miércoles, 2 de marzo de 2011
El veto de Slim
miércoles, 19 de enero de 2011
Periodistas de chocolate
La credibilidad es el oxígeno del periodismo. Un periodista sin credibilidad no tiene razón de existir, es un desinformador, un parásito del gremio. Un periodista sin credibilidad es como un cantante sin voz. Así de trágica es la situación de quienes pretenden ser líderes de opinión al tiempo que son incongruentes o mentirosos. Por eso preocupa más la participación de las figuras noticiosas en el show del marketing. ¿Por qué la persona que da las noticias vende, por ejemplo, ungüentos y píldoras de dudosa eficacia? ¿Se vale que primero nos informe y luego nos venda?
Lo pregunto porque este fenómeno tiende a incrementarse. Amenaza con abarcar todos los productos y servicios; la política incluida. No hablo de los conductores de televisoras locales que se rentan como maestros de ceremonias, sino de las figuras nacionales que terminan trabajando para algún político a quien deben elogiar en actos públicos, al tiempo que hacen bromas sobre su papel de informadores. Eso le pasó a Jorge Zarza, conductor de Hechos Meridiano en TV Azteca.
Lunes 17 de enero, Polyforum Siqueiros, Ciudad de México. Mariana Gómez del Campo, coordinadora del PAN en la Asamblea Legislativa, contrató a Jorge Zarza para amenizar su primer talk-show con pretexto de su informe de labores. No es que le tuviera fe a Zarza, ni que que me haya sorprendido, pero la escena fue grotesca y merece comentarse. La veremos cada vez más rumbo a 2012, con diferentes protagonistas pero el mismo propósito.
El señor periodista la hizo de porrista y moderador. Él leía “las preguntas del público”, mientras el público escuchaba atentamente. Entre ellos dirigentes partidistas, funcionarios y secretarios de Estado. Zarza se hizo el chistoso y eligió las preguntas “candentes”, según él “para que suba el rating”. Y así hasta terminar alabando la actitud de su interlocutora, quien además se destapó como candidata al gobierno del Distrito Federal.
“Dicen que nacimos con dos oídos y una sola boca, por algo será, porque tenemos que escuchar mucho más de lo que a veces hablamos. Hoy Mariana ha dado una lección de escuchar, de escuchar a los ciudadanos”. Dicen que la esencia del periodismo es la incomodidad, la profesión existe como contrapeso del poder. Ese es su rol en una sociedad democrática. Por eso, el acto de entregarse a la apología resulta antidemocrático y denigrante.
Para gran parte del público no hay diferencia entre un conductor de noticias y un periodista. Aprovechar esto para alquilarse a las grandes empresas o a la clase política, es un suicidio profesional. Se llenan de billetes pero deprecian su valor, al vender su credibilidad se destruyen ellos mismos. Se vuelven de chocolate.
miércoles, 12 de mayo de 2010
La prensa y los legionarios
Hace 13 años la televisión mexicana difundió los primeros testimonios contra Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. El programa que CNI Canal 40 transmitió el 12 de mayo de 1997 escandalizó a funcionarios federales y a prominentes empresarios que conspiraron para asfixiar el proyecto.
A finales de los noventa, los acusadores de Maciel tenían al mundo en su contra. El sacerdote michoacano –protegido del papa Juan Pablo II- era considerado un “santo” por miles de católicos. Los miembros de la congregación y los egresados de su sistema educativo lo defendían ciegamente desde posiciones estratégicas.
La decisión editorial de CNI estuvo sometida a grandes presiones. “Había amenazas directas de dos empresarios, Roberto Servitje, de Bimbo, y Alfonso Romo, metido en ese entonces en cigarreras y en la bolsa, que si se transmitía el programa, habría un boicot publicitario”, explica el periodista Raymundo Riva Palacio. La medida estaba respaldada por Los Pinos.
Canal 40 no se recuperó de ese golpe financiero. Después vino el pleito con TV Azteca y la toma ilegal de sus instalaciones en el Cerro del Chiquihuite. El tiempo dio la razón a quienes arriesgaron su trabajo y su prestigio para denunciar las atrocidades de Maciel. Ciro Gómez Leyva es uno de ellos. Algunos más lo acompañan en el equipo que actualmente da vida a Milenio Televisión.
Aquel 12 de mayo se escucharon voces como la de José Barba. La historia del ex legionario y académico es a la fecha uno de los testimonios más lúcidos y desgarradores sobre el tema. José Barba no niega su fe pero exige justicia. Es uno de los muchos que fueron ignorados y después acusados de locura o perversidad.
