miércoles, 27 de mayo de 2009

Coincidencias felices

En la política existen los intereses, no las coincidencias. Las relaciones entre medios de comunicación y partidos políticos no son la excepción. Que alguna de las partes sostenga públicamente lo contrario es una invitación a la risa, a menos que se diga con la seriedad suficiente para convertir el acto en un imán de sospechas.

¿Qué le dijo Demetrio Sodi a Televisa? “Tratemos como párvulos a los mexicanos”. La naturaleza del diálogo puede inferirse con las declaraciones del candidato panista a la delegación Miguel Hidalgo, quien casualmente fue entrevistado durante la transmisión del partido Pumas-Puebla el pasado fin de semana.

Al minuto cuarenta, la narración se suspendió para dar paso a un comentarista que dijo: “Dando la vuelta por los palcos, nos encontramos a Don Demetrio Sodi, ¿qué haciendo por aquí?, ¿le gusta el fútbol o qué?”. El engaño alcanzó su clímax cuando, posteriormente, el político aseguró que el episodio se trató de “una coincidencia muy feliz”.

Entonces los periodistas -aguafiestas naturales de la clase política- se preguntaron cuánto costaría aparecer en las semi-finales del fútbol mexicano y si esto podría constituir una violación a las disposiciones electorales que prohíben la adquisición de espacios en radio y televisión a los partidos políticos. La alegría de Sodi “El Inocente” estaba condenada a frustrarse.

El candidato tuvo que recular y buscó nuevas ideas en el acervo de sus excusas infantiles. Abandonó la versión del suertudo que “andaba por ahí” y admitió que la entrevista fue pactada con Televisa, aunque negó haber pagado por ella. Argumentó que inicialmente sería cronista invitado y que sólo aprovechaba sus “relaciones y amistades” con los medios.

A la contradicción se sumó el cinismo, como si la televisora regalara tiempo en lugar de venderlo, como si no existieran los intereses empresariales, como si fuera normal escuchar a candidatos en los partidos de fútbol, como si “Don” Demetrio Sodi fuera una autoridad deportiva cuya presencia en un estadio no debería ignorarse. Vaya, como si el acto no resultara al menos sospechoso.

Preocupa la forma en que ciudadanos que pretenden ocupar un cargo de elección popular se aproximan a los límites de lo legal para promocionarse y violan el espíritu de las leyes, escudándose en su ambigüedad. Desesperados, los partidos políticos que aprobaron la reforma electoral actúan ahora como si se tratara de una imposición arbitraria.

¿De qué sirven las reglas si no previenen las conductas que pretendían evitar? ¿Por qué elegir a un político que en campaña transgredió descaradamente la equidad del proceso y apostó a un electorado primitivo con sus coartadas? ¿Porque se burló de los cuestionamientos diciendo que él nada más “metió gol”? ¿Porque salió en el fútbol? Sólo la indignación y la denuncia evitarán que la “buena voluntad” y las “concidencias felices” sigan invadiendo las pantallas.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Verdades y absurdos

Indigna más la indiferencia que la impunidad, dicen más las excusas que los hechos. Un ex presidente de México declaró corrupto a su sucesor y todo sigue igual. Que el asunto es "entre particulares", que el señor es un débil mental y no puede opinar, que la periodista "abusó" de su confianza, que la historia juzgará... ¿A quién se le ocurre? Son la justificación y el silencio volviéndose cómplices; es la apatía prolongando los saqueos.

Como el reflejo en un espejo, México está al revés. Quienes deberían ser juzgados viven plácidamente, quienes deberían informar callan y los pocos que lo hacen son criticados. Sólo así se entiende que Carlos Salinas de Gortari haya capoteado un nuevo escándalo, que las televisoras omitieran el tema y que se pretenda denostar la labor de Carmen Aristegui.

A dos semanas de que la periodista difundiera en su programa de radio las declaraciones de Miguel de la Madrid, el tema ha perdido peso en los medios que lo replicaron. Los demás, se aferran aún a las sobras del banquete epidémico que los convirtió en guardianes de la salud pública.

Entrevistada por el semanario Proceso, Aristegui confiesa que la conversación con el ex presidente fue sorpresiva. De la Madrid no se distinguía por ser particularmente revelador y de pronto ahí estaba, señalando la inmoralidad del sexenio de Salinas y los negocios ilícitos de su hermano Raúl.

