miércoles, 20 de enero de 2010

El fenómeno Twitter

Las dimensiones de la tragedia en Haití no eran siquiera imaginables cuando los primeros datos comenzaron a circular. No fue en los portales de los periódicos o a través de las agencias noticiosas, sino en Twitter.

El “fenómeno de mayor crecimiento en Internet”, como lo describe el New York Times, fue también el sitio donde se crearon los primeros foros de discusión y comenzó a organizarse el envío de ayuda humanitaria.

Esta red social que permite publicar y responder mensajes de 140 caracteres se consolidó en los últimos días como una referencia obligada en materia informativa, incluso para los periodistas que después reportarían desde la isla.

Así sucedió con Carlos Loret de Mola, conductor de Noticieros Televisa. Horas antes de partir hacia Haití, el comunicador pidió en Twitter que le reenviaran los mensajes transmitidos desde el lugar de los hechos y se puso en contacto con un reportero local.

Ya iniciada la cobertura, Twitter siguió con las exclusivas. Desde Haití, los enviados de medios nacionales e internacionales compartían sus vivencias al momento. Por ejemplo, Jaime Guerrero de Televisión Azteca: “casi se arma la bronca, llegaron enviados gringos a quitarnos nuestro rincon de suelo.casi hay conflicto belico! faltaba mas los despachamos”.

Twitter es la nueva herramienta de quienes otorgan valor a la información. Este grupo debería incluirnos a todos. De hecho, México supera a Francia, España e Italia en número de usuarios. La lista está encabezada por Estados Unidos y Brasil.

El portal se ha popularizado como fuente de noticias. Tanto que los medios convencionales parecieran estar de sobra. Así lo creen cinco periodistas franceses que se encerrarán en una casa de campo los primeros cinco días de febrero. El objetivo de su experimento es informarse únicamente a través de redes sociales.

Es ahí, en Internet, donde se ventilan las controversias. Sucedió a inicios de año con las declaraciones homofóbicas de Esteban Arce en su informativo matutino en Televisa. La presión y la condena de los “twitteros” fue tal que Emilio Azcárraga tuvo que intervenir.

Hace unos días, el presidente de Grupo Televisa generó polémica al comentar en Twitter que Cuauhtémoc Blanco debería jugar en la primera división del fútbol mexicano. La declaración fue publicada en medios como El Universal.com.mx

Azcárraga es sólo uno de los influyentes que se han unido al servicio. En esta categoría destacan Eric Schmidt, presidente de Google, y Bill Gates, fundador de Microsoft, quien a unas horas de abrir su cuenta ya supera los 240 mil seguidores.

La influencia de este medio preocupa a las autoridades. Ocurrió recientemente en el Distrito Federal con la evasión del alcoholímetro por parte de usuarios que eran notificados en tiempo real sobre la ubicación de los puestos de revisión. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina ahora busca sancionar lo que calificó de “tonterías”.

Yo me resistí durante meses. Hace unos días, dejando atrás mis reticencias tecnofóbicas y abandonando los argumentos en contra de lo que juzgaba como una actividad innecesaria, ingresé a Twitter.

Desde ahí, aprovecharé la necesidad periodística de cuestionar permanentemente para lanzar preguntas al ciberespacio. La primera fue: “¿Por qué alguien que, como yo, consideraba a Twitter una pérdida de tiempo termina abriendo su cuenta?”. Este texto es la respuesta.

miércoles, 13 de enero de 2010

Aguafiestas

Del 2010 al 2012 el panorama para México es “muy desalentador”. Así lo califica un estudio publicado en La Carpeta Púrpura, medio digital especializado en análisis político y económico.

Elaborado a partir de la evaluación cuantitativa de seis escenarios paradigmáticos, el ejercicio pronostica que el país tendrá un bajo crecimiento económico y seguirá perdiendo autonomía. Las probabilidades se inclinan hacia un estancamiento. La sociedad, auguran los expertos, vivirá entre la desesperanza y el pesimismo.

En materia de seguridad pública, el riesgo estimado de que el narcotráfico se imponga y ejecute a líderes políticos es del 19.9 por ciento. Se prevé que continuarán los ajusticiamientos, las venganzas y los enfrentamientos. La posibilidad de que se gane la “guerra contra el narcotráfico” es sólo de 5.1 por ciento.

En oposición directa a este contexto, el optimismo presidencial inundó los televisores con el primer mensaje a la nación en lo que va del año. Con su expresividad característica –que desde el sarcasmo considero desbordante- el mandatario mexicano exhortó a celebrar con orgullo el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

Luego de invocar al espíritu festivo y al ánimo renovado, Felipe Calderón afirmó: “Somos un pueblo, cuya mayor riqueza y su principal orgullo es su gente” (sic). En pocas palabras, somos un país orgulloso de estar orgulloso.

