miércoles, 27 de enero de 2010

El circo de Cabañas

¡Qué rápido se indigna la sociedad con nimiedades! ¡Qué difícil que reaccione igual ante temas de verdadera trascendencia! El fenómeno mediático y social que generó la agresión al futbolista Salvador Cabañas está sobredimensionado. Tanto que no puede ignorarse como caso de análisis, aunque me avergüence otorgarle importancia.

Vacunándome contra los apasionados, aclaro que mis juicios sobre el tema no incluyen el desempeño deportivo del personaje en cuestión. No niego sus logros en la cancha o su vocación de ídolo; critico la exageración de los medios, la rumorología patente en la cobertura, el ajusticiamiento televisivo.

El noticiero conducido por Adela Micha en Galavisión fue pieza clave en el desarrollo de la historia. Desde el lunes 15 de enero, la emisión destacó el tema con un presumible abanico de géneros informativos: la cronología de los hechos, múltiples enlaces en vivo, el perfil del jugador, contexto, antecedentes y reacciones.

Y al día siguiente –agárrense Chapoy, Origel y compañía- “Las noticias por Adela” se convirtió en un programa de espectáculos. La transfiguración fue evidente cuando la conductora recibió vía telefónica y con cierta gravedad a “La Chiva”.

“¿A quién?”, se pregunta uno. No vaya a ser alguna personalidad efímera, algún ex participante de reality show. Pues sí, “usted la recuerda” dice Micha, quien aprovechó su contacto con la ganadora de “Big Brother 2” para obtener la estremecedora exclusiva: el agresor de Cabañas es el padre del hijo de “La Chiva”. ¡Lo que nos faltaba!

La revelación se sumó a los datos difundidos la noche anterior por el procurador capitalino, Miguel Ángel Mancera, quien se estrenó como narrador de videos de borrachos. Auxiliado por Joaquín López-Dóriga, el funcionario describió la secuencia captada por las cámaras de seguridad del bar donde sucedieron los hechos.

Las figuras televisivas suelen envalentonarse cuando los daños están calculados. Así sucedió con López-Dóriga quien exigió a Mancera la detención de los culpables. El conductor del noticiero estelar de Televisa sentenció: “Hay un clamor, usted lo sabe, basta ya de impunidad”.

Eso debió decirle a su entrevistado anterior, el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández, quien se presentó con motivo de la campaña “Estrellas del Bicentenario” para presumir las maravillas naturales de su estado y hablar de lo que llamó “el verdadero Tamaulipas”. Ni mencionar el primer lugar en corrupción educativa o los más de 250 mil campesinos en pobreza extrema…

En el México real, gente armada entra a los bares y sale despreocupada luego de jalar el gatillo, sí. Lamentablemente, la lista de ignominias en el país es tan larga que eclipsarla con el ataque a una figura pública es franca y abierta desinformación.

Millones de mexicanos viven tan disociados de la realidad que sólo reaccionan ante escándalos deportivos o del espectáculo (y finales de telenovela). Haití es caso aparte, y aunque la cobertura se justifique, quitó espacio a los temas nacionales.

Si en un día normal, por motivos de tiempo, la televisión se ve obligada a ignorar decenas de noticias, las últimas semanas han sido un infortunio periodístico. Si imaginamos el volumen de los datos que se omitieron por centrar la atención en Haití y luego en Salvador Cabañas, y agregamos a la imagen el aderezo patriótico del Bicentenario, intuiremos las dimensiones de una miseria informativa que a nadie preocupa.

miércoles, 20 de enero de 2010

El fenómeno Twitter

Las dimensiones de la tragedia en Haití no eran siquiera imaginables cuando los primeros datos comenzaron a circular. No fue en los portales de los periódicos o a través de las agencias noticiosas, sino en Twitter.

El “fenómeno de mayor crecimiento en Internet”, como lo describe el New York Times, fue también el sitio donde se crearon los primeros foros de discusión y comenzó a organizarse el envío de ayuda humanitaria.

Esta red social que permite publicar y responder mensajes de 140 caracteres se consolidó en los últimos días como una referencia obligada en materia informativa, incluso para los periodistas que después reportarían desde la isla.

Así sucedió con Carlos Loret de Mola, conductor de Noticieros Televisa. Horas antes de partir hacia Haití, el comunicador pidió en Twitter que le reenviaran los mensajes transmitidos desde el lugar de los hechos y se puso en contacto con un reportero local.