Inútilmente se ha intentado demeritar la entrevista, argumentando que las respuestas monosilábicas prueban la incapacidad del entrevistado. Como si no existieran frases coherentes o un hilo conductor. Más aún, como si un cuestionario con preguntas cerradas fuera inválido o se tratase de un invento siniestro al margen de la actividad periodística.

Los dichos de Miguel de la Madrid deben investigarse, su minimización genera sospecha y retrata -como diría Aristegui- a una élite política que se alinea para mantener vigente el pacto de impunidad que ha prevalecido en México a lo largo de muchos años.

Hemos perdido la capacidad de asombro y aprendido a creer en toda clase de cuentos. El periodista -como agente de cambio social- requiere de una audiencia receptiva y crítica, dispuesta a opinar y a exigir. La investigación periodística es incapaz, por sí misma, de contrarrestar el letargo de la justicia ante la evidencia de posibles delitos.

Nos hemos acostumbrado a los comunicados, los desmentidos y las versiones oficiales. ¿Qué hay de los hechos? Ante este panorama, sólo el absurdo es posible. Si las declaraciones de Miguel de la Madrid merecen la indiferencia y el olvido tras su obligado suicidio político, podría concluir este texto diciendo que nunca lo escribí y todos habrían de creerme.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mercado de opiniones

En el mercado de la opiniones, todas las posturas encuentran su espacio y su crítica. Opinar es empeñar la credibilidad en defensa de una convicción que surge de un entorno marcadamente complejo; es un acto comprometedor del periodismo que decide apostar un nombre y una visión, a la incertidumbre del devenir y sus juicios. Pese a la contundencia de algunas voces autorizadas o a la cualidad refrescante de sus argumentos, sólo existen tres tipos de opiniones.

Esto, a partir de los códigos interpretativos propuestos por un teórico jamaiquino de nombre Stuart Hall. Para él, cualquier suceso tiene tres lecturas: la hegemónica, la negociada y la opositora. Esto significa que ante cualquier tema las opiniones pueden reforzar la postura dominante, cuestionar sin criticar o simplemente desacreditar. La epidemia de “influenza humana” sirve de ejemplo.

De inspiración presidencial, el mensaje central de este ejercicio de análisis será: “El gobierno mexicano actuó de forma oportuna y correcta ante la emergencia sanitaria”. La lectura hegemónica, según Hall, arrojaría argumentos a favor del enunciado. Los encontraremos, sin falta, en la televisión y en las figuras emanadas de ella.

El elegido es Joaquín López-Dóriga, quien escribió para el periódico Milenio que el presidente se asumió “al frente de la emergencia” como un jefe de gobierno que “se hace sentir”. Además, el comunicador dijo que “debe aceptar” que Felipe Calderón es avalado por las cifras, los resultados y las encuestas. Para él, esto es lógico y natural.

Vamos ahora a la postura negociada, donde caben algunas contradicciones. En este caso, quien opina comparte gran parte de la interpretación dominante, pero añade elementos propios. Opté por un texto de Macario Schettino publicado en El Universal.

Este investigador, autor de 15 libros, admite que el mundialmente célebre virus A/H1N1 es tratable con los antivirales existentes y que quizá no era para tanto. Sin embargo, señala que el gobierno desconocía inicialmente esa información y aplaude que no arriesgara al país. Schettino se queja de la prensa que ataca permanentemente al gobierno, pero tampoco pugna por defenderlo.

En ese sentido, Stuart Hall habla de la lectura opositora, aquella que entiende la opinión dominante, aunque no la comparte. El contexto de quien percibe el tema, lo coloca en una posición contraria. Viene a mi mente Julio Hernández López, columnista de La Jornada.

El autor de “Astillero” afirma que las medidas contra la epidemia fueron exageradas intencionalmente por el gobierno federal, “en función de sus necesidades de legitimación y de sus cálculos electorales y políticos”. Para Hernández López, los riesgos de la influenza fueron tardíamente detectados por una administración que “mantiene en el abandono” el curso de los asuntos públicos.

Al final, esta teoría agrega elementos de juicio a los lectores, televidentes y radioescuchas que prefieren un punto de vista sobre otro. Es también una herramienta básica para una sociedad que requiere, urgentemente, de consumir en forma cada vez más inteligente el contenido de los medios de comunicación.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cruzada por los votos

Para infortunio de un electorado justificadamente apático, iniciaron las campañas políticas rumbo a las próximas elecciones. A la promesa (anunciada por regla y omitida por costumbre) de renunciar a la descalificación e impulsar propuestas "de altura" se agrega un elemento adicional: la necesidad de innovar los mensajes transmitidos en los medios de comunicación.

