miércoles, 24 de junio de 2009

Espantosas confesiones

Durante la luna llena, las ostras se abren completamente y los cangrejos aprovechan para tirar dentro de ellas alguna piedra o trozo de alga para evitar que se cierren, y así poder devorarlas. Leonardo da Vinci usaba este ejemplo para prevenir a los que abrían demasiado la boca. Su destino, decía el genio italiano, es terminar a merced de quienes escuchan.

“¿Hay periodistas aquí?” preguntó durante una reunión informal el candidato del PAN a la alcaldía de San Pedro Garza García, Nuevo León, uno de los municipios más ricos del país. Tras la respuesta negativa de los asistentes, el político aseguró -en un acto de verborrea incontrolable- que había pactado con narcotraficantes para mantener la paz y la seguridad.

Mauricio Fernández continuó con lo que después él mismo calificó de “espantosas confesiones”. Dijo que los hermanos Beltrán Leyva protegían la ciudad, que habían prohibido la entrada a “Los Zetas” y que sólo había que detener las “ventas obvias” de droga. Así consta en las grabaciones difundidas por Reporte Índigo y reproducidas por Carmen Aristegui en MVS Noticias.

La periodista entrevistó al declarante, quien también es empresario y trabajó para el poderoso Grupo Monterrey. Fernández negó sus dichos e iracundo despotricó contra Ramón Alberto Garza, director de Reporte Índigo. Argumentó que el responsable de esta revista electrónica estaba molesto por su negativa a firmar un contrato de publicidad. Ya lo dijo el columnista Miguel Ángel Granados Chapa: “como si Garza fuera un revistero extorsionador”.

La trayectoria de Ramón Alberto Garza incluye importantes posiciones en los periódicos de Grupo Reforma, en Televisa y El Universal. Sin embargo, el coraje del candidato lo llevó a demandarlo penalmente; la primera denuncia de su tipo contra un periodista que publica en Internet. “Si te muerde un perro, denuncias al dueño del perro”, explicó el panista.

La historia se repite: el político se equivoca pero la prensa es culpable. Esta coartada huele a podrido y nunca funciona, el caso Puebla es un antecedente directo. Los periodistas trabajan con dichos y hechos. Una investigación que probara el vínculo entre Mauricio Fernández y el cártel de los Beltrán Leyva hubiera sido complicada y laboriosa. En cambio, el candidato decidió regalar su desprestigio confiado en que a las palabras “se las lleva el viento”. ¿Y las grabadoras?

El episodio en Nuevo León pone en duda, nuevamente, la “Guerra contra el narcotráfico” y las declaraciones de Germán Martínez, líder nacional del PAN, quien niega pactos entre sus candidatos y el crimen organizado.

No estaría de más que las figuras públicas dominaran lo que el estratega Robert Greene ha llamado el arte de decir siempre “menos de lo necesario” en su libro “Las 48 leyes del poder”. A más palabras, mayor vulnerabilidad y como dijera Jean-Francois Paul de Gondi -político del siglo XVII- “es más perjudicial decir tonterías que cometerlas”.

miércoles, 17 de junio de 2009

Batallas en la Red

Controlar la información de Internet es la nueva meta en la lista de aspiraciones delirantes de la clase política mexicana. La desregulación de la Red, interpretada como una invitación al juego sucio, ha entrampado a candidatos y partidos en una guerra virtual magnificada por la televisión.

En esta elección, YouTube.com se ha convertido en la válvula de escape para los mensajes que, de otro modo, serían sancionados por el Instituto Federal Electoral. Sin embargo, el sitio de videos también es percibido como “tierra de nadie” por los ofendidos, quienes ahora insisten en la regulación.

El caso de inconformidad más reciente involucra al Partido Acción Nacional. El instituto político logró que YouTube suspendiera temporalmente el canal de videos de El Universal, medio que señaló las semejanzas entre un spot diseñado en 2006 para el Partido Socialista Obrero Español y un mensaje transmitido para apoyar la campaña del panista Fernando Elizondo rumbo a la gubernatura de Nuevo León.

Ahora se sabe que el PAN negó la queja, aunque los voceros de YouTube declararon que la sanción a El Universal por la violación de derechos de autor, surgió de la inconformidad de un remitente identificado como “Partido Acción Nacional Nuevo León”. La creatividad desbordante del PAN lo llevó a acusar al PRI de orquestar una “estratagema” para tacharlos de censores. Como si necesitaran ayuda.