Ya iniciada la cobertura, Twitter siguió con las exclusivas. Desde Haití, los enviados de medios nacionales e internacionales compartían sus vivencias al momento. Por ejemplo, Jaime Guerrero de Televisión Azteca: “casi se arma la bronca, llegaron enviados gringos a quitarnos nuestro rincon de suelo.casi hay conflicto belico! faltaba mas los despachamos”.

Twitter es la nueva herramienta de quienes otorgan valor a la información. Este grupo debería incluirnos a todos. De hecho, México supera a Francia, España e Italia en número de usuarios. La lista está encabezada por Estados Unidos y Brasil.

El portal se ha popularizado como fuente de noticias. Tanto que los medios convencionales parecieran estar de sobra. Así lo creen cinco periodistas franceses que se encerrarán en una casa de campo los primeros cinco días de febrero. El objetivo de su experimento es informarse únicamente a través de redes sociales.

Es ahí, en Internet, donde se ventilan las controversias. Sucedió a inicios de año con las declaraciones homofóbicas de Esteban Arce en su informativo matutino en Televisa. La presión y la condena de los “twitteros” fue tal que Emilio Azcárraga tuvo que intervenir.

Hace unos días, el presidente de Grupo Televisa generó polémica al comentar en Twitter que Cuauhtémoc Blanco debería jugar en la primera división del fútbol mexicano. La declaración fue publicada en medios como El Universal.com.mx

Azcárraga es sólo uno de los influyentes que se han unido al servicio. En esta categoría destacan Eric Schmidt, presidente de Google, y Bill Gates, fundador de Microsoft, quien a unas horas de abrir su cuenta ya supera los 240 mil seguidores.

La influencia de este medio preocupa a las autoridades. Ocurrió recientemente en el Distrito Federal con la evasión del alcoholímetro por parte de usuarios que eran notificados en tiempo real sobre la ubicación de los puestos de revisión. La Secretaría de Seguridad Pública capitalina ahora busca sancionar lo que calificó de “tonterías”.

Yo me resistí durante meses. Hace unos días, dejando atrás mis reticencias tecnofóbicas y abandonando los argumentos en contra de lo que juzgaba como una actividad innecesaria, ingresé a Twitter.

Desde ahí, aprovecharé la necesidad periodística de cuestionar permanentemente para lanzar preguntas al ciberespacio. La primera fue: “¿Por qué alguien que, como yo, consideraba a Twitter una pérdida de tiempo termina abriendo su cuenta?”. Este texto es la respuesta.

miércoles, 13 de enero de 2010

Aguafiestas

Del 2010 al 2012 el panorama para México es “muy desalentador”. Así lo califica un estudio publicado en La Carpeta Púrpura, medio digital especializado en análisis político y económico.

Elaborado a partir de la evaluación cuantitativa de seis escenarios paradigmáticos, el ejercicio pronostica que el país tendrá un bajo crecimiento económico y seguirá perdiendo autonomía. Las probabilidades se inclinan hacia un estancamiento. La sociedad, auguran los expertos, vivirá entre la desesperanza y el pesimismo.

En materia de seguridad pública, el riesgo estimado de que el narcotráfico se imponga y ejecute a líderes políticos es del 19.9 por ciento. Se prevé que continuarán los ajusticiamientos, las venganzas y los enfrentamientos. La posibilidad de que se gane la “guerra contra el narcotráfico” es sólo de 5.1 por ciento.

En oposición directa a este contexto, el optimismo presidencial inundó los televisores con el primer mensaje a la nación en lo que va del año. Con su expresividad característica –que desde el sarcasmo considero desbordante- el mandatario mexicano exhortó a celebrar con orgullo el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

Luego de invocar al espíritu festivo y al ánimo renovado, Felipe Calderón afirmó: “Somos un pueblo, cuya mayor riqueza y su principal orgullo es su gente” (sic). En pocas palabras, somos un país orgulloso de estar orgulloso.

No hay nada que celebrar. En eso coincido con Germán Dehesa, connotado columnista, quien escribió hace unos días que ningún país como México premia y celebra tanto la simple “durabilidad”.

Dehesa ilustró su punto hablando del pan repugnante de una panadería hipotética que nadie se animó a clausurar y que festeja en grande el inicio de su quinta década. “El chiste es que ya cumplió 50 años de hacer porquerías”, remató.

