sábado, 4 de diciembre de 2010
Todo sigue igual
miércoles, 14 de julio de 2010
SME: El episodio final
Contra todo pronóstico, el tema de la extinción de Luz y Fuerza del Centro se mantiene en los medios. Han pasado 9 meses desde que
El seguimiento periodístico inició con las marchas multitudinarias en el Distrito Federal. Poco a poco, el Sindicato Mexicano de Electricistas perdió su músculo en las calles. Aunque las consignas que presumían la fuerza de la organización se repetían, era evidente la diminución de manifestantes en las marchas. Paralelamente, el Gobierno Federal anunciaba las liquidaciones voluntarias de miles de ex trabajadores. El caso parecía cerrado.
La estrategia del SME fue exitosa. Aunque en ese momento el sindicato libraba una batalla en el terreno legal, no perdió de vista la necesidad de conservar la atención de los medios. Este factor es decisivo para cualquier causa. En ese sentido, la huelga de hambre en el Zócalo le dio oxígeno al movimiento. Nadie puede ignorar a un grupo de personas que atenta contra su integridad física para defender sus convicciones.
Los electricistas también reclamaron espacios frente a las principales televisoras. La acusación generalizada de un “cerco informativo” fue un error, pues alcanzó a los medios que –pese a todo- continuaron con la cobertura. En el campamento del SME cualquier reportero recibe trato de mentiroso a menos que trabaje para
Muchos ex trabajadores creyeron que el decreto de extinción era ilegal. Por eso la determinación de
El próximo capítulo de la saga está relacionado con un tema poco destacado por la prensa: el de los créditos para vivienda. Resulta que los trabajadores de Luz y Fuerza pagaban su casa sin intereses de ningún tipo y conservan su deuda aunque hayan perdido su empleo. Sin los descuentos ofrecidos por Lozano, pronto habría miles de familias desalojadas en el centro del país. “¡Que lo intenten!”, responde el vocero del SME.
¿La “decisión del sexenio” terminará convirtiéndose en el “tema del sexenio”? ¿Compartirá créditos con la guerra contra el narcotráfico? ¿Qué será de los electricistas sin el apoyo social que dilapidan con sus bloqueos? ¿El Gobierno Federal cumplirá sus amenazas? ¿Morirá de hambre algún electricista? ¿Todos abandonarán la huelga como ha sucedido hasta ahora? ¿En qué medida se permitirá al desquiciamiento de la capital? Las respuestas llegarán en los próximos meses.
El episodio final se escribirá pronto. Aquí no hay buenos o malos, ni nadie a quien irle: ni a una mafia extrañamente victimizada, ni a un gobierno que privilegia a la clase obrera sólo en el discurso. El monopolio de la fuerza tiene ventaja.
Al final sólo queda preguntarse: ¿qué dirá
miércoles, 21 de abril de 2010
Espionaje perfecto
El optimismo fingido se detecta a kilómetros. Héctor Osuna, presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, compareció el martes ante diputados federales. Y aunque admitió deficiencias en el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut), consideró que el vaso está “medio lleno”.
“Leyendas urbanas”. Así calificó Osuna las versiones periodísticas que circularon sobre los miles de ciudadanos que registraron su línea con nombres de políticos y empresarios como Felipe Calderón o Carlos Slim. El presidente de la Cofetel aceptó que la estrategia de difusión fue tardía y que la base de datos está lejos de ser confiable y completa.
El funcionario negó que el Renaut haya fracasado. Por el contrario, lo declaró un éxito argumentando que no podía ser perfecto. Al escuchar esto, ¿sentirán tranquilidad los más de 65 millones de ciudadanos que cumplieron con el trámite para evitar la cancelación de su número? ¿La retórica de las autoridades convencerá a alguien?
La prensa ha hecho su trabajo. La Jornada reportó que el contador de líneas inscritas en el portal de la Cofetel no representa una cifra real, sino el resultado de un algoritmo que responde a la fecha fijada en la computadora de quien lo consulta. Para conseguir más del 100 por ciento es necesario adelantar el calendario.
