa insultante y patriotera. El último recurso de una clase política que se ve obligada a entretener el descontento mientras sigue repartiéndose al país. Una colorida distracción para la pobreza, la inseguridad y el desempleo.

El presidente Calderón ha dicho que “celebraremos con la dignidad y el orgullo de una Nación que se sabe libre, soberana y democrática”. ¿Libre, soberana y democrática? Lamento ser aguafiestas. Las razones del festejo no me convencen.

La libertad, condicionada. La soberanía, amenazada. La democracia, simulada. En México, quien busca salud, educación o justicia necesita dinero. Y dinero es lo que menos hay, pero no nos preocupemos; alcanzó para la fiesta…

miércoles, 6 de enero de 2010

Política: pasado y futuro

El Auditorio Nacional podría llenarse ocho veces con quienes exigen la renuncia del presidente Felipe Calderón en Facebook, la red social más popular en Internet. Además de evidenciar la popularidad de la causa o el repudio al personaje en cuestión, esta cifra representa el surgimiento de una forma de política que, paradójicamente, regresa desde la tecnología a sus orígenes.

El reto es agrupar a un millón de usuarios en el transcurso un mes. El experimento inició el 22 de diciembre y la respuesta ha sido extraordinaria: casi 5 mil mexicanos se unen por día. Y aunque la meta parece lejana, el ejercicio resulta valioso por tratarse de la manifestación virtual de un descontento real, un fenómeno incipiente que –en este y otros temas- amenaza con empoderarse en los años por venir.

El debate sobre temas públicos se trasladará paulatinamente a Internet. No hay medio más idóneo para conocer, evaluar, contrastar y comentar las ideas de otros. Esa es la esencia de la política. Opinar que ‘gobierno es igual a política’ es vivir en la ignorancia o el engaño.

Hannah Arendt, gran pensadora del siglo XX, estudió exhaustivamente el modelo de la polis griega a fin de rescatar la política en su versión más pura. Descubrió que en la antigua Grecia, el sentido de esta práctica era la libertad y que sus instrumentos eran las palabras y la persuasión.

“Solamente en la libertad de conversar surge en su objetividad visible desde todos lados el mundo del que se habla. Vivir en un mundo real y hablar sobre él con otros son en el fondo lo mismo”, escribió.

En México ese ‘mundo real’ es el de millones de pobres, el de la corrupción y la impunidad, el de una crisis cuyos efectos se agravan con el aumento de impuestos, el de una guerra que ha exacerbado lo que pretendía erradicar.

Por eso es digno de atención cualquier indicio de una sociedad con capacidad de indignarse, organizarse y exigir. Un fenómeno que se presumía extinto y que desde el silencio permitía toda clase de ignominias.

El grupo que desde Facebook pugna por revocar el mandato al presidente de la República es llamativo por la diversidad y numerosidad creciente de sus miembros. La calidad de las participaciones varía: hay quienes se desahogan insultando al mandatario, quienes generan propuestas y quienes se enfrascan en debates ideológicos.

Queda el antecedente, si no se logra el consenso. Hasta ahora se ha discutido la conveniencia de iniciar marchas y plantones, de buscar espacio en los medios de comunicación, de impulsar candidaturas ciudadanas, de organizarse por estados y presionar a legisladores.

Por razones técnicas y sociales, un movimiento de este tipo era impensable hace unos años. Si, como sugiere Hannah Arendt, la política es la búsqueda de la libertad, no puede florecer en el terreno estéril de la protección a intereses particulares típica del partidismo.

Internet es la nueva plaza pública, un lugar que -como el Ágora griega- representa un espacio propicio para la discusión de ideas entre ciudadanos que, sobra decirlo, tienen derecho a imaginar un futuro distinto.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Transición

¿Logró México transitar de un régimen autoritario a una verdadera democracia? Esta es la pregunta central del más reciente libro de Carmen Aristegui bajo el sello de Grijalbo. En casi 300 páginas, la periodista presenta una serie de entrevistas con personajes centrales de la vida nacional, quienes ofrecen sus memorias, percepciones y opiniones sobre el accidentado proceso de consolidación democrática en México durante las últimas décadas.