Hoy se les considera probables víctimas de un delito. Este es un avance atribuible a los medios. El caso Maciel es tan grave que ningún periódico o noticiero pudo omitirlo. Algunos retrasaron la cobertura y otros insisten en ella, pero ninguno la ignora… incluyendo el semanario que edita la Arquidiócesis.
Ni en sus épocas más sanguinarias y corruptas, la Iglesia Católica había padecido una crisis como esta. Nunca antes se había puesto tan insistentemente en duda la verdadera fuente de su poder: la credibilidad. ¿Por qué creer en una organización que actúa como guardián de la moral universal pero protege a violadores de niños? ¡Que responda Benedicto XVI!
El escándalo logró perturbar la serenidad papal. El silencio ante la controversia se volvió pena, luego disculpa y finalmente auto reproche. Benedicto XVI declaró esta semana que los verdaderos enemigos de la Iglesia están dentro de ella. Y aunque llevaran siglos ahí, la confesión es digna de reconocimiento por venir de una institución que podríamos considerar de ‘lento aprendizaje’.
Los temas prohibidos explotan con el tiempo. Hablar de ellos requiere valentía cuando no están en boca de todos. Por eso el buen periodismo es visionario y atrevido. Por eso la prensa libre huele a inconformidad, porque las vergüenzas del presente no deben ignorarse por el bien del futuro.
miércoles, 7 de abril de 2010
Paulette
Con el cuerpo de la niña Paulette Gebara Farah se enterró también el lado humano del caso. Y aunque las investigaciones de su extraña muerte continúen, el proceso judicial es insuficiente para mantener vivo el tema en los medios.
No sólo porque el sigilo legal bloquea gran parte de la información sobre el tema, sino porque la Procuraduría del Estado de México no parece interesada en resolver el tema en el corto plazo. Las odas a la “ciencia” suplican paciencia. No habrá culpables en los próximos meses, a menos que haya sorpresas.
Si los hay será muy tarde. Lo suficiente para que el caso haya sido olvidado por la opinión pública. En los archivos de la desmemoria, Paulette ocupará un lugar junto a Diego Santoy “El asesino de Cumbres” y otros personajes surgidos de la magnificación televisiva que siempre caduca.
¿En algún punto la historia fue relevante? La desgracia familiar de una hija perdida nunca se cuela a los titulares y las primeras planas de la prensa nacional. ¿Por qué un rostro que podría aparecer en “Canal 5 al servicio de la comunidad” se coló al horario estelar?
Las conexiones del padre y la santa inactividad de un periodo vacacional son las respuestas. En realidad, el asunto explotó el día que se descubrió el cadáver de la niña en su habitación. Esto pese a que la madre había sido entrevistada en varias ocasiones sobre la cama de la menor.
En ese punto se mezclaron fuertes factores de interés: la intensidad de la indignación social, la morbosidad de la especulación, la fuerza de la nota roja y el fisgoneo ante la descomposición de la élite.
Los mexicanos son directores técnicos de nacimiento y ahora expertos en criminalística. La madre de Paulette se convirtió de un día para otro en una asesina, en un monstruo, en una mala actriz. Del padre nunca se habló porque su estrategia fue diferente: su único mensaje a los medios ocurrió el día del velatorio.
En las redes sociales en Internet circularon versiones en torno a la ropa con la que se encontró el cadáver de la pequeña: presuntamente aparecía doblada sobre la cama en imágenes difundidas días antes por Televisión Azteca. Twitter y Facebook se convirtieron en juzgados.
Se dijo también que el caso Paulette fue el primer torpedo contra Enrique Peña Nieto rumbo al 2012. Sin embargo, la tragedia de los Gebara Farah dista mucho de comprometer al gobernador del Estado de México, quien se limitó a respaldar a su procurador. Por el contrario, el caso es un excelente distractor.
Se consolida un subgénero televisivo: el reality judicial. Así lo considera Jenaro Villamil de la revista Proceso: “simula un periodismo de investigación en torno a un homicidio, un secuestro o algún delito que cimbre las emociones de las audiencias”, explica el periodista.
Como consumidor de noticias rechacé el tema. Como periodista tuve que subirme a él cuando participé en la cobertura. Agradezco que haya concluido y espero que pronto se rompa el círculo vicioso entre quienes comunican a partir de un supuesto interés y quienes terminan interesados porque es lo único de lo que se habla.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Política farandulera
Millonarias. Así son las cuentas bancarias de los clientes y las ganancias de un negocio que rara vez se completa en su sentido más amplio. Decir que está “de moda” es subestimarlo, atribuir a su influencia la elección cargos públicos es razonable.