Este episodio, sumado a otros memorables como el “Rata y Cursi” contra el gobernador de Veracruz, demuestra la frustración de una clase política que se lleva y no se aguanta, que se reconoce impotente ante la vastedad del Internet. No existe la instancia que dirima sus conflictos; incluso YouTube se reconoce como un “intermediario”: elimina un video y se cuelan diez más.

Este fenómeno ha sido analizado por académicos de todo el mundo. Langdon Winner, doctorado por la Universidad de California, sostiene que el carácter global de la Red es su principal atractivo para grupos e individuos de todo el espectro ideológico. Sin embargo, la diseminación amplia de mensajes, advierte el investigador, “hace más difícil el control por una agencia exterior”.

En México, los efectos políticos de la revolución tecnológica impactan en una sociedad dividida por la brecha digital. Rodrigo Araya, académico chileno, afirma que la “mala noticia” del Internet es que no llega a todos. La buena es que significa más poder para los ciudadanos e impulsa la eficiencia de las instituciones públicas. A la lista de cualidades podríamos agregar que la Red -por su naturaleza- es incontrolable.

Los esfuerzos en sentido opuesto serán inútiles o encontrarán éxitos individuales con la ayuda de un IFE solidario e intercesor, pero difícilmente sacudirán las bases de un medio de comunicación esencialmente libre. Por la limitación de su alcance, la regulación de las campañas políticas en Internet es un atraso legislativo que puede justificarse.

miércoles, 10 de junio de 2009

Billetes verdes

El calentamiento global es la justificación perfecta para nuevos impuestos que “protegerán” al medio ambiente, y de paso, la recaudación. La llamada “agenda verde” se presenta como la solución a un planeta amenazado por sus habitantes aunque, paralelamente, sigan apareciendo pistas de los verdaderos motivos detrás de sus impulsores.

Al Gore es uno de ellos. El vicepresidente de los Estados Unidos se disfrazó de ecologista y viajó por el mundo difundiendo su documental ganador del Oscar, un largometraje que plantea el imperativo moral de controlar las emisiones de carbono. La “verdad incómoda” sería, en todo caso, el hecho de que Gore haya propuesto la necesidad de fijar gravámenes “a quienes contaminan”, un grupo que nos incluye a todos.

El viernes pasado se celebró en México el “Día Mundial del Medio Ambiente” y al acto oficial estuvo invitado el secretario de Hacienda, Agustín Carstens. ¿Cuál es la relación entre impuestos y ecología? Lo mismo se preguntó él. La respuesta en su discurso fue simple: proteger al planeta tiene “costos” y sería peor pagarlos después.

La fiebre recaudatoria pone en riesgo a la economía familiar. La reacción previsible a un instrumento fiscal tan despiadado como el IVA a alimentos y medicinas ha creado la necesidad de estrategias diferentes que ya palpitan en las declaraciones de funcionarios que súbitamente se convirtieron en ardorosos protectores de la Madre Tierra.

Para evitar el enojo de los contribuyentes, la propuesta requiere construir bases de apoyo, entusiasmar si es posible. Conviene entonces que la “agenda verde” se vuelva prioridad. Los medios de comunicación son aliados naturales pero también las organizaciones cuya farsa ecológica es tan vistosa como la del partido político que, recién desempolvado, propone la pena de muerte en México.

El crecimiento del Partido Verde no es gratuito, está basado en una estrategia publicitaria que, en términos de impacto, compite directamente con los mensajes de otras opciones políticas que recibieron más recursos del Instituto Federal Electoral. En 2009, el presupuesto del Verde para campañas representa sólo el 30 por ciento de lo que gastará el PAN por el mismo concepto. Y de ahí salió para los espectaculares, los spots en el cine y los “actores ecologistas”.

La Madre Tierra encontró amigos poderosos. El dinero detrás del furor ecologista es congruente con lo que podría recaudarse y eventualmente será la única opción. Así lo sugiere Jim Prust del Fondo Monetario Internacional: “Las tasas retributivas por contaminación constituyen una alternativa preferible a otros impuestos que, en caso contrario, sería necesario aplicar por motivos de gestión fiscal”.