No hay nada que celebrar. En eso coincido con Germán Dehesa, connotado columnista, quien escribió hace unos días que ningún país como México premia y celebra tanto la simple “durabilidad”.

Dehesa ilustró su punto hablando del pan repugnante de una panadería hipotética que nadie se animó a clausurar y que festeja en grande el inicio de su quinta década. “El chiste es que ya cumplió 50 años de hacer porquerías”, remató.

Las llamadas fiestas del bicentenario son como una borrachera sabatina: una exaltación inducida, una manifestación del despilfarro, una apuesta al olvido de las penas presentes en el recuerdo de glorias pasadas, una oportunidad para el exceso en tiempos de escasez.

Las fiestas del bicentenario son la droga de una sociedad desinformada que se aferra a la esperanza. Estimulante en sus efectos, altera la percepción aunque se trate de un placebo. Son como una cápsula vacía e innecesaria que no aporta al auténtico bienestar social.

Si todo esto fuera poco, son también una farsa insultante y patriotera. El último recurso de una clase política que se ve obligada a entretener el descontento mientras sigue repartiéndose al país. Una colorida distracción para la pobreza, la inseguridad y el desempleo.

El presidente Calderón ha dicho que “celebraremos con la dignidad y el orgullo de una Nación que se sabe libre, soberana y democrática”. ¿Libre, soberana y democrática? Lamento ser aguafiestas. Las razones del festejo no me convencen.

La libertad, condicionada. La soberanía, amenazada. La democracia, simulada. En México, quien busca salud, educación o justicia necesita dinero. Y dinero es lo que menos hay, pero no nos preocupemos; alcanzó para la fiesta…

miércoles, 6 de enero de 2010

Política: pasado y futuro

El Auditorio Nacional podría llenarse ocho veces con quienes exigen la renuncia del presidente Felipe Calderón en Facebook, la red social más popular en Internet. Además de evidenciar la popularidad de la causa o el repudio al personaje en cuestión, esta cifra representa el surgimiento de una forma de política que, paradójicamente, regresa desde la tecnología a sus orígenes.

El reto es agrupar a un millón de usuarios en el transcurso un mes. El experimento inició el 22 de diciembre y la respuesta ha sido extraordinaria: casi 5 mil mexicanos se unen por día. Y aunque la meta parece lejana, el ejercicio resulta valioso por tratarse de la manifestación virtual de un descontento real, un fenómeno incipiente que –en este y otros temas- amenaza con empoderarse en los años por venir.

El debate sobre temas públicos se trasladará paulatinamente a Internet. No hay medio más idóneo para conocer, evaluar, contrastar y comentar las ideas de otros. Esa es la esencia de la política. Opinar que ‘gobierno es igual a política’ es vivir en la ignorancia o el engaño.

Hannah Arendt, gran pensadora del siglo XX, estudió exhaustivamente el modelo de la polis griega a fin de rescatar la política en su versión más pura. Descubrió que en la antigua Grecia, el sentido de esta práctica era la libertad y que sus instrumentos eran las palabras y la persuasión.

“Solamente en la libertad de conversar surge en su objetividad visible desde todos lados el mundo del que se habla. Vivir en un mundo real y hablar sobre él con otros son en el fondo lo mismo”, escribió.

En México ese ‘mundo real’ es el de millones de pobres, el de la corrupción y la impunidad, el de una crisis cuyos efectos se agravan con el aumento de impuestos, el de una guerra que ha exacerbado lo que pretendía erradicar.

Por eso es digno de atención cualquier indicio de una sociedad con capacidad de indignarse, organizarse y exigir. Un fenómeno que se presumía extinto y que desde el silencio permitía toda clase de ignominias.

El grupo que desde Facebook pugna por revocar el mandato al presidente de la República es llamativo por la diversidad y numerosidad creciente de sus miembros. La calidad de las participaciones varía: hay quienes se desahogan insultando al mandatario, quienes generan propuestas y quienes se enfrascan en debates ideológicos.

Queda el antecedente, si no se logra el consenso. Hasta ahora se ha discutido la conveniencia de iniciar marchas y plantones, de buscar espacio en los medios de comunicación, de impulsar candidaturas ciudadanas, de organizarse por estados y presionar a legisladores.

Por razones técnicas y sociales, un movimiento de este tipo era impensable hace unos años. Si, como sugiere Hannah Arendt, la política es la búsqueda de la libertad, no puede florecer en el terreno estéril de la protección a intereses particulares típica del partidismo.

Internet es la nueva plaza pública, un lugar que -como el Ágora griega- representa un espacio propicio para la discusión de ideas entre ciudadanos que, sobra decirlo, tienen derecho a imaginar un futuro distinto.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Transición

¿Logró México transitar de un régimen autoritario a una verdadera democracia? Esta es la pregunta central del más reciente libro de Carmen Aristegui bajo el sello de Grijalbo. En casi 300 páginas, la periodista presenta una serie de entrevistas con personajes centrales de la vida nacional, quienes ofrecen sus memorias, percepciones y opiniones sobre el accidentado proceso de consolidación democrática en México durante las últimas décadas.