La obsolescencia de las viejas estrategias es evidente, aún más de aquellas cuyo producto final está destinado irremediablemente a convertirse en basura. Modificar el contenido de las campañas y replantear las tácticas de la retórica electoral son acciones prioritarias para motivar al ciudadano abstencionista y combatir la indiferencia rampante. La tendencia actual amenaza con restar legitimidad y aprobación a una generación de funcionarios electos por una mayoría en las urnas que -comparada con el grueso del padrón- es minoritaria en las calles.

Nunca antes en la historia de la democracia mexicana, el “factor Internet” había sido tan influyente en la conformación de la opinión pública. Contrario a las recientes hipótesis que asocian el interés de los políticos en la Web a la epidemia de influenza humana y sus restricciones sociales, este fenómeno surge naturalmente por el crecimiento exponencial en el número de usuarios.

Nadie con el mínimo conocimiento de cómo funcionan las redes sociales en Internet y los medios alternativos como los blogs, puede menospreciar su alcance. Sin embargo, este complemento no exime a los estrategas políticos de refrescar sus habilidades en la construcción de otros mensajes, como los spots televisivos que -pese a la magnitud de su impacto- resultan fútiles si reproducen esquemas desgastados.

La imagen del “hombre común”, que implica una explosión de estereotipos encarnada por actores, ha sido utilizada hasta el cansancio. Los candidatos desean mostrarse como cercanos a la gente y, al mismo tiempo, insinuar que son apoyados por diversos sectores sociales y productivos. Así veremos a los supuestos obreros, amas de casa, médicos y jóvenes cuyo respaldo a un partido político se sobreentiende por su posición frente a una cámara.

Otra argucia es la construcción de mitos cuyo propósito es coyuntural y por ende inmediato. Un ejemplo clásico es “la nueva envoltura”: el acto de presentar como novedoso a un producto sobradamente conocido. Así veremos al político estrenando cualidades y al partido renovado por la experiencia. Todo esto, en el trágico olvido de que el mismo platillo se sirvió en la elección anterior.

¿Cómo esperar que el electorado renueve ánimos si está vacunado contra mensajes que en el pasado resultaron engañosos? El verdadero reto de la política en las próximas semanas será la difusión creativa y efectiva de sus propuestas. De lo contrario, será imposible ocultar que nada ha cambiado, al menos hasta las próximas elecciones...

miércoles, 29 de abril de 2009

Influenza mediática

Cortina de humo, eso es la “influenza porcina” en los medios de comunicación. Sin negar la epidemia, resulta preocupante que el panorama informativo haya sido eclipsado por el tema. Pareciera que, de pronto, nada relevante sucede en el país si no está relacionado con la enfermedad. La crisis económica, el narcotráfico y las controversias electorales fueron sustituidas por cátedras sobre el tapabocas y exhortaciones a la calma.

Los medios se justifican y aseguran que su cobertura es un servicio social. Reiteran que no pretenden causar pánico, cuando ha sucedido justo lo contrario. Siendo la fuente primaria de noticias, la televisión ha sido irresponsable y alarmista, aunque lo niegue. Los hechos apuntan hacia otra dirección: el tono de sus conductores, la musicalización dramática y el uso de información no confirmada.

La salud queda en segundo plano y se aprovecha la contingencia para lucrar con el miedo. Si la preocupación humanista de los medios fuera genuina, el tema de la “influenza porcina” podría tratarse ampliamente desde un enfoque científico. Por el contrario, ha prevalecido la información superficial y politizada.

Lo que podría ser un debate entre batas blancas, se convirtió en un desfile de corbatas. ¿Por qué los datos “más confiables” de la epidemia vienen de fuentes gubernamentales? Así lo decide el periodismo oficialista que otorga la autoridad de epidemiólogos a políticos con tapabocas que tropezadamente opinan como científicos improvisados. ¿No serían más reveladoras las declaraciones de un académico o investigador que las hipótesis y recomendaciones de un funcionario convertido en “experto” por la magia de la generación espontánea?