El Universal provocó dolores de cabeza con su primera plana del lunes. Si en el barrio de Tepito pueden conseguirse los datos personales de millones de mexicanos con 12 mil dólares, ¿existe la posibilidad de que la información asociada a los celulares registrados termine también en el mercado negro?
Aún si creyéramos que los archivos del Renaut están protegidos celosamente por la Secretaría de Gobernación y que sólo se comparten con autoridades judiciales, no podemos ignorar que –en mayor o menor medida- todas las procuradurías del país están infiltradas por el crimen organizado. Negarlo es una ingenuidad que ni el gobierno federal se permite.
Aquí se vislumbra la verdadera tragedia del Renaut. Lo que sería un freno a las extorsiones telefónicas terminó siendo lo contrario: un incentivo, una tentación. Un celular registrado representa además un peligro para su portador: con él pueden cometerse crímenes a su nombre. ¿O en serio alguien pensó que los delincuentes se darían de alta cuando pueden robar?
Ni hablar de la privacidad. Por ley, las empresas telefónicas deben anotar el origen y el destino de cualquier comunicación. También guardan la hora y la posición geográfica de los involucrados. Este sistema de marcaje personal es el espionaje perfecto: el costo lo absorbe la víctima y siente que lo hace por su bien.
El presidente de la Cofetel es una pieza más del engranaje burocrático que funciona desde el cinismo. La desvergüenza de este personaje pareciera un requisito de los puestos de alto nivel. Quienes los ocupan –irónicamente- se hacen llamar “servidores públicos” por simple conveniencia personal.
El Renaut se agrega a la lista de ignominias en México. Aquí no pasa nada mientras el discurso oficial se mantenga optimista. Desgraciadamente, la sociedad continuará perdiendo espacios si sigue creyendo los argumentos absurdos que justifican la desaparición paulatina de sus libertades.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
La tercera revolución
En todo caso, es un hecho que las condiciones imperantes en el país han provocado un descontento generalizado que, lejos de significar una amenaza, representa una oportunidad única para recuperar el juicio y modificar el rumbo. El riesgo de la revolución que pregonan los medios está asociado a la especulación y a la descontextualización, prácticas comunes de la prensa irreflexiva.
Urge debatir ideas, escuchar todas las causas. Simplificar la complejidad de estos tiempos y reducirla a una discusión de futurólogos improvisados es desaprovechar su potencial de cambio y apostar a la continuidad de una realidad insostenible.
El periodista Ricardo Alemán publicó en El Universal la versión extraoficial de un “encuentro secreto” entre una decena de grupos guerrilleros que estarían planeando acciones para 2010. Además estimó que la “tercera revolución” podría alimentarse con los “fanáticos del legítimo”. Olvida mencionar que el estallido habría ocurrido hace tres años si Andrés Manuel López Obrador hubiera actuado diferente, es decir, si hubiera permitido que la inercia electoral y las convicciones de un fraude incentivaran a un movimiento radical e incluso violento.
Y la desmemoria continúa. “Las autoridades nos tienen que proteger de cualquier intento de festejo violento”, escribe Denise Maerker. Lo que evita señalar es que la era de los festejos violentos –inaugurada aquél 15 de septiembre en Michoacán- es consecuencia directa de la “Guerra contra el narcotráfico”. Una estrategia gubernamental que, en contraste con sus efectos, pugna por la seguridad de los ciudadanos y el debilitamiento de los cárteles.
La “protección” exigida por Maerker se convierte, pues, en disuasión, a nombre del Estado, de las ocurrencias opositoras. Esto último lo entiende Leo Suckerman, analista político de Grupo Fórmula, quien celebró el lunes pasado la capacidad de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) para espiar en todo el territorio nacional con su nuevo “Centro de Inteligencia”. Entrevistado por el periodista José Cárdenas, Zuckerman explicó que –a diferencia de los levantamientos de 1994- el gobierno tendría información de sobra para reaccionar ante un eventual conflicto.