Los temas ambientales cobrarán relevancia con el paso de los años y estamos bajo aviso: habrá quienes aprovechen las flagelaciones de una sociedad que terminará comprando la culpa de “atentar” contra la integridad del planeta. Como si el asunto se resolviera con dinero, con secretarios de Hacienda y más impuestos. Lo que nos faltaba…

miércoles, 3 de junio de 2009

Nuevas guerras

Dicen que estamos en guerra. Lo demuestran con su conteo de bajas, kilos decomisados y delincuentes fotografiados. Lo que nuestros medios no informan es la verdadera historia. La cobertura informativa de la llamada “Guerra contra el narcotráfico” ha sido, hasta ahora, convenientemente superficial y pobre. Centrada en los efectos y no en las causas, construida por cifras y no por historias, la cronología de esta cruzada por la legitimidad carece de datos riesgosamente básicos.

El idealismo de un periodista aventurero y su anhelo de convertirse en “reportero de guerra” han sido sepultados. Quienes buscaban historias en el peligro y caos de un conflicto han decidido renunciar al “privilegio” de poner a prueba sus capacidades de investigación y respuesta en un escenario extremo. Las guerras de hoy han convertido a la prensa en propaganda. Esa verdad justificó, por ejemplo, que Ryszard Kapuscinski, célebre corresponsal polaco, se negara a cubrir en Irak la Guerra del Golfo.

Kapuscinski, fallecido en enero de 2007, descubrió que cuando la única información disponible proviene de los comunicados oficiales, el periodista irremediablemente se convierte en un eco, en un repetidor de noticias que no fueron producidas o siquiera verificadas por él.

El caso mexicano lo reafirma. Publicar los resultados de la “Guerra contra el narcotráfico” es publicitar al gobierno. La falta de investigación profunda en las causas, los intereses, los modos y las metas de los combatientes, incentiva una visión maniqueísta cuya simplicidad es ridícula. El crimen organizado, por otro lado, se beneficia con la difusión de narcomantas o violentas masacres.

Los reporteros son obligados a tomar partido porque las incursiones a las zonas de ingobernabilidad son demasiado riesgosas. Ningún medio puede ofrecer protección a sus enviados y, a cambio, acepta la seguridad del Estado, las incursiones patrocinadas y los operativos impecables. Se suple la información directa con las versiones empaquetadas, corregidas y aumentadas.

En épocas que evocan el salinismo mediático, la exhortación a “apoyar” al presidente parece incluir también a los informadores, aunque su labor exija imparcialidad. Aquí cobran sentido las palabras de Miriam Pedrero, corresponsal de guerra en Kosovo y Guinea, quién señala: “El buen periodista es un testigo que debe estar pegado a la gente, no a las instituciones”.

Las opciones se reducen. ¿La prensa debe verificar cada decomiso? ¿Comprobar que la droga se destruya? ¿Deben los medios confiar en los datos proporcionados por los boletines? ¿El gobierno actúa de buena fe? ¿Se puede negar el derecho a dudar?

Del periodismo depende la memoria de estos días. Existen propuestas para la creación de equipos de trabajo protegidos por el anonimato y los medios interesados. Se pierde la exclusividad pero se reduce el riesgo. ¿Vale la pena? Quizá es momento de entrevistar a testigos y víctimas, de señalar a corruptos y cómplices, de aprovechar las cualidades de una práctica que renuncia a la “objetividad” en su búsqueda por la verdad. El miedo debería sacudir a los culpables, no a quienes se internan en el campo de batalla y apuestan su vida para ofrecer una visión ajena a la propaganda y cercana a la realidad.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Coincidencias felices

En la política existen los intereses, no las coincidencias. Las relaciones entre medios de comunicación y partidos políticos no son la excepción. Que alguna de las partes sostenga públicamente lo contrario es una invitación a la risa, a menos que se diga con la seriedad suficiente para convertir el acto en un imán de sospechas.

¿Qué le dijo Demetrio Sodi a Televisa? “Tratemos como párvulos a los mexicanos”. La naturaleza del diálogo puede inferirse con las declaraciones del candidato panista a la delegación Miguel Hidalgo, quien casualmente fue entrevistado durante la transmisión del partido Pumas-Puebla el pasado fin de semana.

Al minuto cuarenta, la narración se suspendió para dar paso a un comentarista que dijo: “Dando la vuelta por los palcos, nos encontramos a Don Demetrio Sodi, ¿qué haciendo por aquí?, ¿le gusta el fútbol o qué?”. El engaño alcanzó su clímax cuando, posteriormente, el político aseguró que el episodio se trató de “una coincidencia muy feliz”.