Si la prensa informara exhaustivamente, habría encontrado nuevas aristas del tema. Por ejemplo, el hecho de que la enfermedad es motivo de regocijo para las empresas farmacéuticas que acaparan las vacunas y los antivirales. Esta semana, las acciones de GlaxoSmithKline y Roche -hasta ahora únicas tenedoras de la cura- han aumentado 2.42 y 3.51 por ciento, respectivamente. Y de las ganancias, ni hablar...

¿Por qué un tapabocas de 50 centavos puede costar 50 pesos? La epidemia es un negocio y también se manifiesta en las “compras de pánico”. Sucede que ante la información “responsable” de los medios, los mexicanos decidieron que la mejor idea era aglutinarse en clínicas, hospitales y supermercados. El riesgo de contagio aumenta con la paranoia y su origen puede rastrearse con un control remoto.

¿Por qué mutó el virus? ¿De dónde viene? ¿Por qué no conocemos los nombres de las víctimas? ¿Por qué depende México de patentes extranjeros? ¿Hace falta inversión en ciencia y tecnología? ¿Por qué hay muertes si existe una cura y abunda la información? ¿Por qué los préstamos extranjeros si, en teoría, teníamos todo para combatir la epidemia? ¿Cómo se recuperará la actividad económica? Fuera de los ambulantes, las farmacéuticas, los políticos y los medios de comunicación, ¿alguien más podría capitalizar este distractor?, ¿quién y para qué? Al final, hay más preguntas que respuestas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Incomodidad premiada

Una entrevista incómoda al ex presidente Luis Echeverría, le ganó el Premio Nacional de Periodismo a Rogelio Cárdenas Estandía, quien a los 29 años de edad es director general adjunto del periódico “El Financiero”. La lista de ganadores en varias categorías se dio conocer esta semana por el jurado calificador que encabeza la politóloga Denise Dresser.

Las declaraciones de Echeverría a Cárdenas Estandía fueron publicadas en un libro a finales del año pasado y se compilaron durante 14 sesiones, hasta que el ex presidente decidió suspenderlas ante los cuestionamientos sobre temas “sensibles”. Se trataba de la segunda serie de entrevistas que Echeverría permitía en un lapso de 32 años.

La historia es digna de contarse. ¿Por qué si Echeverría había negado sistemáticamente las peticiones de los medios nacionales e internacionales, decidió recibir al joven periodista? Todo inició con un desayuno, según cuenta el propio Rogelio. Ahí, Echeverría le dijo que podía volver a su casa cuando quisiera, siempre y cuando se reunieran a comer antes.

Para evitar compromisos, hay medios que prohíben a sus reporteros recibir siquiera un vaso de agua, otros fomentan la deshonestidad con salarios mezquinos. En este caso, la situación planteaba un conflicto ético (aceptar una comida pagada) pero la condición no detuvo al reportero, quien asegura que su intención fue clara desde el principio.

La relación entre Luis Echeverría y Rogelio Cárdenas creció naturalmente, tanto que el periodista le regaló una serie de televisión que luego se convirtió un requisito más de las entrevistas. Ahora tenían que desayunar, hablar de la historia de México y ver algún capítulo de la serie. El todopoderoso presidente de los setenta, sumido en la soledad, necesitaba compañía.

A partir de la onceava sesión, el clima comenzó a tensarse. Según relata Cárdenas Estandía, existían presiones del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) para evitar que temas “clasificados” fueran ventilados. La relación explotó y sobrevino el rompimiento, pero a nivel noticioso, las entrevistas “no autorizadas” resultaron un valioso testimonio.

A sus 86 años, Echeverría responsabilizó a Gustavo Díaz Ordaz de los trágicos sucesos del 2 de octubre de 1968. Habló de su partido, discutió la reforma energética y dijo que su arraigo domiciliario era un “cobro de facturas” de Vicente Fox.

La situación tuvo similitudes con la entrevista histórica entre David Frost y Richard Nixon en los Estados Unidos. Nixon era un político astuto con pocas simpatías, acusado de crímenes, recibiendo a un periodista a quien subestimó. La diferencia es que Nixon pidió disculpas y Echeverría las omitió. “Ni pido perdón a nadie ni me lo doy”, dijo.