La compra de “avales” surgidos del medio del espectáculo por parte de políticos y empresarios está en auge. En tiempos de la voracidad publicitaria, una cara conocida y una sonrisa Colgate son los únicos requisitos para personificar a la confianza.
Los ejemplos sobran. En estos días abundan los comerciales de Itatí Cantoral con el gobernador de Hidalgo. También hemos visto a Lucero promoviendo al gobierno del Estado de México, a Ernesto Laguardia convertido en porrista del mandatario chihuahuense y a un par de actores que, por la magia del contrato, descubrieron su vocación ecológica.
En cualquier diccionario, las acepciones de la palabra “aval” presuponen la existencia de dos entidades: la principal u obligada y la que responde por la primera. El problema surge cuando se fija el precio a un respaldo inexistente.
‘Te presto mi imagen, pero no me hago responsable’. O como diría Raúl Araiza -uno de los actores ecologistas- da igual si es Coca-Cola o Marinela. Tú dame el guión y yo lo digo sonriente, vendo cualquier cosa… pero paga.
Prostitución. ¿De qué otra forma puede clasificarse el giro de agencias como Imagen y Talento Internacional? Esta empresa, se sabe ahora, es el centro de la controversia entre Televisa y su socio Simón Charaf, dueño del infame Bar Bar.
Hace justamente una semana, Charaf fue entrevistado por Carmen Aristegui en MVS Noticias. Ahí denunció que la cobertura de la televisora de Emilio Azcárraga al caso del futbolista Salvador Cabañas pretende arrebatarle el 49 por ciento de una sociedad que administra “el talento” de casi 100 cantantes, actores y conductores.
Las filas de Imagen y Talento Internacional incluyen a figuras de la farándula, las telenovelas y hasta los noticieros. En esta última categoría destacan nombres como Leonardo Kourchenko, Carlos Loret de Mola, Adela Micha y Lolita Ayala. No sorprende que algunos ‘periodistas’ vendan “crema rosita” o “información que cura”.
En el fondo, la pregunta no es por qué Carmen Salinas vende bálsamos tibetanos o por qué los médicos y dentistas de los comerciales tienen voz de locutores. El tema es la credibilidad y la tolerancia al engaño.
Lo vimos en el año 2000 con el apoyo de celebridades como Chespirito y Eric del Castillo a Vicente Fox. En el 2006 con los elogios a Felipe Calderón por parte de Francisco “Kikín” Fonseca, Erika Buenfil y Fernando Sariñana. ¿Y su candidato? Bien, gracias.
El “aval” no funciona como tal porque la regulación publicitaria lo permite y porque la ética del medio del espectáculo no existe o se compra fácilmente. A estas alturas, creer en los avales es un acto de fe que patrocina todo tipo de fraudes.
Así ocurrió con Erick Guerrero Rosas, comentarista del noticiero de Javier Alatorre en Televisión Azteca. El analista aprovechó su proyección para vender su apoyo a una firma de inversión inmobiliaria que después estafó a miles de personas en varias ciudades del país. Seguro duerme como angelito…
El pleito entre Azcárraga y Charaf es entendible. El negocio que se disputan generará importantes dividendos en los próximos años. La política tiende al espectáculo y mientras la farsa sea rentable, las revistas de cualquier sala de espera son el catálogo de sus mejores aliados… o futuras esposas. Si no, pregúntenle a Peña Nieto o a César Nava.
miércoles, 20 de enero de 2010
El fenómeno Twitter
El “fenómeno de mayor crecimiento en Internet”, como lo describe el New York Times, fue también el sitio donde se crearon los primeros foros de discusión y comenzó a organizarse el envío de ayuda humanitaria.
Esta red social que permite publicar y responder mensajes de 140 caracteres se consolidó en los últimos días como una referencia obligada en materia informativa, incluso para los periodistas que después reportarían desde la isla.
Así sucedió con Carlos Loret de Mola, conductor de Noticieros Televisa. Horas antes de partir hacia Haití, el comunicador pidió en Twitter que le reenviaran los mensajes transmitidos desde el lugar de los hechos y se puso en contacto con un reportero local.
Ya iniciada la cobertura, Twitter siguió con las exclusivas. Desde Haití, los enviados de medios nacionales e internacionales compartían sus vivencias al momento. Por ejemplo, Jaime Guerrero de Televisión Azteca: “casi se arma la bronca, llegaron enviados gringos a quitarnos nuestro rincon de suelo.casi hay conflicto belico! faltaba mas los despachamos”.