Entonces los periodistas -aguafiestas naturales de la clase política- se preguntaron cuánto costaría aparecer en las semi-finales del fútbol mexicano y si esto podría constituir una violación a las disposiciones electorales que prohíben la adquisición de espacios en radio y televisión a los partidos políticos. La alegría de Sodi “El Inocente” estaba condenada a frustrarse.

El candidato tuvo que recular y buscó nuevas ideas en el acervo de sus excusas infantiles. Abandonó la versión del suertudo que “andaba por ahí” y admitió que la entrevista fue pactada con Televisa, aunque negó haber pagado por ella. Argumentó que inicialmente sería cronista invitado y que sólo aprovechaba sus “relaciones y amistades” con los medios.

A la contradicción se sumó el cinismo, como si la televisora regalara tiempo en lugar de venderlo, como si no existieran los intereses empresariales, como si fuera normal escuchar a candidatos en los partidos de fútbol, como si “Don” Demetrio Sodi fuera una autoridad deportiva cuya presencia en un estadio no debería ignorarse. Vaya, como si el acto no resultara al menos sospechoso.

Preocupa la forma en que ciudadanos que pretenden ocupar un cargo de elección popular se aproximan a los límites de lo legal para promocionarse y violan el espíritu de las leyes, escudándose en su ambigüedad. Desesperados, los partidos políticos que aprobaron la reforma electoral actúan ahora como si se tratara de una imposición arbitraria.

¿De qué sirven las reglas si no previenen las conductas que pretendían evitar? ¿Por qué elegir a un político que en campaña transgredió descaradamente la equidad del proceso y apostó a un electorado primitivo con sus coartadas? ¿Porque se burló de los cuestionamientos diciendo que él nada más “metió gol”? ¿Porque salió en el fútbol? Sólo la indignación y la denuncia evitarán que la “buena voluntad” y las “concidencias felices” sigan invadiendo las pantallas.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Verdades y absurdos

Indigna más la indiferencia que la impunidad, dicen más las excusas que los hechos. Un ex presidente de México declaró corrupto a su sucesor y todo sigue igual. Que el asunto es "entre particulares", que el señor es un débil mental y no puede opinar, que la periodista "abusó" de su confianza, que la historia juzgará... ¿A quién se le ocurre? Son la justificación y el silencio volviéndose cómplices; es la apatía prolongando los saqueos.

Como el reflejo en un espejo, México está al revés. Quienes deberían ser juzgados viven plácidamente, quienes deberían informar callan y los pocos que lo hacen son criticados. Sólo así se entiende que Carlos Salinas de Gortari haya capoteado un nuevo escándalo, que las televisoras omitieran el tema y que se pretenda denostar la labor de Carmen Aristegui.

A dos semanas de que la periodista difundiera en su programa de radio las declaraciones de Miguel de la Madrid, el tema ha perdido peso en los medios que lo replicaron. Los demás, se aferran aún a las sobras del banquete epidémico que los convirtió en guardianes de la salud pública.

Entrevistada por el semanario Proceso, Aristegui confiesa que la conversación con el ex presidente fue sorpresiva. De la Madrid no se distinguía por ser particularmente revelador y de pronto ahí estaba, señalando la inmoralidad del sexenio de Salinas y los negocios ilícitos de su hermano Raúl.

Inútilmente se ha intentado demeritar la entrevista, argumentando que las respuestas monosilábicas prueban la incapacidad del entrevistado. Como si no existieran frases coherentes o un hilo conductor. Más aún, como si un cuestionario con preguntas cerradas fuera inválido o se tratase de un invento siniestro al margen de la actividad periodística.

Los dichos de Miguel de la Madrid deben investigarse, su minimización genera sospecha y retrata -como diría Aristegui- a una élite política que se alinea para mantener vigente el pacto de impunidad que ha prevalecido en México a lo largo de muchos años.

Hemos perdido la capacidad de asombro y aprendido a creer en toda clase de cuentos. El periodista -como agente de cambio social- requiere de una audiencia receptiva y crítica, dispuesta a opinar y a exigir. La investigación periodística es incapaz, por sí misma, de contrarrestar el letargo de la justicia ante la evidencia de posibles delitos.