Las llamadas fiestas del bicentenario son como una borrachera sabatina: una exaltación inducida, una manifestación del despilfarro, una apuesta al olvido de las penas presentes en el recuerdo de glorias pasadas, una oportunidad para el exceso en tiempos de escasez.

Las fiestas del bicentenario son la droga de una sociedad desinformada que se aferra a la esperanza. Estimulante en sus efectos, altera la percepción aunque se trate de un placebo. Son como una cápsula vacía e innecesaria que no aporta al auténtico bienestar social.

Si todo esto fuera poco, son también una farsa insultante y patriotera. El último recurso de una clase política que se ve obligada a entretener el descontento mientras sigue repartiéndose al país. Una colorida distracción para la pobreza, la inseguridad y el desempleo.

El presidente Calderón ha dicho que “celebraremos con la dignidad y el orgullo de una Nación que se sabe libre, soberana y democrática”. ¿Libre, soberana y democrática? Lamento ser aguafiestas. Las razones del festejo no me convencen.

La libertad, condicionada. La soberanía, amenazada. La democracia, simulada. En México, quien busca salud, educación o justicia necesita dinero. Y dinero es lo que menos hay, pero no nos preocupemos; alcanzó para la fiesta…

miércoles, 6 de enero de 2010

Política: pasado y futuro

El Auditorio Nacional podría llenarse ocho veces con quienes exigen la renuncia del presidente Felipe Calderón en Facebook, la red social más popular en Internet. Además de evidenciar la popularidad de la causa o el repudio al personaje en cuestión, esta cifra representa el surgimiento de una forma de política que, paradójicamente, regresa desde la tecnología a sus orígenes.

El reto es agrupar a un millón de usuarios en el transcurso un mes. El experimento inició el 22 de diciembre y la respuesta ha sido extraordinaria: casi 5 mil mexicanos se unen por día. Y aunque la meta parece lejana, el ejercicio resulta valioso por tratarse de la manifestación virtual de un descontento real, un fenómeno incipiente que –en este y otros temas- amenaza con empoderarse en los años por venir.

El debate sobre temas públicos se trasladará paulatinamente a Internet. No hay medio más idóneo para conocer, evaluar, contrastar y comentar las ideas de otros. Esa es la esencia de la política. Opinar que ‘gobierno es igual a política’ es vivir en la ignorancia o el engaño.

Hannah Arendt, gran pensadora del siglo XX, estudió exhaustivamente el modelo de la polis griega a fin de rescatar la política en su versión más pura. Descubrió que en la antigua Grecia, el sentido de esta práctica era la libertad y que sus instrumentos eran las palabras y la persuasión.

“Solamente en la libertad de conversar surge en su objetividad visible desde todos lados el mundo del que se habla. Vivir en un mundo real y hablar sobre él con otros son en el fondo lo mismo”, escribió.

En México ese ‘mundo real’ es el de millones de pobres, el de la corrupción y la impunidad, el de una crisis cuyos efectos se agravan con el aumento de impuestos, el de una guerra que ha exacerbado lo que pretendía erradicar.

Por eso es digno de atención cualquier indicio de una sociedad con capacidad de indignarse, organizarse y exigir. Un fenómeno que se presumía extinto y que desde el silencio permitía toda clase de ignominias.

El grupo que desde Facebook pugna por revocar el mandato al presidente de la República es llamativo por la diversidad y numerosidad creciente de sus miembros. La calidad de las participaciones varía: hay quienes se desahogan insultando al mandatario, quienes generan propuestas y quienes se enfrascan en debates ideológicos.

Queda el antecedente, si no se logra el consenso. Hasta ahora se ha discutido la conveniencia de iniciar marchas y plantones, de buscar espacio en los medios de comunicación, de impulsar candidaturas ciudadanas, de organizarse por estados y presionar a legisladores.

Por razones técnicas y sociales, un movimiento de este tipo era impensable hace unos años. Si, como sugiere Hannah Arendt, la política es la búsqueda de la libertad, no puede florecer en el terreno estéril de la protección a intereses particulares típica del partidismo.

Internet es la nueva plaza pública, un lugar que -como el Ágora griega- representa un espacio propicio para la discusión de ideas entre ciudadanos que, sobra decirlo, tienen derecho a imaginar un futuro distinto.