Twitter es la nueva herramienta de quienes otorgan valor a la información. Este grupo debería incluirnos a todos. De hecho, México supera a Francia, España e Italia en número de usuarios. La lista está encabezada por Estados Unidos y Brasil.
El portal se ha popularizado como fuente de noticias. Tanto que los medios convencionales parecieran estar de sobra. Así lo creen cinco periodistas franceses que se encerrarán en una casa de campo los primeros cinco días de febrero. El objetivo de su experimento es informarse únicamente a través de redes sociales.
Es ahí, en Internet, donde se ventilan las controversias. Sucedió a inicios de año con las declaraciones homofóbicas de Esteban Arce en su informativo matutino en Televisa. La presión y la condena de los “twitteros” fue tal que Emilio Azcárraga tuvo que intervenir.
Hace unos días, el presidente de Grupo Televisa generó polémica al comentar en Twitter que Cuauhtémoc Blanco debería jugar en la primera división del fútbol mexicano. La declaración fue publicada en medios como El Universal.com.mx
Azcárraga es sólo uno de los influyentes que se han unido al servicio. En esta categoría destacan Eric Schmidt, presidente de Google, y Bill Gates, fundador de Microsoft, quien a unas horas de abrir su cuenta ya supera los 240 mil seguidores.
La influencia de este medio preocupa a las autoridades. Ocurrió recientemente en el Distrito Federal con la evasión del alcoholímetro por parte de usuarios que eran notificados en tiempo real sobre la ubicación de los puestos de revisión. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina ahora busca sancionar lo que calificó de “tonterías”.
Yo me resistí durante meses. Hace unos días, dejando atrás mis reticencias tecnofóbicas y abandonando los argumentos en contra de lo que juzgaba como una actividad innecesaria, ingresé a Twitter.
Desde ahí, aprovecharé la necesidad periodística de cuestionar permanentemente para lanzar preguntas al ciberespacio. La primera fue: “¿Por qué alguien que, como yo, consideraba a Twitter una pérdida de tiempo termina abriendo su cuenta?”. Este texto es la respuesta.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Más trabajo, menos medios
Para un político gris e ineficaz como él, cada minuto en televisión representa la posibilidad de fabricar atributos y generar simpatías. Así lo creyó durante años y ahora descubre su error. La falta de carisma y de resultados de gobierno no puede suplirse con tiempo aire. Al contrario, es de esperarse que cada minuto transmitido sea un suplicio para el televidente, una invitación al enojo.
56 por ciento de los mexicanos considera que el país va por “mal camino”, informó esta semana el periódico Reforma. Consulta Mitofski lo confirma revelando que la desaprobación al Ejecutivo federal es la mayor de su periodo. Además, Milenio publicó que en el último año se triplicó el número de personas que “de plano no confía” en Calderón y su equipo.
Promover al gobierno federal implica gastos enormes. Lo que no tiene precio es que, a pesar de la saturación mediática, nadie salve a Felipe Calderón de ser abucheado públicamente. Había sucedido en menor escala durante actos oficiales pero nunca como el 11 de noviembre en Torreón. Ese día, el Estado Mayor comprobó que es imposible contener a un estadio lleno. El presidente tuvo que sonreír: descubrió que cuando falla el audio queda la foto.
De poco sirvieron los horarios estelares y los noticieros complacientes. Comprar interés no lo hizo interesante. El personaje en cuestión no entusiasma aunque sus declaraciones sean la nota del día todos los días. Fueron inútiles los esfuerzos para posicionarse como salvador de la humanidad ante la epidemia o como el hombre “valiente” que combate al crimen organizado. Nada funcionó.
Aburrimiento total e indignación a tope. La larguísima entrevista difundida por Televisa la semana pasada con motivo de los tres primeros años de administración calderonista me permitió vivir en carne propia la agonía de miles de televidentes. Por la tranquilidad del país, el presidente debería retirarse de los reflectores para trabajar lejos de la exposición pública en la comodidad de su despacho. Eso le redituaría en términos de imagen.
Ahora que si la intención es incentivar el descontento y multiplicar las voces a favor de la revocación del mandato, el Ejecutivo está haciendo su parte. Es más, ha llegado la hora de invadir las pantallas, de secuestrar la programación con su gracia y brillantez. Si en el 2006 Paty Chapoy lo nombró su “gallo”, ¿por qué no regresar a esas emisiones que lo acogieron como candidato?, ¿por qué no apelar a la credibilidad de comunicadores que igual venden gobernadores que detergentes?