“Se dice que la entrevista es el género propagandístico por excelencia, pues se facilita al entrevistado el espacio para que diga lo que quiere decir. ¿Estás de acuerdo?, ¿o crees que el entrevistador tiene la capacidad de hacer que el entrevistado diga lo que él quiere escuchar?”

El párrafo anterior reproduce una de las preguntas que formulé a Aristegui en el marco de las reuniones de la Sociedad Interamericana de Prensa en octubre de 2006. En su respuesta, la periodista negó la carga mercadológica del género periodístico y precisó que el éxito de una entrevista radica en obtener la información que el entrevistado prefiere ocultar y escuchar aquella que desea difundir.

Las conversaciones compiladas en el libro, ilustradas con fotografías de Ricardo Trabulsi, demuestran el dominio de Aristegui en la técnica de mezclar ambos enfoques. Quizá para el lector resulte poco interesante escuchar a Manuel Bartlett exculparse por enésima vez de la caída del sistema en 1988, pero a cambio recibe las sorpresivas declaraciones del ex presidente Miguel de la Madrid, quien acusa de corrupción a su sucesor, Carlos Salinas de Gortari.

Fue precisamente Salinas quien el 13 mayo 2009 expresó en un comunicado su “dolor e indignación” por los términos y condiciones en que se había realizado la entrevista a de la Madrid. Al nombre de Carlos Salinas se suma el de Vicente Fox en la lista de personajes que, por cobardía supongo, no accedieron a ser entrevistados.

El político guanajuatense optó por redactar un texto donde narra sus inicios en la política y su odisea por “sacar al PRI de Los Pinos”. Ahí defiende a los hijos de Marta Sahagún y celebra que su compañera de vida sea una demócrata. Llegado el momento de discutir su sexenio, Fox precipita el tema con la frase que Aristegui califica de brevísima y desconcertante: “…y así pasaron los seis años”.

¿Se arrepiente la politóloga Denise Dresser de haber votado por la izquierda en 2006? ¿Por qué cree Manuel Bartlett que López Obrador es el único que puede detener una revuelta social? ¿Qué ex candidato presidencial llama “Barbie masculino” a Enrique Peña Nieto? ¿Se le antoja la presidencia de la República al ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente? ¿En que consistió la “asustadita” que según Manuel Espino, ex dirigente del PAN, le dieron en el rancho de los Fox? ¿Qué opinan de la democracia mexicana intelectuales como Roger Bartra, Carlos Fuentes, Lorenzo Meyer y Carlos Monsiváis?

Estas y otras interrogantes se disipan en las páginas de “Transición”. Una obra que invita a la reflexión en tiempos definitorios, un testimonio de los errores que han conducido al país al borde de un estallido. El cinismo y la impunidad son evidentes en los años repasados por Aristegui en su libro. Ahora toca a la memoria colectiva no perpetuarlos desde el olvido. De lo contrario, la respuesta a la pregunta que inicia este texto nunca será alentadora.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Diciembre loco

Intrascendente, aburrido y predecible. En materia noticiosa, diciembre suele ser un mes muerto. En estas fechas abundan los contenidos de temporada: la afluencia de vacacionistas a los principales destinos turísticos, las recomendaciones para evitar accidentes carreteros, las temperaturas gélidas, el registro de nevadas, los reportajes navideños y los recuentos anuales.

Las últimas semanas han superado por completo este patrón decembrino. Tanto que quizá se trate del mes más interesante del 2009 desde el punto de vista periodístico. Hablo de la propuesta de reforma política presentada por el Ejecutivo federal, la muerte del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva y la aprobación del matrimonio entre homosexuales en el Distrito Federal.

Inicio con el arranque presuntamente demócrata del presidente Felipe Calderón. El paquete de iniciativas enviado al Senado el mismo día que se clausuró el primer periodo de sesiones ordinarias pretende abrir espacios a las candidaturas ciudadanas, impulsar la reelección y fortalecer el vínculo entre los ciudadanos y el sistema político. Su aprobación implicaría también la eventual desaparición de algunos partidos y el otorgamiento de mayores facultades al Ejecutivo sobre el Legislativo.

La propuesta, que se discutirá formalmente hasta febrero, no fue presentada en el momento adecuado. Miguel Ángel Granados Chapa, connotado periodista, opina que la maniobra presidencial fue inoportuna si buscaba impactar a la opinión pública; efecto que difícilmente se logra a mediados de diciembre “cuando el escaso ánimo participativo decae notoriamente por la temporada festiva que está en curso y que no se interrumpe ni siquiera a causa de la profunda crisis que padece la sociedad mexicana”.