Nos hemos acostumbrado a los comunicados, los desmentidos y las versiones oficiales. ¿Qué hay de los hechos? Ante este panorama, sólo el absurdo es posible. Si las declaraciones de Miguel de la Madrid merecen la indiferencia y el olvido tras su obligado suicidio político, podría concluir este texto diciendo que nunca lo escribí y todos habrían de creerme.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Mercado de opiniones

En el mercado de la opiniones, todas las posturas encuentran su espacio y su crítica. Opinar es empeñar la credibilidad en defensa de una convicción que surge de un entorno marcadamente complejo; es un acto comprometedor del periodismo que decide apostar un nombre y una visión, a la incertidumbre del devenir y sus juicios. Pese a la contundencia de algunas voces autorizadas o a la cualidad refrescante de sus argumentos, sólo existen tres tipos de opiniones.

Esto, a partir de los códigos interpretativos propuestos por un teórico jamaiquino de nombre Stuart Hall. Para él, cualquier suceso tiene tres lecturas: la hegemónica, la negociada y la opositora. Esto significa que ante cualquier tema las opiniones pueden reforzar la postura dominante, cuestionar sin criticar o simplemente desacreditar. La epidemia de “influenza humana” sirve de ejemplo.

De inspiración presidencial, el mensaje central de este ejercicio de análisis será: “El gobierno mexicano actuó de forma oportuna y correcta ante la emergencia sanitaria”. La lectura hegemónica, según Hall, arrojaría argumentos a favor del enunciado. Los encontraremos, sin falta, en la televisión y en las figuras emanadas de ella.

El elegido es Joaquín López-Dóriga, quien escribió para el periódico Milenio que el presidente se asumió “al frente de la emergencia” como un jefe de gobierno que “se hace sentir”. Además, el comunicador dijo que “debe aceptar” que Felipe Calderón es avalado por las cifras, los resultados y las encuestas. Para él, esto es lógico y natural.

Vamos ahora a la postura negociada, donde caben algunas contradicciones. En este caso, quien opina comparte gran parte de la interpretación dominante, pero añade elementos propios. Opté por un texto de Macario Schettino publicado en El Universal.

Este investigador, autor de 15 libros, admite que el mundialmente célebre virus A/H1N1 es tratable con los antivirales existentes y que quizá no era para tanto. Sin embargo, señala que el gobierno desconocía inicialmente esa información y aplaude que no arriesgara al país. Schettino se queja de la prensa que ataca permanentemente al gobierno, pero tampoco pugna por defenderlo.

En ese sentido, Stuart Hall habla de la lectura opositora, aquella que entiende la opinión dominante, aunque no la comparte. El contexto de quien percibe el tema, lo coloca en una posición contraria. Viene a mi mente Julio Hernández López, columnista de La Jornada.

El autor de “Astillero” afirma que las medidas contra la epidemia fueron exageradas intencionalmente por el gobierno federal, “en función de sus necesidades de legitimación y de sus cálculos electorales y políticos”. Para Hernández López, los riesgos de la influenza fueron tardíamente detectados por una administración que “mantiene en el abandono” el curso de los asuntos públicos.

Al final, esta teoría agrega elementos de juicio a los lectores, televidentes y radioescuchas que prefieren un punto de vista sobre otro. Es también una herramienta básica para una sociedad que requiere, urgentemente, de consumir en forma cada vez más inteligente el contenido de los medios de comunicación.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cruzada por los votos

Para infortunio de un electorado justificadamente apático, iniciaron las campañas políticas rumbo a las próximas elecciones. A la promesa (anunciada por regla y omitida por costumbre) de renunciar a la descalificación e impulsar propuestas "de altura" se agrega un elemento adicional: la necesidad de innovar los mensajes transmitidos en los medios de comunicación.

La obsolescencia de las viejas estrategias es evidente, aún más de aquellas cuyo producto final está destinado irremediablemente a convertirse en basura. Modificar el contenido de las campañas y replantear las tácticas de la retórica electoral son acciones prioritarias para motivar al ciudadano abstencionista y combatir la indiferencia rampante. La tendencia actual amenaza con restar legitimidad y aprobación a una generación de funcionarios electos por una mayoría en las urnas que -comparada con el grueso del padrón- es minoritaria en las calles.

Nunca antes en la historia de la democracia mexicana, el “factor Internet” había sido tan influyente en la conformación de la opinión pública. Contrario a las recientes hipótesis que asocian el interés de los políticos en la Web a la epidemia de influenza humana y sus restricciones sociales, este fenómeno surge naturalmente por el crecimiento exponencial en el número de usuarios.