El último entrevistador de Echeverría había sido su amigo y biógrafo personal, Luis Suárez, quien publicó dos libros con las respuestas del ex presidente a preguntas que no lo comprometían. El caso de Rogelio Cárdenas es diferente, pues se atrevió a ser incisivo. Esa incomodidad -resultado inevitable de la verdadera actividad periodística- será premiada el próximo 11 de mayo.

miércoles, 15 de abril de 2009

El evangelio de Obama

Una celebridad internacional. Eso es Barack Obama en México. Una encarnación carismática con el encanto multiplicado de Hillary Clinton, cuya cálida presencia recién distrajo a quienes razonablemente temían ser ciudadanos de un país considerado un “Estado fallido” y una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. Obama llega con opiniones favorables.

Primeras planas, horario estelar y análisis extendido. Así se reforzará la idea de una relación binacional mejorada y mutuamente conveniente. Todo esto cuando más allá de la frontera, la imagen favorecida es diametralmente opuesta: la de un país inestable y necesitado de auxilio.

Eventos mediáticos de esta naturaleza son oportunidades extraordinarias para monitorear el comportamiento de la prensa. ¿Se privilegiarán los hechos o los dichos? ¿La atención se centrará en Obama o en las reacciones a su presencia? ¿Felipe Calderón será un simple anfitrión o un mandatario con clase? En las respuestas se dibujarán los valores de los medios.

Obama, aunque cauteloso, resulta irremediablemente mesiánico. Esta cualidad conquistó a los votantes de un país que sufría la resaca moral y económica de haber entronado, ratificado y justificado al peor presidente de su historia. En México, resulta atractiva la aparente proximidad de una figura histórica y su amplio interés en nuestro país.

El evangelio de Obama depende de sus relatores. Puede calificársele como un actor o como un reformador, como un fraude prematuro o como un héroe seguro. Esta percepción será mediada por los comunicadores y periodistas, quienes elegirán los hechos destacados y las frases memorables. Quienes lo convertirán en el tema de la semana.

Un político es conocido a través de la información y los medios en su relación con él. Este caso no es la excepción. Aún más, porque ocupar la presidencia de Estados Unidos implica cierta ambivalencia que no puede ignorarse. Las opiniones, divididas por su contundencia, burbujearán en los micrófonos y en las salas de redacción.

El tema de los esfuerzos conjuntos será destacado. “Nos necesitamos, trabajemos juntos” son ideas que justificarán la interdependencia necesaria para una eventual “integración”. La idea no surge de un pesimismo delirante, sino de la insistencia en este término por parte del presidente mexicano en sus giras por la Unión Americana. “Ustedes son el capital, nosotros el trabajo“ es el mensaje.

Quienes albergan ilusiones sobre Obama, deberán esperar. Quienes lo critican también. Eso sí, las prioridades de los Estados Unidos pueden diferir de aquellas proyectadas por los medios nacionales. Los mexicanos quisiéramos pensar en reformas migratorias o en beneficios comerciales, ¿en qué pensará Obama?

miércoles, 8 de abril de 2009

Intenciones a prueba

La Cámara de Diputados aprobó federalizar los delitos contra la libertad de expresión y pareciera que los periodistas en México tenemos razones para celebrar. La reforma pretende evitar que las mafias locales atrasen las investigaciones derivadas de impedir la actividad periodística. Esto significaría un logro para los informadores que, por décadas, han insistido en el tema.

El proyecto fue aprobado por el mínimo necesario de votos por una simple razón: muchos diputados estaban ausentes. En espera de que el Senado revise y vote el texto, uno de los elementos más rescatables es la definición de "actividad periodística" que incluye un amplio espectro de labores -desde la fotografía hasta la edición- y contempla a los reporteros freelance, es decir, a quienes no trabajan para un medio específico y publican ocasionalmente.

Las críticas a esta adición al Código Penal Federal señalan que se trata de una medida “electorera” y podrían confirmarse en la importancia que se dio a las declaraciones de César Duarte, presidente de la Cámara, quien súbitamente se convirtió en un ardiente defensor de la libertad de prensa.

Por otro lado, de acuerdo al más reciente reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) habría pocos motivos para alegrarse. En el primer trimestre del año, tres reporteros fueron asesinados y 46 presentaron quejas por agresiones. Esto sin contar las denuncias ante las comisiones estatales y los actos intimidatorios que no son reportados.

Según la CNDH, los estados más peligrosos para ejercer el periodismo son Veracruz y Oaxaca, cada uno con 27 por ciento de las agresiones totales. Solamente durante el fin de semana, se registraron en Oaxaca tres casos que pondrán a prueba “la buena voluntad” de la legislación que pretende reconocer el derecho a una opinión pública informada.