Es posible que, luego de analizarse en el Congreso, la iniciativa no se apruebe íntegramente. Para Calderón terminará convirtiéndose en una de esas medallas que les gusta portar a los ex mandatarios, como la que dice “transparencia” y que tanto presume Vicente Fox.

La tranquilidad festiva de estos días se vio interrumpida definitivamente la noche del miércoles 16, cuando fue anunciada la muerte del llamado “Jefe de jefes”, líder del cártel de Sinaloa, tras un enfrentamiento con fuerzas especiales de la Marina en el estado de Morelos. ¿Qué hacía la Marina en Cuernavaca? ¿Qué hacía un narcotraficante viviendo a unas cuadras de la Zona Militar?

La imagen difundida del cadáver ensangrentado de Beltrán Leyva, tapizado con billetes e imágenes religiosas, confirma la preocupante noción de justicia que se ha implantado en el país desde que inició la “Guerra contra el narcotráfico”. Un Estado que ejecuta sin juzgar imita la perversidad de sus enemigos. Esta regresión al porfirismo de “mátalos en caliente” no contempla ni los derechos humanos ni los cauces institucionales. Desafortunadamente, son los propios ciudadanos quienes desde la desesperación claman por estos métodos, especialmente en el norte del país.

Finalmente, en este recuento del diciembre loco, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal votó a favor del matrimonio y la adopción para personas del mismo sexo, un paso firme en la dirección de una legislación progresista e incluyente, un golpe certero a quienes pretenden gobernar un Estado laico con morales privadas y medievales.

Sin duda todo lo ocurrido este mes confirma que en México está surtiendo efecto la antigua maldición china que reza: “Ojalá vivas en tiempos interesantes”.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

¿Y los medios locales?

El rol de la prensa local en México es inseparable de la situación imperante en el país. Sus virtudes, en este contexto, pasan necesariamente por la ventilación de controversias sociales y por la mediación ante las autoridades civiles. Si el gobernante en turno sólo actúa cuando los problemas han alcanzado la esfera pública, los medios son los mejores aliados de la ciudadanía.

Así lo han entendido los lectores, radioescuchas y televidentes que –dejando a un lado la pasividad inherente a su postura como receptores- intentan comprender el lenguaje y las inclinaciones de cada medio. Una manifestación, por ejemplo, recibirá mayor interés de la televisión si es visualmente atractiva. Un periódico de corte político, por otro lado, encontrará relevante la protesta si algún funcionario es acusado directamente.

Y aunque la prensa reconozca en su relación con la audiencia la única razón de su existencia, a menos que su continuidad esté garantizada por fuerzas superiores, son muchos los vicios que aún aquejan a lo que también se conoce como ‘periodismo de proximidad’.

La prensa local depende excesivamente de la nota del día, es decir, de la información generada diariamente por los actores políticos y sociales. La investigación es poca o nula, generalmente por la falta de reporteros especializados o de recursos para financiar su labor. Así pues, la oferta informativa termina condicionada por el desfile matutino de declarantes que privilegia los dichos sobre los hechos y que muchas veces no es trascendente o siquiera interesante.

Se ha perdido el sentido de la exclusiva. Son pocos los medios que buscan ganar la noticia. En parte, porque no existe una competencia real entre ellos y porque los reporteros trabajan en grupo. La manifestación más clara de este error es el monstruo de grabadoras y micrófonos que suele rodear a los políticos. Ese ‘monstruo’ es inflexible y torpe por naturaleza, no permite cuestionamientos incisivos y unifica los criterios.

Esto sin contar que en México las dependencias gubernamentales suelen sembrar y patrocinar a ‘periodistas cómodos’ (en este caso el adjetivo invalida al sustantivo). No obstante, incluso sin estar coludidos, hay quienes siguen pensando que la mejor pregunta que pueden hacerle a un funcionario es “¿Qué apoyos vino a entregar?”. En este punto, ofende más el propagandismo automático del informador que el asistencialismo electorero del servidor público.

En general, los medios de comunicación han sido invadidos por los administradores. Es comprensible que una empresa busque maximizar utilidades, pero si de dinero se trata, el oficialismo no es el mejor negocio. Al contrario, esta práctica aburre a la audiencia y abre una zanja entre ésta y el medio. Depender de un grupo selecto de benefactores cierra las puertas a una comercialización amplia y somete la línea editorial a los caprichos de unos cuantos.

Ningún proyecto periodístico madura como tal si es visto como un pretexto para la consecución de otros fines. Los retos de la prensa local son numerosos e incluyen la ampliación de su alcance a través de la Red, una mayor calidad en la producción de las notas, el impulso al periodismo de investigación y una verdadera competencia entre medios. Pero, ante todo, el redescubrimiento de su función social en un entorno que exige ajustes, cambios y reformas que serían imposibles sin la solidaridad de los medios.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sobre el Premio Nacional de Periodismo

El Club de Periodistas de México me distinguió este martes con el Premio Nacional de Periodismo 2009, honor compartido con comunicadores como Eva Golinger, Carmen Aristegui, Ana Lilia Pérez y académicos como Noam Chomsky, Lorenzo Meyer y John M. Ackerman.

