sábado, 28 de febrero de 2009

¿Democracia en juego?

Los medios de comunicación pueden orientar las preferencias electorales. Este hecho es el origen de la controversia entre las televisoras y el Instituto Federal Electoral. La guerra entre la partidocracia y la telecracia no es entre buenos y malos, es una lucha de poderes. En el campo de batalla, ni los ciudadanos ni los televidentes importan.

Las opiniones sobre el tema se polarizan con los argumentos engañosos de sus principales actores. El IFE se presenta como mártir de la democracia, como una estatua de intocable legitimidad y única salvación del pueblo ante la monstruosidad de los intereses mediáticos. Las televisoras, por su parte, se convierten en ardorosas defensoras de la libertad de expresión y garantes de la pluralidad en el macabro intento de los políticos por dominarlo todo. Cada quien con sus mentiras…

Apoyar a los medios sería golpista y defender al IFE un acto republicano. Lo cierto es que la invasión forzada de 23.5 millones de spots parece autoritaria, aún más cuando la pésima propaganda electoral, carente de propuestas, se paga de la bolsa de los contribuyentes y es ordenada por una institución controlada por los partidos.

Censurar al IFE y a sus imposiciones, para defender una programación sin interrupciones, sería un acto de libertad. Sin embargo, las protestas de Televisa y Televisión Azteca son sólo una reacción a su abrupto alejamiento del negocio electoral. En los comicios del 2006, los partidos gastaron 2 mil millones de pesos en publicidad.

Curiosamente, las primeras emisoras en transgredir las reglas del Instituto Federal Electoral fueron las culturales. Radio Educación solicitó en septiembre de 2008 autorización para no interrumpir sus programas y reponer las pautas posteriormente. La conclusión del debate entre los consejeros del Comité de Radio y Televisión del IFE fue primero sancionar y luego resolver. Si el incumplimiento de Radio Educación alcanza hoy el 70 por ciento, ¿por qué no omitir la petición y amenazar con retirar el permiso? Abuso de autoridad.

Por otro lado, ¿no son violaciones los publirreportajes de Marcelo Ebrard o Enrique Peña Nieto que las televisoras transmiten en sus noticieros y programas de espectáculos? ¿Las nuevas reglas de la equidad en los medios no sancionan la publicidad del Partido Verde en el fútbol o el hecho de que López Obrador convoque a plantones en tiempos oficiales?

La escaramuza afectará, sin duda, a las partes en conflicto: existe la posibilidad de un rechazo de las audiencias hacia la radio y la televisión, y es inevitable el desgaste del sistema político mexicano. Estos factores se conjuntan en un previsible abstencionismo para las elecciones de julio, dicen los analistas.

La controversia por los spots electorales no es una lucha por el tiempo aire, sino por la discrecionalidad de su otorgamiento. Y en este punto, la democracia es lo que menos importa.

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