“Se dice que la entrevista es el género propagandístico por excelencia, pues se facilita al entrevistado el espacio para que diga lo que quiere decir. ¿Estás de acuerdo?, ¿o crees que el entrevistador tiene la capacidad de hacer que el entrevistado diga lo que él quiere escuchar?”

El párrafo anterior reproduce una de las preguntas que formulé a Aristegui en el marco de las reuniones de la Sociedad Interamericana de Prensa en octubre de 2006. En su respuesta, la periodista negó la carga mercadológica del género periodístico y precisó que el éxito de una entrevista radica en obtener la información que el entrevistado prefiere ocultar y escuchar aquella que desea difundir.

Las conversaciones compiladas en el libro, ilustradas con fotografías de Ricardo Trabulsi, demuestran el dominio de Aristegui en la técnica de mezclar ambos enfoques. Quizá para el lector resulte poco interesante escuchar a Manuel Bartlett exculparse por enésima vez de la caída del sistema en 1988, pero a cambio recibe las sorpresivas declaraciones del ex presidente Miguel de la Madrid, quien acusa de corrupción a su sucesor, Carlos Salinas de Gortari.

Fue precisamente Salinas quien el 13 mayo 2009 expresó en un comunicado su “dolor e indignación” por los términos y condiciones en que se había realizado la entrevista a de la Madrid. Al nombre de Carlos Salinas se suma el de Vicente Fox en la lista de personajes que, por cobardía supongo, no accedieron a ser entrevistados.

El político guanajuatense optó por redactar un texto donde narra sus inicios en la política y su odisea por “sacar al PRI de Los Pinos”. Ahí defiende a los hijos de Marta Sahagún y celebra que su compañera de vida sea una demócrata. Llegado el momento de discutir su sexenio, Fox precipita el tema con la frase que Aristegui califica de brevísima y desconcertante: “…y así pasaron los seis años”.

¿Se arrepiente la politóloga Denise Dresser de haber votado por la izquierda en 2006? ¿Por qué cree Manuel Bartlett que López Obrador es el único que puede detener una revuelta social? ¿Qué ex candidato presidencial llama “Barbie masculino” a Enrique Peña Nieto? ¿Se le antoja la presidencia de la República al ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente? ¿En que consistió la “asustadita” que según Manuel Espino, ex dirigente del PAN, le dieron en el rancho de los Fox? ¿Qué opinan de la democracia mexicana intelectuales como Roger Bartra, Carlos Fuentes, Lorenzo Meyer y Carlos Monsiváis?

Estas y otras interrogantes se disipan en las páginas de “Transición”. Una obra que invita a la reflexión en tiempos definitorios, un testimonio de los errores que han conducido al país al borde de un estallido. El cinismo y la impunidad son evidentes en los años repasados por Aristegui en su libro. Ahora toca a la memoria colectiva no perpetuarlos desde el olvido. De lo contrario, la respuesta a la pregunta que inicia este texto nunca será alentadora.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Diciembre loco

Intrascendente, aburrido y predecible. En materia noticiosa, diciembre suele ser un mes muerto. En estas fechas abundan los contenidos de temporada: la afluencia de vacacionistas a los principales destinos turísticos, las recomendaciones para evitar accidentes carreteros, las temperaturas gélidas, el registro de nevadas, los reportajes navideños y los recuentos anuales.

Las últimas semanas han superado por completo este patrón decembrino. Tanto que quizá se trate del mes más interesante del 2009 desde el punto de vista periodístico. Hablo de la propuesta de reforma política presentada por el Ejecutivo federal, la muerte del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva y la aprobación del matrimonio entre homosexuales en el Distrito Federal.

