sábado, 28 de febrero de 2009

La violencia ignorada

Armados con una cámara y un micrófono, sin ser policías o guardias de seguridad, saldrán a trabajar todos los días con un chaleco antibalas. Son los reporteros de Televisa Monterrey que, tras el atentado a las instalaciones de su empresa, serán dotados de protección contra posibles ataques.

Lo que Joaquín López-Dóriga calificó como “un intento de acallarnos” en su noticiero del 7 de enero, se había materializado horas antes en la explosión de una granada, ráfagas de disparos y una manta que exhortaba: “Dejen de transmitir nada más a nosotros, también transmitan a los narco mandatarios”. El primer ataque a un medio de comunicación en el Estado de Nuevo León se suma a los episodios sufridos por periódicos, estaciones de radio y comunicadores en todo el país.

La violencia empleada en todos los casos obliga a ignorar el mensaje de los agresores. El diario español "El País" establece en su Libro de Estilo que acoge todas las tendencias “excepto las que propugnan la violencia para el cumplimiento de sus fines”. Este principio ha guiado a otros medios -como El Tiempo en Colombia- que laboran en medio de una violencia constante y que, en el caso de México, se agudiza sostenidamente con el paso de los días.

Nuestro país se ubica por encima de Afganistán, Somalia y Congo en la lista de los más riesgosos para ejercer el periodismo. México ocupa el segundo lugar del ranking, Irak el primero. En este contexto, sólo la peligrosa ignorancia o la verdadera vocación pueden explicar los motivos detrás de una investigación que pudiera resultar “incómoda”.

Las principales amenazas para la libertad de expresión y de prensa son el crimen organizado y la corrupción de autoridades. La alianza entre éstas es monstruosamente peor y resulta una explicación viable para la acción retardada o ausente de las instancias que deberían investigar y resolver las rampantes agresiones contra los comunicadores.

Algunos periodistas defienden a la información sin su contexto. No importando si los mensajes provienen de grupos o individuos que justifican abiertamente su violencia. Otros han decidido ignorarlos, así lo hacía Televisa Monterrey con el tema de las “narcomantas”. La paradoja se dibuja con la aparición de algo similar en la televisora regiomontana. Pareciera, extrañamente, que ignorar a la violencia también la genera.

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