El reconocimiento en la categoría de “Trabajo Periodístico Universitario” también lo recibió Juan Manuel Ramírez, colega en la realización del blog Notas UDLA, un proyecto de periodismo digital en la Universidad de las Américas Puebla. Este medio surgió como una propuesta multimedia ante el vacío informativo generado por la censura al semanario estudiantil “La Catarina”.

El jurado calificador, que evaluó 7 mil 281 trabajos, destacó en sus razones el “trabajo impecable” que evidenció la forma en que el rector Luis Ernesto Derbez antepone sus intereses a los de la comunidad universitaria, “vulnerando también los derechos humanos, laborales y académicos.”

La ocasión nos permitió hacer pública una reflexión sobre el estado del periodismo universitario en México, una práctica en peligro de extinción. Lo anterior –amplío ahora- se debe a la escasez de programas académicos que lo impulsen y a la inconveniencia que su práctica representa para las instituciones educativas.

Los medios estudiantiles de línea editorial independiente son cada vez menos. En su lugar, se distribuyen periódicos editados por las oficinas de Prensa con claras intenciones propagandísticas y aparentemente nadie nota la diferencia.

En este contexto, la vocación periodística de muchos jóvenes se desperdicia en la difusión de logros y “buenas noticias”. La investigación, la crítica y la incomodidad inherentes a un ejercicio informativo digno quedan fuera de la ecuación.

Luego, la versión complaciente y distorsionada del periodismo termina implantándose en la mente de los universitarios que, una vez fuera, están listos para reproducir boletines, ocultar datos y mendigar la aprobación de la autoridad en turno.

Hacer lo contrario representa un riesgo, dentro y fuera un campus. Los estudiantes son acusados de abaratar su título y los ciudadanos de despreciar a la Patria. La incomprensión y el reproche son la constante.

Ese riesgo acompaña la labor de muchos, que es el derecho de todos. La información ya no puede negarse, aunque siga ocultándose. En México el reto es mayúsculo pues impera la corrupción. Por eso, los motivos de un periodista en este país sólo se entienden –como escribí en la primera entrega de esta columna- desde “la peligrosa ignorancia o la verdadera vocación”.

Muchos han quedado en el camino. “Periodistas y más periodistas masacrados. Los muertos gritan y la justicia calla”, dijo en la ceremonia del martes Celeste Sáenz de Miera, secretaria general del Club de Periodistas. “Todo pasa y nada pasa”, reclamó.

Carmen Aristegui –quien recibió el premio en la categoría de “Entrevista”- comentó: “La impunidad es precisamente uno de los rasgos más trágicos de esta nuestra difícil transición a la democracia mexicana, si es que eso existe ya en estos momentos del país”.

El reconocimiento honra y compromete. Haberlo recibido se transformará en un recordatorio permanente de las cualidades deseables en mi labor periodística. El desafío apenas inicia y lo mejor está por venir.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Más trabajo, menos medios

El presidente Felipe Calderón debería reducir su presencia en los medios, aunque sus estrategas le recomienden lo contrario. El mandatario inicia la segunda mitad de su sexenio con una popularidad a la baja, una economía que no levanta y las manifestaciones cada vez más frecuentes del descontento generalizado en el país.

Para un político gris e ineficaz como él, cada minuto en televisión representa la posibilidad de fabricar atributos y generar simpatías. Así lo creyó durante años y ahora descubre su error. La falta de carisma y de resultados de gobierno no puede suplirse con tiempo aire. Al contrario, es de esperarse que cada minuto transmitido sea un suplicio para el televidente, una invitación al enojo.

56 por ciento de los mexicanos considera que el país va por “mal camino”, informó esta semana el periódico Reforma. Consulta Mitofski lo confirma revelando que la desaprobación al Ejecutivo federal es la mayor de su periodo. Además, Milenio publicó que en el último año se triplicó el número de personas que “de plano no confía” en Calderón y su equipo.

Promover al gobierno federal implica gastos enormes. Lo que no tiene precio es que, a pesar de la saturación mediática, nadie salve a Felipe Calderón de ser abucheado públicamente. Había sucedido en menor escala durante actos oficiales pero nunca como el 11 de noviembre en Torreón. Ese día, el Estado Mayor comprobó que es imposible contener a un estadio lleno. El presidente tuvo que sonreír: descubrió que cuando falla el audio queda la foto.