Inicio con el arranque presuntamente demócrata del presidente Felipe Calderón. El paquete de iniciativas enviado al Senado el mismo día que se clausuró el primer periodo de sesiones ordinarias pretende abrir espacios a las candidaturas ciudadanas, impulsar la reelección y fortalecer el vínculo entre los ciudadanos y el sistema político. Su aprobación implicaría también la eventual desaparición de algunos partidos y el otorgamiento de mayores facultades al Ejecutivo sobre el Legislativo.

La propuesta, que se discutirá formalmente hasta febrero, no fue presentada en el momento adecuado. Miguel Ángel Granados Chapa, connotado periodista, opina que la maniobra presidencial fue inoportuna si buscaba impactar a la opinión pública; efecto que difícilmente se logra a mediados de diciembre “cuando el escaso ánimo participativo decae notoriamente por la temporada festiva que está en curso y que no se interrumpe ni siquiera a causa de la profunda crisis que padece la sociedad mexicana”.

Es posible que, luego de analizarse en el Congreso, la iniciativa no se apruebe íntegramente. Para Calderón terminará convirtiéndose en una de esas medallas que les gusta portar a los ex mandatarios, como la que dice “transparencia” y que tanto presume Vicente Fox.

La tranquilidad festiva de estos días se vio interrumpida definitivamente la noche del miércoles 16, cuando fue anunciada la muerte del llamado “Jefe de jefes”, líder del cártel de Sinaloa, tras un enfrentamiento con fuerzas especiales de la Marina en el estado de Morelos. ¿Qué hacía la Marina en Cuernavaca? ¿Qué hacía un narcotraficante viviendo a unas cuadras de la Zona Militar?

La imagen difundida del cadáver ensangrentado de Beltrán Leyva, tapizado con billetes e imágenes religiosas, confirma la preocupante noción de justicia que se ha implantado en el país desde que inició la “Guerra contra el narcotráfico”. Un Estado que ejecuta sin juzgar imita la perversidad de sus enemigos. Esta regresión al porfirismo de “mátalos en caliente” no contempla ni los derechos humanos ni los cauces institucionales. Desafortunadamente, son los propios ciudadanos quienes desde la desesperación claman por estos métodos, especialmente en el norte del país.

Finalmente, en este recuento del diciembre loco, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal votó a favor del matrimonio y la adopción para personas del mismo sexo, un paso firme en la dirección de una legislación progresista e incluyente, un golpe certero a quienes pretenden gobernar un Estado laico con morales privadas y medievales.

Sin duda todo lo ocurrido este mes confirma que en México está surtiendo efecto la antigua maldición china que reza: “Ojalá vivas en tiempos interesantes”.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Y los medios locales?

El rol de la prensa local en México es inseparable de la situación imperante en el país. Sus virtudes, en este contexto, pasan necesariamente por la ventilación de controversias sociales y por la mediación ante las autoridades civiles. Si el gobernante en turno sólo actúa cuando los problemas han alcanzado la esfera pública, los medios son los mejores aliados de la ciudadanía.

Así lo han entendido los lectores, radioescuchas y televidentes que –dejando a un lado la pasividad inherente a su postura como receptores- intentan comprender el lenguaje y las inclinaciones de cada medio. Una manifestación, por ejemplo, recibirá mayor interés de la televisión si es visualmente atractiva. Un periódico de corte político, por otro lado, encontrará relevante la protesta si algún funcionario es acusado directamente.

Y aunque la prensa reconozca en su relación con la audiencia la única razón de su existencia, a menos que su continuidad esté garantizada por fuerzas superiores, son muchos los vicios que aún aquejan a lo que también se conoce como ‘periodismo de proximidad’.

La prensa local depende excesivamente de la nota del día, es decir, de la información generada diariamente por los actores políticos y sociales. La investigación es poca o nula, generalmente por la falta de reporteros especializados o de recursos para financiar su labor. Así pues, la oferta informativa termina condicionada por el desfile matutino de declarantes que privilegia los dichos sobre los hechos y que muchas veces no es trascendente o siquiera interesante.