Nadie con el mínimo conocimiento de cómo funcionan las redes sociales en Internet y los medios alternativos como los blogs, puede menospreciar su alcance. Sin embargo, este complemento no exime a los estrategas políticos de refrescar sus habilidades en la construcción de otros mensajes, como los spots televisivos que -pese a la magnitud de su impacto- resultan fútiles si reproducen esquemas desgastados.

La imagen del “hombre común”, que implica una explosión de estereotipos encarnada por actores, ha sido utilizada hasta el cansancio. Los candidatos desean mostrarse como cercanos a la gente y, al mismo tiempo, insinuar que son apoyados por diversos sectores sociales y productivos. Así veremos a los supuestos obreros, amas de casa, médicos y jóvenes cuyo respaldo a un partido político se sobreentiende por su posición frente a una cámara.

Otra argucia es la construcción de mitos cuyo propósito es coyuntural y por ende inmediato. Un ejemplo clásico es “la nueva envoltura”: el acto de presentar como novedoso a un producto sobradamente conocido. Así veremos al político estrenando cualidades y al partido renovado por la experiencia. Todo esto, en el trágico olvido de que el mismo platillo se sirvió en la elección anterior.

¿Cómo esperar que el electorado renueve ánimos si está vacunado contra mensajes que en el pasado resultaron engañosos? El verdadero reto de la política en las próximas semanas será la difusión creativa y efectiva de sus propuestas. De lo contrario, será imposible ocultar que nada ha cambiado, al menos hasta las próximas elecciones...

miércoles, 29 de abril de 2009

Influenza mediática

Cortina de humo, eso es la “influenza porcina” en los medios de comunicación. Sin negar la epidemia, resulta preocupante que el panorama informativo haya sido eclipsado por el tema. Pareciera que, de pronto, nada relevante sucede en el país si no está relacionado con la enfermedad. La crisis económica, el narcotráfico y las controversias electorales fueron sustituidas por cátedras sobre el tapabocas y exhortaciones a la calma.

Los medios se justifican y aseguran que su cobertura es un servicio social. Reiteran que no pretenden causar pánico, cuando ha sucedido justo lo contrario. Siendo la fuente primaria de noticias, la televisión ha sido irresponsable y alarmista, aunque lo niegue. Los hechos apuntan hacia otra dirección: el tono de sus conductores, la musicalización dramática y el uso de información no confirmada.

La salud queda en segundo plano y se aprovecha la contingencia para lucrar con el miedo. Si la preocupación humanista de los medios fuera genuina, el tema de la “influenza porcina” podría tratarse ampliamente desde un enfoque científico. Por el contrario, ha prevalecido la información superficial y politizada.

Lo que podría ser un debate entre batas blancas, se convirtió en un desfile de corbatas. ¿Por qué los datos “más confiables” de la epidemia vienen de fuentes gubernamentales? Así lo decide el periodismo oficialista que otorga la autoridad de epidemiólogos a políticos con tapabocas que tropezadamente opinan como científicos improvisados. ¿No serían más reveladoras las declaraciones de un académico o investigador que las hipótesis y recomendaciones de un funcionario convertido en “experto” por la magia de la generación espontánea?

Si la prensa informara exhaustivamente, habría encontrado nuevas aristas del tema. Por ejemplo, el hecho de que la enfermedad es motivo de regocijo para las empresas farmacéuticas que acaparan las vacunas y los antivirales. Esta semana, las acciones de GlaxoSmithKline y Roche -hasta ahora únicas tenedoras de la cura- han aumentado 2.42 y 3.51 por ciento, respectivamente. Y de las ganancias, ni hablar...

¿Por qué un tapabocas de 50 centavos puede costar 50 pesos? La epidemia es un negocio y también se manifiesta en las “compras de pánico”. Sucede que ante la información “responsable” de los medios, los mexicanos decidieron que la mejor idea era aglutinarse en clínicas, hospitales y supermercados. El riesgo de contagio aumenta con la paranoia y su origen puede rastrearse con un control remoto.