De poco sirvieron los horarios estelares y los noticieros complacientes. Comprar interés no lo hizo interesante. El personaje en cuestión no entusiasma aunque sus declaraciones sean la nota del día todos los días. Fueron inútiles los esfuerzos para posicionarse como salvador de la humanidad ante la epidemia o como el hombre “valiente” que combate al crimen organizado. Nada funcionó.

Aburrimiento total e indignación a tope. La larguísima entrevista difundida por Televisa la semana pasada con motivo de los tres primeros años de administración calderonista me permitió vivir en carne propia la agonía de miles de televidentes. Por la tranquilidad del país, el presidente debería retirarse de los reflectores para trabajar lejos de la exposición pública en la comodidad de su despacho. Eso le redituaría en términos de imagen.

Ahora que si la intención es incentivar el descontento y multiplicar las voces a favor de la revocación del mandato, el Ejecutivo está haciendo su parte. Es más, ha llegado la hora de invadir las pantallas, de secuestrar la programación con su gracia y brillantez. Si en el 2006 Paty Chapoy lo nombró su “gallo”, ¿por qué no regresar a esas emisiones que lo acogieron como candidato?, ¿por qué no apelar a la credibilidad de comunicadores que igual venden gobernadores que detergentes?

Es tiempo de definiciones. Si se pretende mejorar la relación del gobernante con sus gobernados, urge cambiar la estrategia. No hacerlo demostrará en los hechos la terquedad y la sordera suficientes para que la opinión pública mantenga su castigo al presidente. Propongo entonces más trabajo y menos medios. Las consecuencias de invertir la fórmula están a la vista de todos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La tercera revolución

La ocurrencia se volvió murmullo y después rumor, hasta terminar en moda. La posibilidad de un estallido social en 2010 se ha convertido en el tema predilecto de analistas y comunicadores en los últimos días. Surgen dos posibilidades: el fenómeno podría ampliarse y provocar lo que augura o simplemente desgastarse, como sucede con gran parte de los temas explotados por la agenda mediática.

En todo caso, es un hecho que las condiciones imperantes en el país han provocado un descontento generalizado que, lejos de significar una amenaza, representa una oportunidad única para recuperar el juicio y modificar el rumbo. El riesgo de la revolución que pregonan los medios está asociado a la especulación y a la descontextualización, prácticas comunes de la prensa irreflexiva.

Urge debatir ideas, escuchar todas las causas. Simplificar la complejidad de estos tiempos y reducirla a una discusión de futurólogos improvisados es desaprovechar su potencial de cambio y apostar a la continuidad de una realidad insostenible.

El periodista Ricardo Alemán publicó en El Universal la versión extraoficial de un “encuentro secreto” entre una decena de grupos guerrilleros que estarían planeando acciones para 2010. Además estimó que la “tercera revolución” podría alimentarse con los “fanáticos del legítimo”. Olvida mencionar que el estallido habría ocurrido hace tres años si Andrés Manuel López Obrador hubiera actuado diferente, es decir, si hubiera permitido que la inercia electoral y las convicciones de un fraude incentivaran a un movimiento radical e incluso violento.

Y la desmemoria continúa. “Las autoridades nos tienen que proteger de cualquier intento de festejo violento”, escribe Denise Maerker. Lo que evita señalar es que la era de los festejos violentos –inaugurada aquél 15 de septiembre en Michoacán- es consecuencia directa de la “Guerra contra el narcotráfico”. Una estrategia gubernamental que, en contraste con sus efectos, pugna por la seguridad de los ciudadanos y el debilitamiento de los cárteles.

La “protección” exigida por Maerker se convierte, pues, en disuasión, a nombre del Estado, de las ocurrencias opositoras. Esto último lo entiende Leo Suckerman, analista político de Grupo Fórmula, quien celebró el lunes pasado la capacidad de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) para espiar en todo el territorio nacional con su nuevo “Centro de Inteligencia”. Entrevistado por el periodista José Cárdenas, Zuckerman explicó que –a diferencia de los levantamientos de 1994- el gobierno tendría información de sobra para reaccionar ante un eventual conflicto.

El necesario diálogo nacional se ha transformado en una novela de detectives. Ya sólo importa saber quién tirará la primera piedra. Julio Hernández López, columnista de La Jornada, lo ejemplifica cuando se pregunta si la actitud del Ejecutivo federal refleja una “extrema insensibilidad” o una “provocación programada”. El autor de Astillero considera que la “confrontación sistemática” acelerará el estallido y la aplicación de medidas policiacas y represivas largamente preparadas. ¿Por qué parece que, de pronto, el volado es entre una revolución y una dictadura?