Se ha perdido el sentido de la exclusiva. Son pocos los medios que buscan ganar la noticia. En parte, porque no existe una competencia real entre ellos y porque los reporteros trabajan en grupo. La manifestación más clara de este error es el monstruo de grabadoras y micrófonos que suele rodear a los políticos. Ese ‘monstruo’ es inflexible y torpe por naturaleza, no permite cuestionamientos incisivos y unifica los criterios.

Esto sin contar que en México las dependencias gubernamentales suelen sembrar y patrocinar a ‘periodistas cómodos’ (en este caso el adjetivo invalida al sustantivo). No obstante, incluso sin estar coludidos, hay quienes siguen pensando que la mejor pregunta que pueden hacerle a un funcionario es “¿Qué apoyos vino a entregar?”. En este punto, ofende más el propagandismo automático del informador que el asistencialismo electorero del servidor público.

En general, los medios de comunicación han sido invadidos por los administradores. Es comprensible que una empresa busque maximizar utilidades, pero si de dinero se trata, el oficialismo no es el mejor negocio. Al contrario, esta práctica aburre a la audiencia y abre una zanja entre ésta y el medio. Depender de un grupo selecto de benefactores cierra las puertas a una comercialización amplia y somete la línea editorial a los caprichos de unos cuantos.

Ningún proyecto periodístico madura como tal si es visto como un pretexto para la consecución de otros fines. Los retos de la prensa local son numerosos e incluyen la ampliación de su alcance a través de la Red, una mayor calidad en la producción de las notas, el impulso al periodismo de investigación y una verdadera competencia entre medios. Pero, ante todo, el redescubrimiento de su función social en un entorno que exige ajustes, cambios y reformas que serían imposibles sin la solidaridad de los medios.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sobre el Premio Nacional de Periodismo

El Club de Periodistas de México me distinguió este martes con el Premio Nacional de Periodismo 2009, honor compartido con comunicadores como Eva Golinger, Carmen Aristegui, Ana Lilia Pérez y académicos como Noam Chomsky, Lorenzo Meyer y John M. Ackerman.

El reconocimiento en la categoría de “Trabajo Periodístico Universitario” también lo recibió Juan Manuel Ramírez, colega en la realización del blog Notas UDLA, un proyecto de periodismo digital en la Universidad de las Américas Puebla. Este medio surgió como una propuesta multimedia ante el vacío informativo generado por la censura al semanario estudiantil “La Catarina”.

El jurado calificador, que evaluó 7 mil 281 trabajos, destacó en sus razones el “trabajo impecable” que evidenció la forma en que el rector Luis Ernesto Derbez antepone sus intereses a los de la comunidad universitaria, “vulnerando también los derechos humanos, laborales y académicos.”

La ocasión nos permitió hacer pública una reflexión sobre el estado del periodismo universitario en México, una práctica en peligro de extinción. Lo anterior –amplío ahora- se debe a la escasez de programas académicos que lo impulsen y a la inconveniencia que su práctica representa para las instituciones educativas.

Los medios estudiantiles de línea editorial independiente son cada vez menos. En su lugar, se distribuyen periódicos editados por las oficinas de Prensa con claras intenciones propagandísticas y aparentemente nadie nota la diferencia.

En este contexto, la vocación periodística de muchos jóvenes se desperdicia en la difusión de logros y “buenas noticias”. La investigación, la crítica y la incomodidad inherentes a un ejercicio informativo digno quedan fuera de la ecuación.

Luego, la versión complaciente y distorsionada del periodismo termina implantándose en la mente de los universitarios que, una vez fuera, están listos para reproducir boletines, ocultar datos y mendigar la aprobación de la autoridad en turno.

Hacer lo contrario representa un riesgo, dentro y fuera un campus. Los estudiantes son acusados de abaratar su título y los ciudadanos de despreciar a la Patria. La incomprensión y el reproche son la constante.

Ese riesgo acompaña la labor de muchos, que es el derecho de todos. La información ya no puede negarse, aunque siga ocultándose. En México el reto es mayúsculo pues impera la corrupción. Por eso, los motivos de un periodista en este país sólo se entienden –como escribí en la primera entrega de esta columna- desde “la peligrosa ignorancia o la verdadera vocación”.