¿Por qué mutó el virus? ¿De dónde viene? ¿Por qué no conocemos los nombres de las víctimas? ¿Por qué depende México de patentes extranjeros? ¿Hace falta inversión en ciencia y tecnología? ¿Por qué hay muertes si existe una cura y abunda la información? ¿Por qué los préstamos extranjeros si, en teoría, teníamos todo para combatir la epidemia? ¿Cómo se recuperará la actividad económica? Fuera de los ambulantes, las farmacéuticas, los políticos y los medios de comunicación, ¿alguien más podría capitalizar este distractor?, ¿quién y para qué? Al final, hay más preguntas que respuestas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Incomodidad premiada

Una entrevista incómoda al ex presidente Luis Echeverría, le ganó el Premio Nacional de Periodismo a Rogelio Cárdenas Estandía, quien a los 29 años de edad es director general adjunto del periódico “El Financiero”. La lista de ganadores en varias categorías se dio conocer esta semana por el jurado calificador que encabeza la politóloga Denise Dresser.

Las declaraciones de Echeverría a Cárdenas Estandía fueron publicadas en un libro a finales del año pasado y se compilaron durante 14 sesiones, hasta que el ex presidente decidió suspenderlas ante los cuestionamientos sobre temas “sensibles”. Se trataba de la segunda serie de entrevistas que Echeverría permitía en un lapso de 32 años.

La historia es digna de contarse. ¿Por qué si Echeverría había negado sistemáticamente las peticiones de los medios nacionales e internacionales, decidió recibir al joven periodista? Todo inició con un desayuno, según cuenta el propio Rogelio. Ahí, Echeverría le dijo que podía volver a su casa cuando quisiera, siempre y cuando se reunieran a comer antes.

Para evitar compromisos, hay medios que prohíben a sus reporteros recibir siquiera un vaso de agua, otros fomentan la deshonestidad con salarios mezquinos. En este caso, la situación planteaba un conflicto ético (aceptar una comida pagada) pero la condición no detuvo al reportero, quien asegura que su intención fue clara desde el principio.

La relación entre Luis Echeverría y Rogelio Cárdenas creció naturalmente, tanto que el periodista le regaló una serie de televisión que luego se convirtió un requisito más de las entrevistas. Ahora tenían que desayunar, hablar de la historia de México y ver algún capítulo de la serie. El todopoderoso presidente de los setenta, sumido en la soledad, necesitaba compañía.

A partir de la onceava sesión, el clima comenzó a tensarse. Según relata Cárdenas Estandía, existían presiones del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) para evitar que temas “clasificados” fueran ventilados. La relación explotó y sobrevino el rompimiento, pero a nivel noticioso, las entrevistas “no autorizadas” resultaron un valioso testimonio.

A sus 86 años, Echeverría responsabilizó a Gustavo Díaz Ordaz de los trágicos sucesos del 2 de octubre de 1968. Habló de su partido, discutió la reforma energética y dijo que su arraigo domiciliario era un “cobro de facturas” de Vicente Fox.

La situación tuvo similitudes con la entrevista histórica entre David Frost y Richard Nixon en los Estados Unidos. Nixon era un político astuto con pocas simpatías, acusado de crímenes, recibiendo a un periodista a quien subestimó. La diferencia es que Nixon pidió disculpas y Echeverría las omitió. “Ni pido perdón a nadie ni me lo doy”, dijo.

El último entrevistador de Echeverría había sido su amigo y biógrafo personal, Luis Suárez, quien publicó dos libros con las respuestas del ex presidente a preguntas que no lo comprometían. El caso de Rogelio Cárdenas es diferente, pues se atrevió a ser incisivo. Esa incomodidad -resultado inevitable de la verdadera actividad periodística- será premiada el próximo 11 de mayo.

miércoles, 15 de abril de 2009

El evangelio de Obama

Una celebridad internacional. Eso es Barack Obama en México. Una encarnación carismática con el encanto multiplicado de Hillary Clinton, cuya cálida presencia recién distrajo a quienes razonablemente temían ser ciudadanos de un país considerado un “Estado fallido” y una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. Obama llega con opiniones favorables.

Primeras planas, horario estelar y análisis extendido. Así se reforzará la idea de una relación binacional mejorada y mutuamente conveniente. Todo esto cuando más allá de la frontera, la imagen favorecida es diametralmente opuesta: la de un país inestable y necesitado de auxilio.

Eventos mediáticos de esta naturaleza son oportunidades extraordinarias para monitorear el comportamiento de la prensa. ¿Se privilegiarán los hechos o los dichos? ¿La atención se centrará en Obama o en las reacciones a su presencia? ¿Felipe Calderón será un simple anfitrión o un mandatario con clase? En las respuestas se dibujarán los valores de los medios.