El necesario diálogo nacional se ha transformado en una novela de detectives. Ya sólo importa saber quién tirará la primera piedra. Julio Hernández López, columnista de La Jornada, lo ejemplifica cuando se pregunta si la actitud del Ejecutivo federal refleja una “extrema insensibilidad” o una “provocación programada”. El autor de Astillero considera que la “confrontación sistemática” acelerará el estallido y la aplicación de medidas policiacas y represivas largamente preparadas. ¿Por qué parece que, de pronto, el volado es entre una revolución y una dictadura?
Los extremos pueden evitarse si el “ciclo de protestas” encuentra receptividad en el Estado. La expresión entrecomillada es utilizada por el investigador finlandés Martti Siisiäinen para describir el funcionamiento de las presiones de cambio en una democracia. “Visto desde la perspectiva (funcionalista) de la estabilidad del sistema, los nuevos movimientos sociales pueden considerarse el reloj de alarma del sistema”, considera el académico. Es evidente que la “alarma” ha sido largamente ignorada. Y a menos que se atienda, los agoreros de la “tercera revolución” podrán, en algunos años, llamarse profetas.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Mercado de opiniones
Esto, a partir de los códigos interpretativos propuestos por un teórico jamaiquino de nombre Stuart Hall. Para él, cualquier suceso tiene tres lecturas: la hegemónica, la negociada y la opositora. Esto significa que ante cualquier tema las opiniones pueden reforzar la postura dominante, cuestionar sin criticar o simplemente desacreditar. La epidemia de “influenza humana” sirve de ejemplo.
De inspiración presidencial, el mensaje central de este ejercicio de análisis será: “El gobierno mexicano actuó de forma oportuna y correcta ante la emergencia sanitaria”. La lectura hegemónica, según Hall, arrojaría argumentos a favor del enunciado. Los encontraremos, sin falta, en la televisión y en las figuras emanadas de ella.
El elegido es Joaquín López-Dóriga, quien escribió para el periódico Milenio que el presidente se asumió “al frente de la emergencia” como un jefe de gobierno que “se hace sentir”. Además, el comunicador dijo que “debe aceptar” que Felipe Calderón es avalado por las cifras, los resultados y las encuestas. Para él, esto es lógico y natural.
Vamos ahora a la postura negociada, donde caben algunas contradicciones. En este caso, quien opina comparte gran parte de la interpretación dominante, pero añade elementos propios. Opté por un texto de Macario Schettino publicado en El Universal.
Este investigador, autor de 15 libros, admite que el mundialmente célebre virus A/H1N1 es tratable con los antivirales existentes y que quizá no era para tanto. Sin embargo, señala que el gobierno desconocía inicialmente esa información y aplaude que no arriesgara al país. Schettino se queja de la prensa que ataca permanentemente al gobierno, pero tampoco pugna por defenderlo.
En ese sentido, Stuart Hall habla de la lectura opositora, aquella que entiende la opinión dominante, aunque no la comparte. El contexto de quien percibe el tema, lo coloca en una posición contraria. Viene a mi mente Julio Hernández López, columnista de La Jornada.
El autor de “Astillero” afirma que las medidas contra la epidemia fueron exageradas intencionalmente por el gobierno federal, “en función de sus necesidades de legitimación y de sus cálculos electorales y políticos”. Para Hernández López, los riesgos de la influenza fueron tardíamente detectados por una administración que “mantiene en el abandono” el curso de los asuntos públicos.
Al final, esta teoría agrega elementos de juicio a los lectores, televidentes y radioescuchas que prefieren un punto de vista sobre otro. Es también una herramienta básica para una sociedad que requiere, urgentemente, de consumir en forma cada vez más inteligente el contenido de los medios de comunicación.