Los extremos pueden evitarse si el “ciclo de protestas” encuentra receptividad en el Estado. La expresión entrecomillada es utilizada por el investigador finlandés Martti Siisiäinen para describir el funcionamiento de las presiones de cambio en una democracia. “Visto desde la perspectiva (funcionalista) de la estabilidad del sistema, los nuevos movimientos sociales pueden considerarse el reloj de alarma del sistema”, considera el académico. Es evidente que la “alarma” ha sido largamente ignorada. Y a menos que se atienda, los agoreros de la “tercera revolución” podrán, en algunos años, llamarse profetas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Ciberprotesta

Atestiguamos el inicio de la ciberprotesta en México. Lo que ocurrió esta semana con las páginas Web de algunos partidos políticos, gobiernos estatales y periódicos digitales fue producto de la unión circunstancial entre un medio de comunicación de creciente influencia y las causas que no encuentran desahogo en el ejercicio del poder público.

En lugar de la página original, el navegador abría un mensaje firmado por hackers. Predominaban los colores negro y rojo. En la parte superior de la pantalla destacaba la imagen de una bandera mexicana con la leyenda “Viva México cabrones”. El texto hablaba a nombre del pueblo y en plural reclamaba a los “gobernantes” por su corrupción, cinismo, abuso de autoridad y demás desviaciones.

Comparto las demandas, entre ellas, el cese de la violencia y la necesidad de considerar más propuestas ciudadanas. Los autores promovieron la participación de los cibernautas, quienes también opinaron. Proliferaron los insultos a diputados, los reclamos por la pobreza, las muestras de solidaridad y la celebración de lo que alguien calificó como “sitios vulnerables”.

La expresión de inconformidades en la Red tiene un antecedente exitoso. Recientemente, a través de Twitter (y con la venia de la prensa) un movimiento social consiguió reunirse con legisladores federales y eliminar el impuesto a Internet propuesto por el Ejecutivo federal. Los intentos previos en otros asuntos habían terminado en anécdota, por ejemplo, la de 400 avatares de Second Life que se unieron a las manifestaciones contra la inseguridad en la capital del país.

Si el ciberespacio se midiera en metros cuadrados y además se escriturara, la protesta del lunes sería delictuosa. Sin embargo, la invasión momentánea de sitios de Internet parece superar los alcances de una legislatura caracterizada por su atraso y lentitud. Para estupor de las leyes mexicanas, la Red no es sólo un medio más para la comisión de delitos sino un mundo aparte que merece atención.

Omitiendo las consideraciones anteriores y aceptando que el acto ofende, es decir, desde la crítica automática y compartida, el daño no existe. La necesidad tampoco. Es tan vasta la capacidad de la Red y tan amplia su diversidad temática, que resulta innecesaria la apropiación de espacios que podrían crearse gratuita y libremente en otros dominios. No obstante, la conquista temporal y virtual que nos ocupa atribuye la visibilidad a sus métodos.

Detrás de la exigencia hay frustración, detrás de la frustración ineficacia. Aunque por su naturaleza el Estado se imponga, no puede negarse al diálogo. Si se presume en el discurso debe exigirse en los hechos. Si no, las propuestas razonadas y a veces razonables terminan ignoradas, cual cháchara minoritaria en la discusión simulada de una decisión consumada.

En lo real y en lo virtual, la sociedad buscará solucionar sus problemas, difundir prioridades. El ciclo de protestas que continúa en México -y que inaugura su faceta en línea- culminará en reformas y cambios. Si los reclamos llegan a oídos sordos, la frustración encontrará nuevos canales y tarde o temprano se convertirá en violencia. Este mal no surge sin impotencia y eso lo entiende el gobierno federal.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Fábrica de refugiados

Si lo usual termina en estadística, la infamia es cuantificable en México. Alguna cifra aumenta cada vez que un periodista es asesinado. No conformes con las centenas de ejecuciones en las últimas décadas o la indignidad sugerida por las comparaciones internacionales en este rubro, las instituciones mexicanas continúan aplazando el cumplimiento de su mandato legal ante una sociedad que, desde la ignorancia o la apatía, permanece indiferente ante el tema.

Esta ignominia, justificada como tal en la amenaza a una profesión con claros propósitos sociales, no es posible sin el éxito de la criminalidad o la franca negligencia. La frialdad de los números despersonaliza a las víctimas y maquilla la gravedad de los hechos ante la opinión pública. Hablar de caras y nombres es incurrir en la excepción, apostar a la empatía e invitar a que se revisen los límites de lo aceptable.

La semana pasada fue encontrado el cadáver del reportero José Bladimir Antuna García de 39 años. Publicaba información sobre temas policiales y judiciales en El Tiempo de Durango, periódico en que laboraba su colega Carlos Ortega, ultimado el 3 de mayo. Antuna García denunció amenazas durante varios meses y manifestó haber compartido información con Eliseo Barrón, reportero de Grupo Milenio asesinado por presuntos gatilleros del cártel del Golfo.