El lunes pasado fue asaltada en la capital oaxaqueña la periodista Rebeca Luna Jiménez, quien se dirigía a su casa cuando un motociclista comenzó a seguirla. Más adelante, ocho sujetos rompieron los cristales de la camioneta en que viajaba, la insultaron y le robaron su computadora portátil.

Otro informador, Jaime Méndez Pérez, fue perseguido y empujado por una multitud en San José del Progreso, Oaxaca, donde una mujer le arrebató su cámara fotográfica mientras era amenazado con garrotes.

A estos casos, se suma la denuncia presentada por Federico Carrera, reportero y corresponsal, quien fue golpeado por policías que recibieron por radio la instrucción de “partirle la madre”. Los guardianes del orden también lo despojaron de 5 mil 500 pesos.

En este contexto, son necesarias las medidas aprobadas por los diputados que fueron a trabajar. Sin embargo, en un país donde las leyes se confunden con recomendaciones, su efectividad está condicionada. Si los casos mencionados son resueltos sin dilaciones, sabremos que México es un mejor país para ejercer el periodismo. De lo contrario, nos ahorramos la fiesta y también las preocupaciones. Ya estamos acostumbrados...

miércoles, 1 de abril de 2009

Noticias fabricadas

Imagine un país donde los periodistas se confunden con secuestradores y donde los funcionarios inexplicablemente millonarios pasan por "víctimas" de la delincuencia. Lo que desde el sentido común parecería un absurdo se materializó en la controversia protagonizada por el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, el fin de semana pasado.

Todo inició cuando una investigación de la periodista Anabel Hernández reveló que el secretario tiene propiedades con un valor superior a los 27 millones de pesos, cifra incompatible con sus declaraciones patrimoniales de los últimos años. El medio electrónico “Reporte Indigo” difundió también imágenes de una casa de cuatro pisos que García Luna está construyendo en un fraccionamiento exclusivo del Distrito Federal.

Las reacciones a la información se dieron en dos frentes. Por un lado, la Policía Federal Preventiva se movilizó a custodiar las propiedades para evitar la presencia de los medios y por el otro, los periodistas decidieron que la historia era digna de atención.

Fue el caso de Rosendo Alejandro Flores y Juan Lorenzo Jaime de la Torre, reporteros de TVC, Televisión por Cable, quienes fueron enviados a grabar la mansión del funcionario y terminaron detenidos por intento de secuestro. Quince horas tardó su liberación, pese a identificarse plenamente como empleados de la televisora.

Lo peor del caso viene con la fabricación y el engaño. Aún sabiendo que eran periodistas, la dependencia federal informó a la prensa sobre la detención de presuntos secuestradores, quienes estaban grabando a la esposa e hija del secretario García Luna. Incluso, se dijo que podía tratarse de sicarios reclutados por el Cártel de Sinaloa para ejecutar a mandos policiales. Argumentos convincentes en épocas de miedo.

La historia inventada por la Secretaría de Seguridad Pública, la cortina de humo, caducó rápidamente. Su titular se vio obligado a admitir en varias entrevistas que los detenidos eran en realidad reporteros, aunque justificó la detención con un episodio similar que su familia habría sufrido en mayo del año pasado. El secretario-víctima pretendía restarle atención al millonario inexplicable.

Con estos acontecimientos queda claro que García Luna es experto en la fabricación de noticias, como lo hizo cuando fue director de la Agencia Federal de Investigaciones y pactó el montaje mediático que inició la controversia por la detención de la ciudadana francesa, Florence Cassez.

Al final, y como se ha vuelto costumbre, los temas de fondo son ignorados. En lugar de que el responsable de la seguridad en nuestro país aclare el origen de sus recursos y con eso detenga las especulaciones sobre sus posibles vínculos con el crimen organizado, surge la desinformación, la mentira.

La credibilidad de la “guerra contra el narcotráfico” podría estar en juego. Y a todo esto, ¿qué hace el presidente? Confía en sus muchachos...

viernes, 27 de marzo de 2009

Si el río suena...

La Secretaría de Turismo anunció el lunes una campaña para "reconstruir" la imagen de México en el extranjero. Se pretenden contrarrestar los ataques que nuestro país ha recibido en los medios internacionales, más recientemente, la difusión de un correo electrónico escrito por el ex director de la CIA, George J. Tenet, quien pidió a su hijo universitario cancelar sus planes de visitar México.