Es tiempo de definiciones. Si se pretende mejorar la relación del gobernante con sus gobernados, urge cambiar la estrategia. No hacerlo demostrará en los hechos la terquedad y la sordera suficientes para que la opinión pública mantenga su castigo al presidente. Propongo entonces más trabajo y menos medios. Las consecuencias de invertir la fórmula están a la vista de todos.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Del alarmismo al miedo
Las escenas captadas por las cámaras de vigilancia pudieron reservarse para la investigación pero fueron presentadas a la prensa. Ocultar información hubiera sido peor y por ello la reacción es comprensible. El verdadero dilema ético debió surgir, entonces, al interior de los medios: ¿transmitir o no el material?, ¿editarlo o exhibirlo íntegramente?, ¿cuáles son las implicaciones de esta decisión?, ¿cómo justificarla?
Esta discusión sobre los límites de lo visible y lo decible tiene antecedentes. Uno de los más importantes fue la transmisión en vivo del linchamiento de tres policías federales en la delegación Tláhuac en el año 2004. Otro episodio, considerado un hito por los analistas de medios, fue la defensa que TV Azteca hizo de su amarillismo luego de mostrar en pantalla el cuerpo ensangrentado del conductor Paco Stanley, asesinado en junio de 1999.
En ambos casos, la naturaleza perturbadora de la información fue su única excusa. Lo mismo ocurrió con el asesino del Metro Balderas. El suceso difícilmente podía ignorarse pero el tratamiento informativo evidenció, nuevamente, la prevalencia del sensacionalismo sobre la seriedad. Como suele suceder, la prensa mexicana optó por la rentabilidad del alarmismo. Faltó profundidad y responsabilidad en el análisis.
En su más reciente libro, los investigadores Marco Lara Klahr y Francesc Barata denuncian que algunos vicios de la “nota roja” son, precisamente, la dramatización y la descontextualización. En este sentido, convendría que los periodistas aprendieran a identificar estos defectos antes de entregarse a la cobertura simplista de acontecimientos cuya resonancia es previsible.
La dramatización, aunque sutil, es más identificable que la descontextualización. Al respecto, los autores abundan: “Los delitos, las agresiones y la mayoría de las transgresiones que entran en conflicto con el sistema penal tienen más que ver con las injustas estructuras sociales que con las personalidades patológicas”. Aplicada al caso del Metro Balderas, esta interpretación ampliaría el hecho hasta sus causas, ubicaría al asesino en su contexto.
¿Cuál contexto? El que se maquilla en la mayoría de los medios, el que la revista Proceso describió como “Brotes de hartazgo social” en la portada de su número 1716. Las razones del asesino del Metro no se entienden sin el desempleo, la pobreza o la ineficacia gubernamental. Tampoco pueden aislarse de la serie de hechos violentos que suceden a diario en México y que alimentan la idea de riesgo constante que, a su vez, tiene atemorizado al país.
Rafael Vidal, académico de la Universidad de Sevilla, señala que la activación del miedo, producto de la construcción del “otro” como enemigo y, por lo tanto, como amenaza, “siempre ha constituido una fuente primordial de autoridad”. Si, como sostuve al inicio, el pavor es inevitable, ¿sería posible que, desde ese impulso, la reacción social fuera diferente? ¿Menos primitiva y más inteligente? La crisis actual tiene el potencial de esclavizarnos o liberarnos, todo depende, insisto, de la profundidad y la responsabilidad del análisis. Esto último, inicia con un manejo profesional y ético de la información.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Celebración forzada
El 15 de septiembre es una fecha de cualidades estáticas. Ha permanecido en el tiempo como una noche colorida de gozo patriótico, pese al conjunto de eventos que podrían oscurecerla. El molde de esta verbena incluye también a los medios de comunicación. Ese día, la novedad es lo de siempre porque no hay tradición sin repetición. Y aunque la violencia rampante no distinga efemérides, la versión difundida será de paz y de unidad; últimamente más por consigna que por descripción.
Hace un año, mientras dos granadas explotaban en la plaza principal de Morelia, la televisión nacional era pura diversión. Televisa y Televisión Azteca ignoraban el hecho como si la maquinaria informativa que suelen presumir sufriera de parálisis momentánea. La exclusiva fue de Cadena Tres, un canal que hizo más con menos recursos. La programación se interrumpió y los micrófonos se abrieron a la confusión que reinaba en la capital michoacana.