Muchos han quedado en el camino. “Periodistas y más periodistas masacrados. Los muertos gritan y la justicia calla”, dijo en la ceremonia del martes Celeste Sáenz de Miera, secretaria general del Club de Periodistas. “Todo pasa y nada pasa”, reclamó.

Carmen Aristegui –quien recibió el premio en la categoría de “Entrevista”- comentó: “La impunidad es precisamente uno de los rasgos más trágicos de esta nuestra difícil transición a la democracia mexicana, si es que eso existe ya en estos momentos del país”.

El reconocimiento honra y compromete. Haberlo recibido se transformará en un recordatorio permanente de las cualidades deseables en mi labor periodística. El desafío apenas inicia y lo mejor está por venir.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Más trabajo, menos medios

El presidente Felipe Calderón debería reducir su presencia en los medios, aunque sus estrategas le recomienden lo contrario. El mandatario inicia la segunda mitad de su sexenio con una popularidad a la baja, una economía que no levanta y las manifestaciones cada vez más frecuentes del descontento generalizado en el país.

Para un político gris e ineficaz como él, cada minuto en televisión representa la posibilidad de fabricar atributos y generar simpatías. Así lo creyó durante años y ahora descubre su error. La falta de carisma y de resultados de gobierno no puede suplirse con tiempo aire. Al contrario, es de esperarse que cada minuto transmitido sea un suplicio para el televidente, una invitación al enojo.

56 por ciento de los mexicanos considera que el país va por “mal camino”, informó esta semana el periódico Reforma. Consulta Mitofski lo confirma revelando que la desaprobación al Ejecutivo federal es la mayor de su periodo. Además, Milenio publicó que en el último año se triplicó el número de personas que “de plano no confía” en Calderón y su equipo.

Promover al gobierno federal implica gastos enormes. Lo que no tiene precio es que, a pesar de la saturación mediática, nadie salve a Felipe Calderón de ser abucheado públicamente. Había sucedido en menor escala durante actos oficiales pero nunca como el 11 de noviembre en Torreón. Ese día, el Estado Mayor comprobó que es imposible contener a un estadio lleno. El presidente tuvo que sonreír: descubrió que cuando falla el audio queda la foto.

De poco sirvieron los horarios estelares y los noticieros complacientes. Comprar interés no lo hizo interesante. El personaje en cuestión no entusiasma aunque sus declaraciones sean la nota del día todos los días. Fueron inútiles los esfuerzos para posicionarse como salvador de la humanidad ante la epidemia o como el hombre “valiente” que combate al crimen organizado. Nada funcionó.

Aburrimiento total e indignación a tope. La larguísima entrevista difundida por Televisa la semana pasada con motivo de los tres primeros años de administración calderonista me permitió vivir en carne propia la agonía de miles de televidentes. Por la tranquilidad del país, el presidente debería retirarse de los reflectores para trabajar lejos de la exposición pública en la comodidad de su despacho. Eso le redituaría en términos de imagen.

Ahora que si la intención es incentivar el descontento y multiplicar las voces a favor de la revocación del mandato, el Ejecutivo está haciendo su parte. Es más, ha llegado la hora de invadir las pantallas, de secuestrar la programación con su gracia y brillantez. Si en el 2006 Paty Chapoy lo nombró su “gallo”, ¿por qué no regresar a esas emisiones que lo acogieron como candidato?, ¿por qué no apelar a la credibilidad de comunicadores que igual venden gobernadores que detergentes?

Es tiempo de definiciones. Si se pretende mejorar la relación del gobernante con sus gobernados, urge cambiar la estrategia. No hacerlo demostrará en los hechos la terquedad y la sordera suficientes para que la opinión pública mantenga su castigo al presidente. Propongo entonces más trabajo y menos medios. Las consecuencias de invertir la fórmula están a la vista de todos.