De acuerdo al periódico “The New York Times“, la determinación de Tenet ya circula en algunas redes, como en la Universidad de Pennsylvania. Los casi 100 mil estadounidenses que viajan cada año a México en tiempos del springbreak podrían reconsiderar también su visita; el departamento de Estado en Washington mantiene vigente su alerta por la escalada de crímenes y violencia.

En Francia dicen que el secuestro es “un deporte nacional” en México. El caso de Florence Cassez afectó fuertemente la percepción de la opinión pública francesa. Los periodistas Axel Gylden y Marie Huret escribieron para el diario “L’express” que la justicia y las instituciones mexicanas son “inoperantes”. También defendieron a la francesa detenida por autoridades mexicanas quien, según los comunicadores, desconocía las actividades ilícitas de su novio -líder de una banda de secuestradores- por la “cultura machista” que impera en nuestro país.

Estos y otros acontecimientos explican el origen de la campaña anunciada por la Secretaría de Turismo. Su titular, Rodolfo Elizondo, explicó que no habrá financiamiento complementario, “porque no hay cochinito que romper” y aseguró que no pretende ocultarse la realidad, sino dar un panorama preciso.

La exageración es desinformación. Es el caso de Fox News en los Estados Unidos. El conductor Glenn Beck ha insistido sistemáticamente en el colapso de México y la amenaza que esto implica para su país. Sostiene que las remesas y el turismo se han “secado” para México y sugiere la posibilidad de que Rusia y Venezuela aprovechen para financiar a comunistas y a revolucionarios.

En otra ocasión, Michelle Malkin, columnista y también colaboradora de Fox News, dijo que México implica “una gran amenaza” para la seguridad nacional y aseguró que los cárteles mexicanos están colaborando con extremistas musulmanes para introducir terroristas a la Unión Americana.

Además, este canal de televisión -uno de los más influyentes- ha difundido la versión de que “Los Zetas” fueron entrenados y armados en los Estados Unidos. Entrevistado por Glenn Beck, el documentalista Rusty Fleming comentó que ese grupo está reclutando a jóvenes de 14 años en escuelas estadounidenses para convertirlos en sicarios.

Si la prensa internacional considera a México un lugar infernal de corrupción y muerte, debemos cuestionar sus intereses. ¿Qué hay detrás de la información difundida? Una repatriación en el caso francés y excusas para una intervención por parte de Estados Unidos. Si el río suena es porque el desprestigio conviene. En este punto, vigilar a los medios extranjeros es un acto estratégico en la defensa de nuestro país.

jueves, 19 de marzo de 2009

La Nueva Guerra

La imagen de nuestro país se desmorona para el mundo. Las notas negativas sobre México han aumentado considerablemente en la prensa internacional. En los Estados Unidos el problema se agudiza y podría complicarse si continúan las controversias por la frontera, los temas migratorios y el narcotráfico.

Las críticas al gobierno mexicano en los medios estadounidenses han provocado el reclamo presidencial. Con golpes de puño, Felipe Calderón se quejó ante empresarios por lo que llamó una "campaña contra México" tras la inclusión de Joaquín “El Chapo” Guzmán en la lista de multimillonarios de la revista Forbes.

Las protestas del presidente suelen resultar contraproducentes. Por ejemplo, en septiembre del año pasado, Calderón criticó la situación de los connacionales en la Unión Americana y utilizó la siguiente frase: “Dondequiera que haya un mexicano, ahí es México también”. Así lo registró el New York Times.

¿A qué sonaba la ocurrencia? A invasión. Por lo menos, así fue interpretada por los medios en Estados Unidos. Un noticiero de televisión ironizó las declaraciones de Calderón mostrando en pantalla un texto que daba la bienvenida a México, mientras mostraba imágenes de Los Ángeles, Miami y Nueva York. Total, ni para defendernos...

El hecho de que un narcotraficante mexicano sea considerado uno de los hombres más acaudalados del mundo es alarmante. ¿Y qué hizo el gobierno federal? Criticar a la revista que lo señaló, “disparar al mensajero” como advertiría después el mismo medio. Si esa indignación vigilara los penales del país, el criminal en cuestión seguiría preso.