Obama, aunque cauteloso, resulta irremediablemente mesiánico. Esta cualidad conquistó a los votantes de un país que sufría la resaca moral y económica de haber entronado, ratificado y justificado al peor presidente de su historia. En México, resulta atractiva la aparente proximidad de una figura histórica y su amplio interés en nuestro país.

El evangelio de Obama depende de sus relatores. Puede calificársele como un actor o como un reformador, como un fraude prematuro o como un héroe seguro. Esta percepción será mediada por los comunicadores y periodistas, quienes elegirán los hechos destacados y las frases memorables. Quienes lo convertirán en el tema de la semana.

Un político es conocido a través de la información y los medios en su relación con él. Este caso no es la excepción. Aún más, porque ocupar la presidencia de Estados Unidos implica cierta ambivalencia que no puede ignorarse. Las opiniones, divididas por su contundencia, burbujearán en los micrófonos y en las salas de redacción.

El tema de los esfuerzos conjuntos será destacado. “Nos necesitamos, trabajemos juntos” son ideas que justificarán la interdependencia necesaria para una eventual “integración”. La idea no surge de un pesimismo delirante, sino de la insistencia en este término por parte del presidente mexicano en sus giras por la Unión Americana. “Ustedes son el capital, nosotros el trabajo“ es el mensaje.

Quienes albergan ilusiones sobre Obama, deberán esperar. Quienes lo critican también. Eso sí, las prioridades de los Estados Unidos pueden diferir de aquellas proyectadas por los medios nacionales. Los mexicanos quisiéramos pensar en reformas migratorias o en beneficios comerciales, ¿en qué pensará Obama?

miércoles, 8 de abril de 2009

Intenciones a prueba

La Cámara de Diputados aprobó federalizar los delitos contra la libertad de expresión y pareciera que los periodistas en México tenemos razones para celebrar. La reforma pretende evitar que las mafias locales atrasen las investigaciones derivadas de impedir la actividad periodística. Esto significaría un logro para los informadores que, por décadas, han insistido en el tema.

El proyecto fue aprobado por el mínimo necesario de votos por una simple razón: muchos diputados estaban ausentes. En espera de que el Senado revise y vote el texto, uno de los elementos más rescatables es la definición de "actividad periodística" que incluye un amplio espectro de labores -desde la fotografía hasta la edición- y contempla a los reporteros freelance, es decir, a quienes no trabajan para un medio específico y publican ocasionalmente.

Las críticas a esta adición al Código Penal Federal señalan que se trata de una medida “electorera” y podrían confirmarse en la importancia que se dio a las declaraciones de César Duarte, presidente de la Cámara, quien súbitamente se convirtió en un ardiente defensor de la libertad de prensa.

Por otro lado, de acuerdo al más reciente reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) habría pocos motivos para alegrarse. En el primer trimestre del año, tres reporteros fueron asesinados y 46 presentaron quejas por agresiones. Esto sin contar las denuncias ante las comisiones estatales y los actos intimidatorios que no son reportados.

Según la CNDH, los estados más peligrosos para ejercer el periodismo son Veracruz y Oaxaca, cada uno con 27 por ciento de las agresiones totales. Solamente durante el fin de semana, se registraron en Oaxaca tres casos que pondrán a prueba “la buena voluntad” de la legislación que pretende reconocer el derecho a una opinión pública informada.

El lunes pasado fue asaltada en la capital oaxaqueña la periodista Rebeca Luna Jiménez, quien se dirigía a su casa cuando un motociclista comenzó a seguirla. Más adelante, ocho sujetos rompieron los cristales de la camioneta en que viajaba, la insultaron y le robaron su computadora portátil.

Otro informador, Jaime Méndez Pérez, fue perseguido y empujado por una multitud en San José del Progreso, Oaxaca, donde una mujer le arrebató su cámara fotográfica mientras era amenazado con garrotes.

A estos casos, se suma la denuncia presentada por Federico Carrera, reportero y corresponsal, quien fue golpeado por policías que recibieron por radio la instrucción de “partirle la madre”. Los guardianes del orden también lo despojaron de 5 mil 500 pesos.

En este contexto, son necesarias las medidas aprobadas por los diputados que fueron a trabajar. Sin embargo, en un país donde las leyes se confunden con recomendaciones, su efectividad está condicionada. Si los casos mencionados son resueltos sin dilaciones, sabremos que México es un mejor país para ejercer el periodismo. De lo contrario, nos ahorramos la fiesta y también las preocupaciones. Ya estamos acostumbrados...