Sin enjuiciar la especulación inherente a la transmisión en vivo de un suceso de esta naturaleza, con tantas interrogantes y cabos sueltos, el esfuerzo periodístico resultó loable. Aún más, tras el ejercicio de un simple zapping que demostraba el doloroso contraste entre la realidad y el circo: la tragedia por un lado y la celebración forzada por el otro.
El martes pasado, cuando políticos de dudosa representatividad y cuestionable calidad moral agitaban sonrientes el lábaro patrio frente a sus gobernados en todos los rincones del país, descubrí que la lucha por la libertad se pierde cuando termina, cuando la certeza de la victoria anestesia la percepción y abre paso a la desidia que, a su vez, patrocina el retroceso y amenaza los logros alcanzados.
La paradoja mexicana encuentra en el festejo su desgracia. Sólo ahí, en la comodidad de una soberanía asegurada y de una independencia que no requiere ajustes posteriores, habrá de perderse lo ganado. La información es un factor clave para revertir esta tendencia. La sociedad difícilmente saldrá del letargo si continúan ocultándosele datos que, para otros, explican el sentido de urgencia y el llamado a la movilización.
Los actuales son tiempos violentos que justifican la militarización de las calles, de hoyos financieros que requieren de impuestos a los pobres para ayudar a los pobres, de simulación para minimizar la crisis. El ánimo triunfalista, sello de estas fechas, puede esperar a épocas mejores, e incluso entonces, bajar la guardia sería riesgoso.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Periodismo golpeador
La subasta de titulares, producto de una agenda negociable, debe detenerse. Nada perjudica más a la prensa libre que el lloriqueo de los comunicadores que se convierten de un día para otro en ardorosos defensores del derecho a la información cuando sienten amenazada su posición o cuando su principal benefactor decide retirarles el apoyo que los mantenía en la más cómoda docilidad.
Algunos informadores se entregan al periodismo golpeador por necesidad o ignorancia. Ambos factores se atacan desde la profesionalización. Si todo lo que puede aprenderse está “en las calles” como suelen sostener los reporteros empíricos, existe la posibilidad no sólo de ignorar nociones elementales sino de limitar los conocimientos y las habilidades que les permitirían el acceso a empresas de alcance nacional o internacional que, por su naturaleza, ofrecen mejores condiciones.
Aunque por su cualidad impositiva genere rechazo, la regulación de la prensa es otra opción. En el caso mexicano, esta propuesta encontraría dos grandes problemas: la desconfianza en las instituciones y una clase política excesivamente partidista. Estos inconvenientes podrían superarse con un auténtico debate público y una legislación diseñada minuciosamente por expertos, sin ambigüedades ni espíritu vengativo.
La necesidad irá creciendo hasta volverse urgente. Tarde o temprano, pero quizá sólo cuando se sientan desafiados, los legisladores deberán asumir el costo político de reformar las leyes que han permitido la concentración de los medios de comunicación y la multiplicación de los agravios a una sociedad que debería tener derecho a la pluralidad informativa.
El caso de Argentina es ejemplar. La propuesta para una nueva ley de medios, impulsada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha generado innumerables críticas desde los grupos monopólicos que controlan la televisión y que ahora pretenden paralizar al país. Sin embargo, la mandataria sigue firme en su convicción de que los ciudadanos merecen escuchar todas las voces y pretende abrir nuevos canales para universidades, sindicatos, iglesias y organizaciones no gubernamentales.
Desde este espacio hago pública mi esperanza de que algún día podamos reír juntos al recordar los tiempos en que México era controlado por el duopolio televisivo y las mafias mediáticas. Ese día, nos llamaremos sobrevivientes pero también visionarios.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Segunda opinión
Existe una relación directa entre información y decisión. El hombre de negocios, por ejemplo, habrá de analizar detalladamente el mercado, la competencia, el marco legal y la estabilidad económica si pretende disminuir el inevitable riesgo de invertir. Este esquema se repite en casi todos los ámbitos. Así pues, en un país como México -donde la principal fuente de información es la televisión- resulta preocupante que la “segunda opinión” sea idéntica a la primera y que las opciones terminen ahí.
Televisa y Televisión Azteca conforman lo que algunos llaman “el duopolio televisivo”. En sus canales concentran no sólo a la mayoría del público sino la única versión disponible de la realidad para millones de mexicanos porque, en la práctica, suelen repetir el mensaje aunque modifiquen las formas. La aparente competencia entre emisoras podría reducirse a un asunto de caras y colores.