“México tiene una vergonzosa posición como uno de los países más peligrosos para los periodistas. Para una democracia moderna, alcanzar esta posición es una vergüenza”, señala un comunicado del Instituto Internacional de la Prensa (IPI). Este organismo documentó que de los 44 informadores ejecutados en el mundo durante el 2009, siete corresponden a la República Mexicana. Esta cifra es idéntica a la de Pakistán y nos ubica por encima de Somalia, un país que carece de Estado.

La función primordial del Estado es, precisamente, garantizar la seguridad de sus habitantes. De lo contrario, se convierte en una fábrica de refugiados: un gobierno incapaz de otorgar protección y los temores fundados de persecución o muerte definen el término “refugiado” en la Convención de 1951. Bajo este esquema, los periodistas mexicanos podrían optar por el exilio y ser amparados por el derecho internacional.

Un Estado fallido no merece respeto. Así lo considera el politólogo inglés John Dunn, quien desde la Universidad de Cambridge advierte que los Estados que promueven efectivamente la seguridad de sus habitantes ganan y merecen una mayor lealtad que aquellos que fracasan en el intento. Esta idea encontraría dificultades legales en México: el sexto constitucional permite la libre expresión pero fija sus límites en el Estado. En este contexto, la coherencia de Dunn se vuelve golpismo.

¿Cuántas muertes más? La ineficiencia llama a la exigencia, no a la parálisis. La situación imperante en México es una responsabilidad compartida. En tiempos donde la impunidad es la constante, celebrar la institucionalidad es apadrinar la decepción. Los delitos contra periodistas son una manifestación más de una realidad que indigna y exige ajustes. Así como las víctimas, los culpables tienen caras y nombres. Las víctimas se ocultan con números, los culpables con cargos públicos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Infamias

Mientras los mexicanos cruzaban el umbral de un fin de semana largo y se ocupaban gustosos de sus tradiciones, se gestaba desde el Poder Legislativo un alza de impuestos, un golpe más al bienestar de los “representados”.

En ese momento, los pormenores de la infamia eran conocidos por pocos, incluyendo a quienes seguimos la discusión en el Canal del Congreso. Para una inmensa mayoría, las noticias llegarían después. Quienes ignoraban el hecho confiarían nuevamente en la televisión, su medio predilecto.

Las Fiestas de Muertos habían finalizado y lo “milenario” de la tradición fue más importante que lo “inmediato” de la información. Sólo este criterio explica que el noticiero de Joaquín López-Dóriga en Televisa fuera dedicado el lunes 2 de noviembre a la “magia” y la “diversión” del folclor mexicano.

Tardíamente, llegada la hora en que las Fiestas de Muertos parecían ser el acontecimiento periodístico del día y que gran parte de la audiencia estaba (al menos) adormilada, se transmitió la crónica.

Si Televisa dijo la verdad, no hay de qué preocuparse: el debate en el Senado se redujo a una discusión entre el perredista Carlos Navarrete y el panista Gustavo Madero. No hubo controversias en San Lázaro, los diputados se veían tranquilos en sus curules. Las bancadas del PRI y el PAN no fueron acusadas de proteger intereses económicos en detrimento de la economía popular. Una maravilla, casi nada.

Todo lo contrario. La falsedad e irresponsabilidad de la información indigna tanto como el cinismo de los legisladores que salieron a decir que “pudo ser peor”. Total, los mexicanos somos cobardes y de memoria corta. ¿Quién va a exigirle al PAN la “Acción Responsable” que ofreció en campaña? ¿Quién recordará que “Primero tu economía” era un compromiso del PRI?

Es posible que la facilidad para exprimir al país con la complicidad de los medios alcance extremos insospechados. Las ambiciones de la clase política son verdaderamente inagotables. La situación imperante lo demuestra. Como si la violencia, la crisis económica y el desempleo fueran poco, parece que sólo empeorarán. ¿ “Por el bien de México”? ¿Por el bien de quien?

Un aumento en los gravámenes es indefendible. Castigar al salario y al consumo es la mejor forma de expandir la miseria en tiempos de escasez. En Alemania lo saben y hace unas semanas acordaron reducir los impuestos en 24 mil millones de euros para fomentar el crecimiento. Siguiendo las comparaciones, descubriríamos que mientras el Internet de banda ancha es un derecho constitucional en Finlandia, los legisladores mexicanos pretendían gravarlo con un 3 por ciento.

Y se excusan a través de los medios: que si para ayudar a los pobres, que si el boquete fiscal, que es un mal necesario, que el paquete fiscal es “responsable y patriota”. El engaño es evidente. El Ejecutivo federal sigue parloteando sobre austeridad mientras la Oficina de la Presidencia solicita un aumento del 98 por ciento en su gasto para 2010, según publicó ayer el periódico Reforma.

La indignación es uno de los principales motores del Periodismo, y a través de él debería expandirse. Urgen cambios de fondo. Es común escuchar que un estallido social se acerca y a menos que “las instituciones” recuperen la cordura, el augurio podría consumarse.