Las declaraciones son municiones y los medios de comunicación el campo de batalla. Es una nueva modalidad de guerra, una que podría originar un conflicto real si el bombardeo de críticas es entre funcionarios de dos países. Es el caso México-Estados Unidos.

Así, mientras allá anuncian que la frontera estará cerrada para los transportistas mexicanos, acá les responden con represalias comerciales. Allá denuncian que el Estado mexicano ha perdido control de algunos territorios y aquí dicen que el narcotráfico impera porque los vecinos consumen como campeones.

En los últimos meses, el canal Fox News ha difundido la posibilidad de que México reclame California y Texas, que flujos masivos de personas huyan al norte por la violencia y que el colapso mexicano provoque también el de Norteamérica. El conductor Glenn Beck dijo, apenas el mes pasado, que -según información de la CIA- México era el nuevo Irak.

A los mexicanos no debería sorprendernos la posibilidad de una intervención estadounidense en nuestro territorio. Recordemos que la nominación con Pakistán en la categoría de “estados fallidos” surgió de un reporte de inteligencia que, entre otros objetivos, pretendía anticipar las acciones de las fuerzas armadas de Estados Unidos en los próximos años. Ellos por precavidos, ¿nosotros...?

miércoles, 11 de marzo de 2009

Justicia Televisada

La controversia diplomática entre Francia y México por la detención de una ciudadana francesa resurgió en la agenda informativa con la visita del presidente Nicolas Sarkozy. El tema se remonta a un operativo que la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) recreó para las cámaras de televisión el 9 de diciembre de 2005.

Ese día, la AFI capturó a dos presuntos secuestradores, Israel Vallarta Cisneros y su novia, la francesa Florence Cassez. La versión oficial fue que los reporteros se enteraron del operativo, acudieron al lugar y solicitaron que se repitiera el rescate de las víctimas. Las imágenes se transmitieron en el matutino Primero Noticias.

Cuando Cassez solicitó apoyo al consulado y denunció irregularidades, el conflicto político subió de nivel. La francesa argumentó que la detención “en vivo” era una farsa, pues había ocurrido 24 horas antes. Las televisoras negaron un acuerdo previo con la AFI, como sostuvo su entonces director, Genaro García Luna, actual secretario de Seguridad Pública.

Televisa despidió al reportero responsable, Pablo Reinah, quien había laborado durante 10 años en la empresa. El periodista se inconformó y en un comunicado a la opinión pública escribió: “En ningún momento solapé, coordiné o gestioné acción alguna que tuviera que ver con el desempeño de los elementos de la AFI”.

El despido arbitrario de Reinah fue confirmado por la averiguación que concluyó en abril de 2007 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. El documento establece que la AFI ocultó información al reportero, pues no le notificó que los hechos ya habían ocurrido. La Procuraduría General de la República aceptó que “no se le proporcionó información completa, objetiva y veraz”.

Los datos recopilados por la Agencia Proceso revelan que quienes pactaron el montaje fueron García Luna y Amador Narcia, jefe de información de Televisa. Se sugirió que la recreación se transmitiera en un espacio “sin problemas de tiempo”, pero no se notificó a Leopoldo Gómez, vicepresidente de Noticieros Televisa, ni al director de Comunicación Social de la PGR, José Luis López Atienzo.

A la fecha, la ciudadana francesa permanece condenada a 60 años de prisión. El lunes pasado, el presidente Sarkozy pidió a las autoridades mexicanas su repatriación. Cassez, por su parte, declara que la policía la vendió y sacrificó a los medios. En su país creen que es inocente.

Pablo Reinah no ha recibido una disculpa de Televisa. Con pruebas documentales, sostiene que esa mañana trabajó “con ética, honestidad, profesionalismo y responsabilidad, cumpliendo con mi trabajo de reportero y periodista”.

En el fondo, el origen del problema se mantiene vigente: la complicidad de la prensa con la necesidad de que el gobierno ofrezca resultados, sobre todo en materia de seguridad. El caso preocupa porque no es aislado. Queda claro que la falta de ética en algunos convenios no respeta las garantías individuales ni los derechos laborales.

¿Cuántos ciudadanos o periodistas han sufrido situaciones similares? La insensibilidad, producto de las violaciones constantes a los derechos humanos en México, pareciera requerir de controversias internacionales para ventilar asuntos que -por su naturaleza- deberían ocupar a la sociedad civil.