La concentración de medios de comunicación no le conviene a nadie fuera de los concesionarios y del gobierno. Los ciudadanos, aunque desconozcan los riesgos históricamente comprobables de la centralización informativa, no deberían ignorar que el Estado está obligado a garantizar la libertad de elegir. Este derecho, pieza fundamental del liberalismo teórico, pasa necesariamente por la libertad de asociación y de prensa.
Cuando el Estado, en lugar de promover una opinión pública informada, limita las fuentes de información y negocia con las existentes una línea editorial complaciente, no está defendiendo a la ciudadanía sino los intereses personales y políticos de quienes supuestamente deberían representarla. Así es como se transita hacia el totalitarismo y se le financia indirectamente con el erario.
Reducir la cobertura informativa o dirigirla hacia temas cómodos pone en peligro la integridad gubernamental. La prensa libre es clave para controlar la corrupción, señala Paul Starr, investigador en Comunicación y Asuntos Públicos de la Universidad de Princeton. “Decir que la corrupción brota más fácil cuando los que tienen el poder no le temen a quedar expuestos no es una simple especulación”, sostiene el catedrático.
La televisión oculta más de lo que informa. Una sociedad conformista que replica una visión parcial de la realidad, patrocinada por la administración en turno con fines propagandísticos, atenta contra su libertad sin saberlo. Es necesaria una mayor diversidad de voces. Habrá que exigirlas porque en asuntos nacionales, incluso una auténtica “segunda opinión” sería insuficiente.
miércoles, 29 de julio de 2009
Declaraciones invertidas
Nelson Vargas se equivocó cuando, ese mismo día, fue entrevistado de forma extrañamente simultánea en los informativos nocturnos de Televisa y TV Azteca a nivel nacional. El empresario que sufrió el secuestro y muerte de su hija lamentó que el país se esté desmoronando. Sin embargo, invitó a la sociedad a confiar en las autoridades, en el presidente. “Si no ¿en quién creemos?”, preguntó.
En nadie, respondería yo, menos en un político. ¿Quién fue el último en ganar nuestra confianza y en qué terminó la historia? La necesidad de “creer en alguien” invocada por Vargas es el negocio de unos y la desgracia de otros.
Tras numerosas decepciones y a partir del ejercicio periodístico, he descubierto que la verdad en las declaraciones de un político se encuentra en la inversión de su sentido. Como en toda regla hay excepciones, pocas y honrosas. Lamentablemente para los demás, para los mentirosos, los hechos pueden más que las palabras. Los ejemplos sobran:
¿Cuánto tiempo se dijo que en Puebla no había presencia del crimen organizado, que era un “estado de paso”? Esta semana el discurso cambió radicalmente ante la detención de presuntos “Zetas” en un centro comercial de San Pedro Cholula. Ahora sí, resulta que la delincuencia está por todas partes y nadie se salva. Como si fuera novedad.
A nivel nacional, escucharemos a Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México, negando que se desvíen recursos para promocionar su imagen. Como si las investigaciones difundidas por el periodista Jenaro Villamil necesitaran confirmación, las revelaciones de un periodista español reavivaron la controversia.
José María Siles, director de una agencia de noticias con sede en Bruselas, fue contratado por Televisa para realizar la cobertura del Foro Mundial del Agua en marzo de este año. Se le pidió especial énfasis en la figura de Peña Nieto, quien según su contacto en la televisora será “el próximo presidente de México”. En días recientes, el informador denunció que no sólo siguen sin pagarle sino que pretendían hacerlo con el erario mexiquense. ¿Van a seguir negándolo?
La regla de las declaraciones invertidas puede aplicarse también a César Nava y su desmentido permanente del dedazo presidencial. ¡Vaya! Elija usted su tema y personaje favorito, el margen de error es mínimo. Cambiemos los aplausos por las preguntas, la justificación por la exigencia. Dejemos de creer y cuando los políticos padezcan los efectos, buscarán recuperar la confianza. Eso nos conviene a todos.
miércoles, 29 de abril de 2009
Influenza mediática
Los medios se justifican y aseguran que su cobertura es un servicio social. Reiteran que no pretenden causar pánico, cuando ha sucedido justo lo contrario. Siendo la fuente primaria de noticias, la televisión ha sido irresponsable y alarmista, aunque lo niegue. Los hechos apuntan hacia otra dirección: el tono de sus conductores, la musicalización dramática y el uso de información no confirmada.
La salud queda en segundo plano y se aprovecha la contingencia para lucrar con el miedo. Si la preocupación humanista de los medios fuera genuina, el tema de la “influenza porcina” podría tratarse ampliamente desde un enfoque científico. Por el contrario, ha prevalecido la información superficial y politizada.
Lo que podría ser un debate entre batas blancas, se convirtió en un desfile de corbatas. ¿Por qué los datos “más confiables” de la epidemia vienen de fuentes gubernamentales? Así lo decide el periodismo oficialista que otorga la autoridad de epidemiólogos a políticos con tapabocas que tropezadamente opinan como científicos improvisados. ¿No serían más reveladoras las declaraciones de un académico o investigador que las hipótesis y recomendaciones de un funcionario convertido en “experto” por la magia de la generación espontánea?
Si la prensa informara exhaustivamente, habría encontrado nuevas aristas del tema. Por ejemplo, el hecho de que la enfermedad es motivo de regocijo para las empresas farmacéuticas que acaparan las vacunas y los antivirales. Esta semana, las acciones de GlaxoSmithKline y Roche -hasta ahora únicas tenedoras de la cura- han aumentado 2.42 y 3.51 por ciento, respectivamente. Y de las ganancias, ni hablar...
¿Por qué un tapabocas de 50 centavos puede costar 50 pesos? La epidemia es un negocio y también se manifiesta en las “compras de pánico”. Sucede que ante la información “responsable” de los medios, los mexicanos decidieron que la mejor idea era aglutinarse en clínicas, hospitales y supermercados. El riesgo de contagio aumenta con la paranoia y su origen puede rastrearse con un control remoto.
¿Por qué mutó el virus? ¿De dónde viene? ¿Por qué no conocemos los nombres de las víctimas? ¿Por qué depende México de patentes extranjeros? ¿Hace falta inversión en ciencia y tecnología? ¿Por qué hay muertes si existe una cura y abunda la información? ¿Por qué los préstamos extranjeros si, en teoría, teníamos todo para combatir la epidemia? ¿Cómo se recuperará la actividad económica? Fuera de los ambulantes, las farmacéuticas, los políticos y los medios de comunicación, ¿alguien más podría capitalizar este distractor?, ¿quién y para qué? Al final, hay más preguntas que respuestas.
sábado, 28 de febrero de 2009
¿Democracia en juego?
Las opiniones sobre el tema se polarizan con los argumentos engañosos de sus principales actores. El IFE se presenta como mártir de la democracia, como una estatua de intocable legitimidad y única salvación del pueblo ante la monstruosidad de los intereses mediáticos. Las televisoras, por su parte, se convierten en ardorosas defensoras de la libertad de expresión y garantes de la pluralidad en el macabro intento de los políticos por dominarlo todo. Cada quien con sus mentiras…
Apoyar a los medios sería golpista y defender al IFE un acto republicano. Lo cierto es que la invasión forzada de 23.5 millones de spots parece autoritaria, aún más cuando la pésima propaganda electoral, carente de propuestas, se paga de la bolsa de los contribuyentes y es ordenada por una institución controlada por los partidos.
Censurar al IFE y a sus imposiciones, para defender una programación sin interrupciones, sería un acto de libertad. Sin embargo, las protestas de Televisa y Televisión Azteca son sólo una reacción a su abrupto alejamiento del negocio electoral. En los comicios del 2006, los partidos gastaron 2 mil millones de pesos en publicidad.
Curiosamente, las primeras emisoras en transgredir las reglas del Instituto Federal Electoral fueron las culturales. Radio Educación solicitó en septiembre de 2008 autorización para no interrumpir sus programas y reponer las pautas posteriormente. La conclusión del debate entre los consejeros del Comité de Radio y Televisión del IFE fue primero sancionar y luego resolver. Si el incumplimiento de Radio Educación alcanza hoy el 70 por ciento, ¿por qué no omitir la petición y amenazar con retirar el permiso? Abuso de autoridad.
Por otro lado, ¿no son violaciones los publirreportajes de Marcelo Ebrard o Enrique Peña Nieto que las televisoras transmiten en sus noticieros y programas de espectáculos? ¿Las nuevas reglas de la equidad en los medios no sancionan la publicidad del Partido Verde en el fútbol o el hecho de que López Obrador convoque a plantones en tiempos oficiales?
La escaramuza afectará, sin duda, a las partes en conflicto: existe la posibilidad de un rechazo de las audiencias hacia la radio y la televisión, y es inevitable el desgaste del sistema político mexicano. Estos factores se conjuntan en un previsible abstencionismo para las elecciones de julio, dicen los analistas.
La controversia por los spots electorales no es una lucha por el tiempo aire, sino por la discrecionalidad de su otorgamiento. Y en este punto, la democracia es lo que menos importa.
